La historia universal se nos presenta en dos formas distintas, bajo dos concepciones antagónicas: la escrita desde la vertiente teológica idealista, y la basada en registros históricos reales aprendidos de historiadores independientes, o por la dialéctica materialista en base a la concatenación de hechos dirimidos por la lucha de clases. Los partidarios de una y otra clase, aunque sea muy complicado de explicar por sus peculiaridades diversas en cada una de estas tendencias, se alinean en un bando u en otro. Podíamos decir que el mundo, a grandes rasgos, está movido por intereses de dos grandes partidos políticos; el partido de dios y las deidades, de carácter plural, defensor del conservadurismo, al que se apuntan todas las oligarquías del mundo; y el partido de los condenados al ostracismo, sean creyentes o agnósticos, pero que sus fortunas están supeditadas al valor mercantil de su fuerza de trabajo manual e intelectual, dentro también de una diversidad.
Las polémicas declaraciones de Luis Javier Argüello García, obispo y jefe de la Conferencia Episcopal Española, del día 9 de este mes de julio, son las producidas por el máximo representante político español de ese partido que se denomina apostólico. Dan apoyo a sus acólitos más cercanos que militan en VOX, PP y al renegado Felipe González de triste memoria; éstos, en guerra por el poder en manos de sus adversarios de las derechas más moderadas, encuadradas en los restos de la Segunda Internacional, a los que acusan de ser perversos prodigiadores del sortilegio comunista. No solo es un dislate, es el colmo de la incultura más cutre y obscena. En su ignorancia, o mala fe, berrochan todas las ideologías y culturas que no obedecen a sus credos llamándoles de lo más vomitivo, como pecado de Satanás, para que, el mundo que aprende de sus sermones y deidades se horrorice sin piedad ni misericordia del otro mundo que no es seguidista de la pedagogía escolástica del aristócrata Tomás de Aquino. Este inspirado en el platonismo, aristotelismo, Averroes y Maimónides y otros. Por cierto, estos dos últimos de origen y crianza andalucí.
Origen y desarrollo del movimiento cristiano, y cómo éste se convierte en partido político, según como yo lo veo: Judea, como provincia del Imperio romano, fue un territorio profundamente rebelde, abarcando regiones como Samaria, Galilea y la propia Judea, de estricto judaísmo judío. Las tensiones independentistas de ésta contra Roma, hizo que Judea fuera declarada por el Imperio romano como provincia ingobernable, sin poder mantener su control hasta el año 6 de nuestra era. Por otra parte, después de la expansión de Roma por el norte de Europa, son derrotadas las legiones romanas en la batalla de los bosques de Teutoburgo, imponiendo las fronteras de las tribus germánicas en el rio Rin. Pero la burguesía romana seguía viviendo plácidamente a todo confort como si a su alrededor no pasara nada; con sus esclavos, sus casas solariegas y sus adoraciones politeístas, alejados del sufrimiento de la prole a quienes le cerraban las puertas de las ciudades y de sus pomposos palacetes en constante bocatería.
El movimiento cristiano nace del descontento de la prole como antisistema del dominio cesáreo romano, el cual acoge el liderazgo del hebreo Jesús de Nazaret; según los autores como Marco Favio Quintiliano, Tito Flavio Josefo y Publio Cornelio Tácito, entre otros, como predicador judío. Una parte de la historiografía moderna niega incluso hasta su existencia, reconociendo sin embargo la evidencia de que fue bautizado por Juan Bautista. Por tanto, señal de que existió como personaje historiado.
Cualquier movimiento sociopolítico de masas contrario al sistema imperante, es perseguido con saña hasta que éste, con perseverancia, impone la crisis del poder opresor del que ha sido objeto. Esta crisis se va formando, desde la edad de Cristo hasta que pasa un tiempo de 300 años, cuando el Imperio romano da señales evidentes de agotamiento.
Las claves de esta crisis: división del imperio en dos, Oriente y Occidente. Este último afincado en Roma con su denominación de origen, que duró hasta el siglo V (año 476 de nuestra era), y el otro de Oriente llamado Imperio Romano de Oriente – Bizancio-; clavado en Constantinopla, en la cuenca oriental del Mediterráneo hasta el siglo XV (1453) que fue derrotado por los otomanos.
