
Juan J. Sánchez (Unidad y Lucha).— Una vez más, como casi siempre que se expresa abiertamente un conflicto entre la patronal y la clase obrera, quedan al descubierto las débiles costuras de la unidad sindical. En el conflicto de Airbus, esta fragilidad se ha manifestado con claridad desde el mismo inicio del conflicto: mientras UGT, CGT y ÚTIL —los sindicatos convocantes de la huelga— mantuvieron una línea firme, rechazando la oferta inicial de la empresa, CC. OO. mostró una mayor disposición al diálogo y a aceptar elementos de la propuesta patronal antes que el resto. Llegó incluso a sentarse sola con la dirección de Airbus para negociar, intentando alcanzar un acuerdo sin contar con la plantilla ni con el resto de sindicatos presentes en la multinacional. Ese intento de acuerdo bilateral entre la patronal y CC. OO. fue finalmente frustrado por la decisión de la asamblea de trabajadores.
En Airbus también están presentes otros sindicatos de menor peso —USO, SIPA, CSIF y algunos de carácter territorial, como los que actúan en Andalucía— que, aun sin tener una representatividad elevada, ejercen influencia activa en la dinámica interna.
El sindicalismo de fraternidad y concordia entre patronal y trabajadores, basado en una concepción derrotista de la lucha de clases, huye despavorido de la confrontación porque no comprende, o no quiere comprender, que es la batalla organizada de las masas trabajadoras la única capaz de arrebatar derechos al capital. Este modelo sindical, integrado en la lógica del pacto social, renuncia a la confrontación y actúa como freno de la combatividad obrera, sustituyendo la lucha por la negociación permanente y la subordinación a los intereses empresariales.
Desde una perspectiva marxista, esta actitud no es un simple error táctico: es la expresión de un sindicalismo domesticado, funcional al mantenimiento del orden capitalista. Al negar la centralidad de la lucha de clases, desarma políticamente a la clase obrera y la empuja a aceptar como “inevitable” cada retroceso, cada recorte y cada agresión del capital.
¿Por qué son importantes los sindicatos minoritarios en los conflictos actuales? En ocasiones pueden romper la unidad (o sostenerla): Si sindicatos como SIPA o USO decidieran firmar un acuerdo por separado con Airbus, podrían intentar abrir una vía paralela de negociación. Sin embargo, legalmente, un acuerdo firmado solo por minoritarios, sin el respaldo de los mayoritarios (CGT/UGT/CC. OO.), tiene escasa fuerza para cerrar un convenio colectivo de empresa completo.
Intervienen en las asambleas: Aunque tengan pocos delegados, sus afiliados participan en los debates y las votaciones. En esta huelga, la mayoría de la base de estos sindicatos minoritarios ha seguido el llamamiento a la huelga, ya que la votación es secreta y universal para toda la plantilla, no solo para los afiliados.
Pueden ser un punto de apoyo para la estrategia patronal: La empresa suele intentar negociar con grupos más pequeños o moderados (como SIPA) para buscar grietas en el frente sindical. La crítica de CGT —“esto no va de sindicatos sino de personas”— apuntaba precisamente a evitar que estos grupos minoritarios fueran instrumentalizados para debilitar la huelga.
En esta ocasión, el sindicato que ha sido utilizado principalmente por la patronal para intentar romper la unidad ha sido CC. OO., y, de la mano de este, UGT terminó avalando el mal llamado acuerdo, un pacto que no resuelve en absoluto la situación precaria que sufren miles de obreras y obreros. Con ello, ambos sindicatos han vuelto a dejar pasar una oportunidad histórica para que las masas trabajadoras impusieran una victoria real frente al capital. La patronal sabe que solo la unidad combativa de las masas trabajadoras, organizada en torno a sus sectores más conscientes, puede arrancar conquistas reales. Por eso busca aliados dentro del movimiento sindical para neutralizar la fuerza de las masas y reconducir la lucha hacia la negociación y la renuncia. En este conflicto, CC. OO. y UGT han jugado ese papel, facilitando un cierre en falso que perpetúa la precariedad y frustra la posibilidad de una victoria obrera.
Solo la organización consciente, disciplinada y combativa de las masas trabajadoras, no la conciliación con la patronal, puede conquistar derechos, defender los servicios públicos y abrir camino a una correlación de fuerzas favorable al pueblo trabajador.
El papel de los minoritarios desde una perspectiva marxista
Aunque tengan pocos delegados, sus afiliados participan activamente en las asambleas, y esta realidad numérica no impide la intervención política de los y las militantes de esos sindicatos. Desde una perspectiva marxista, no se puede caracterizar a los minoritarios únicamente como “riesgo de ruptura”: su papel depende de la intervención consciente de los trabajadores organizados en estos.
Un/a comunista, un/a revolucionario/a que milite en un sindicato pequeño, puede intervenir para orientar la lucha en un sentido favorable a los intereses de la clase obrera. La historia del movimiento obrero está llena de ejemplos en los que la acción decidida de un solo militante revolucionario ha modificado el rumbo de un conflicto, ha frenado un acuerdo desfavorable o ha impulsado una posición más combativa en la negociación.
La clave aquí es entender que la fuerza de la clase obrera no reside únicamente en la estructura sindical, sino en la organización política consciente dentro de ella. Los sindicatos, mayoritarios o minoritarios, son terrenos de lucha, no sujetos neutrales. La patronal intenta dividir; la tarea de los comunistas es intervenir para unificar, elevar la conciencia y reforzar la posición de la clase en cada conflicto.
Cada conflicto y cada huelga constituyen momentos en los que debemos, desde la dialéctica materialista, intervenir para elevar la conciencia proletaria. No son episodios aislados ni simples disputas laborales: son expresiones concretas de la contradicción entre capital y trabajo. Por eso, cada conflicto debe servir para avanzar en la recuperación del movimiento obrero organizado, combativo y consciente de su papel histórico, que no es otro que la destrucción del sistema capitalista y la construcción del sistema socialista-comunista.

