Mercadona y la represión sindical: el precio invisible del «modelo de éxito»

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Mercadona y la represión sindical: el precio invisible del «modelo de éxito»

Por André Abeledo Fernández

(Militante comunista y sindicalista gallego).

Mercadona ocupa portadas constantes por sus cifras récord de facturación y un supuesto modelo idílico de relaciones laborales. Nos repiten hasta la saciedad que es una empresa modélica, el orgullo del capitalismo patrio. Pero la realidad que se vive dentro de sus tiendas y bloques logísticos dista mucho de los publirreportajes pagados. Detrás de los uniformes pulcros y la aparente paz social se esconde una de las maquinarias de control y represión sindical más sutiles y eficaces de nuestro país.

El llamado «Modelo de Calidad Total» de Juan Roig no es más que un sistema de control social absoluto. En Mercadona, la disidencia laboral se paga cara. La estrategia de la dirección pasa por imponer un sindicalismo de concertación dócil y domesticado, cómodo para los intereses de la empresa. Las siglas sindicales mayoritarias operan a menudo como meras extensiones de la dirección de recursos humanos, validando convenios colectivos que perpetúan la precariedad y la máxima flexibilidad horaria a costa de la conciliación de las plantillas.

La verdadera represión comienza cuando las trabajadoras y trabajadores deciden organizarse de manera independiente y combativa. Quienes dan el paso de crear secciones sindicales que cuestionan las órdenes, exigen el cumplimiento estricto de la prevención de riesgos o denuncian las altas médicas forzadas, entran de inmediato en la lista negra. La persecución laboral no se hace esperar: cambios arbitrarios de horarios, aislamiento, sanciones disciplinarias preventivas y campañas de desprestigio entre los propios compañeros destinadas a sembrar el miedo.

El peso de los tribunales: la realidad judicial frente al relato oficial

Lejos de ser acusaciones infundadas, los abusos de la multinacional están quedando acreditados de forma sistemática en los juzgados. Las resoluciones contra la mercantil por aplastar los derechos fundamentales de su plantilla se acumulan con una contundencia demoledora:

Castigo económico a la afiliación: Un juzgado de lo Social de Ourense ha vuelto a condenar a la empresa tras demostrarse que retiró de forma arbitraria y discriminatoria la prima de beneficios de 5.000 euros a una trabajadora afiliada a la Confederación Intersindical Galega (CIG). El fallo obliga a abonar dicha cuantía más otros 30.000 euros de indemnización por vulnerar sus derechos fundamentales. Esta práctica mafiosa de usar el plus por objetivos para golpear el bolsillo de los representantes sindicales y de quienes sufren una incapacidad o reducción de jornada ha sido declarada ilegal por más de diez sentencias impulsadas por sindicatos como ELA.

Vulneración sistemática de la libertad sindical: El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) ratificó una dura condena que impone 22.503 euros de sanción por daños morales a Mercadona tras declarar la nulidad radical de tres conductas antisindicales directas contra la representación de los trabajadores.

Despidos como represalia: El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León revocó un fallo de primera instancia para declarar nulo el despido de una empleada en baja por ansiedad. El alto tribunal sentenció que el despido fue una represalia directa e ilegal tras las reclamaciones judiciales de la trabajadora en materia de prevención de riesgos laborales, vulnerando de lleno su garantía de indemnidad. 

El despido disciplinario y la asfixia económica son las armas definitivas de la empresa para descabezar cualquier intento de resistencia colectiva. Se fabrican acusaciones de bajo rendimiento o faltas graves inexistentes para justificar la expulsión de delegados incómodos. El mensaje enviado al resto de la plantilla es nítido: organizarse al margen de los cauces oficiales de la empresa significa el despido inmediato. Se impone así la ley del silencio a través del terror psicológico y la amenaza económica.

No podemos seguir tolerando que los beneficios milmillonarios de una gran multinacional se levanten sobre la aniquilación de los derechos fundamentales de la clase trabajadora. La libertad sindical no es un privilegio negociable, es un derecho conquistado con sangre y sudor que debe respetarse también dentro de los supermercados de Mercadona. Es hora de romper el miedo, solidarizarnos con los represaliados y construir un sindicalismo de clase, de base y combativo que ponga freno al absolutismo de la patronal.

 

André Abeledo Fernández

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