Pero la caída del Imperio romano, propiamente dicho, no solo fue por eso: una cadena interminable de crímenes por intrigas de poder, una depresión económica abrumadora, la debilidad de los ejércitos, unos territorios que no puede dominar. Recuérdese las tribus germánicas tomando Roma y la rebelión de los esclavos dirigidos por Espartaco. El movimiento de los cristianos, desde 380, con el Edicto de Tesalónica, firmado entre el Papa Dámaso I y el emperador Teodosio, se instala en el poder como partido político de Gobierno. Dámaso, nacido en Gallaecia (Galicia-Lugo) y Teodosio I el Grande, nacido en Cauca (actual Coca, Segovia). Dos paisanos y compadres, podíamos decir).
Todos los partidos que ejercen el poder del Estado practican la violencia, más cuando ese poder es omnipotente al abarcar magnitudes periféricas globalizadas. El Edicto de Tesalónica decretaba al cristianismo niceno1 del año 325, como religión católica universal del Imperio.
Los Papas son elevados a la categoría de jefes del Estado teocrático, con sede en el palacio de Letrán cedido por Constantino en compensación a las persecuciones sufridas anteriores, aunque, por razones de seguridad, tuvieron su vida itinerante. Aviñón (Francia) los albergó desde 1309 a 1377, donde 7 papas convirtió esta ciudad en la voz de Roma. Fue en 1929 con los Pactos de Letrán o Pactos Lateranenses, firmados por Pietro Gasparri, en nombre del Papa Pio XI y Benito Mussolini en nombre del rey Víctor Manuel III, que significó la independencia política de la Santa Sede del reino de Italia, como estado soberano en la ciudad del Vaticano, ubicada en el mismo corazón urbano de Roma.
Hasta llegar a ese momento, la historia de la iglesia de Roma está llena de grandes luchas religiosas y sociopolíticas, librada no por ángeles celestiales con espadas fumígenas; por hombres de carne y hueso armados con espadas de acero. Por ejemplo, la disputa a Dámaso por el papado, en la basílica de Santa María la Mayor, en el año 378, tuvo un coste de 137 vidas humanas, aunque esto sea una gota de agua si se compara con todo su desarrollo histórico. También, Dámaso, fue acusado de adulterio por sus contrincantes políticos, que lo llevaron a juicio.
A favor de él, con su secretario Jerónimo de Estridón, se ha escrito que, enfrentado a las corrientes cismáticas, combatió al arrianismo y otras tendencias contrarias de la época, -dicen-, heréticas. Como que también mandó traducir la biblia hebrea al latín (La Vulgata), aunque no fuera reconocida ésta, hasta el concilio tridentino.
La iglesia, todas las iglesias, se han adaptado al poder burgués en cada época, y al modelo de sus formas. Especialmente la católica que, desde el antiguo régimen, le bastaba la excomunión a cualquier persona por muy encumbrada que estuviera, para ser derribada hubiera o no santa Inquisición. Los regímenes de los fascismos han sido bendecidos, y sus cañones, refrescados con el agua bendita de sus guisopos. Pasó con Hitler, Mussolini, Salazar, Franco ..; y otros.
Usted, señor Argüello, nos quiere retrotraer a los años treinta del pasado siglo XX, y por eso toma partido con los retrógrados que aspiran a instalar en el poder de nuevo al fascismo. Usted es partidario de eso y toma partido por su partido ultra, de manos limpias y uñas sucias; de carácter homófobo, discriminatorio, fabricador de bulos sobre absentismo laboral y negacionista de las consignas papales del recién desaparecido Francisco y el actual León XIV. ¡Y, como usted dice, a las pruebas me remito! El antídoto al proselitismo vulgar ha de ser una “Revolución Cultural”.
En Barcelona, a 15 de julio de 2026.
Miguel Guerrero Sánchez
1 Niceno: nombre con el que se conoce el Concilio de Nicea de 325, convocado por Osio de Córdoba, consejero y catequizador de Constantino I, de quien consiguió el Edicto de tolerancia religiosa. Osio había participado en el Concilio de Elvira (Granada) por el 305.


