OTAN: la gran traición a la soberanía popular

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OTAN: la gran traición a la soberanía popular

La historia oficial nos ha contado durante décadas que la entrada de España en la OTAN fue una decisión libre, democrática y soberana. Sin embargo, cuando se analizan los hechos, los documentos desclasificados y los testimonios de quienes participaron en aquellos acontecimientos, emerge una realidad muy distinta: la incorporación del Estado español a la Alianza Atlántica estuvo marcada por las presiones, los chantajes y las injerencias de los Estados Unidos.

La llamada Transición española nunca fue tan libre ni tan modélica como nos han querido hacer creer. España seguía siendo una pieza estratégica de enorme valor para Washington. Su posición geográfica, el control del Mediterráneo occidental, el acceso al norte de África y las bases militares instaladas en territorio español convertían al Estado español en una pieza clave dentro de la estrategia imperial estadounidense durante la Guerra Fría.

Adolfo Suárez comprendió que la entrada en la OTAN suponía una pérdida de soberanía y una subordinación de la política exterior española a los intereses de una potencia extranjera. Por eso intentó mantener una posición más independiente, apostando por la neutralidad y explorando una relación más cercana con el Movimiento de Países No Alineados. Aquella actitud era inaceptable para Washington.

Los testimonios de antiguos miembros de su gobierno son contundentes. Estados Unidos dejó claro que no estaba dispuesto a tolerar una España neutral. Las amenazas sobre Canarias, utilizando el conflicto independentista como elemento de presión, muestran hasta qué punto el imperialismo estadounidense estaba dispuesto a intervenir para garantizar sus intereses estratégicos.

No hablamos de teorías conspirativas. Hablamos de una práctica habitual del imperialismo norteamericano a lo largo del siglo XX y del XXI. Golpes de Estado, financiación de grupos opositores, campañas de desestabilización, bloqueos económicos, intervenciones militares y operaciones encubiertas forman parte del historial de la CIA y de la política exterior de Washington en América Latina, África, Asia y Europa.

La dimisión de Suárez eliminó uno de los principales obstáculos para la entrada de España en la OTAN. Con Leopoldo Calvo Sotelo al frente del Gobierno, el ingreso se aceleró hasta hacerse oficial en 1982. Sin embargo, la mayoría social seguía rechazando aquella integración militar.

Fue entonces cuando apareció una de las mayores traiciones políticas de la historia reciente de España.

Felipe González llegó al poder prometiendo exactamente lo contrario de lo que terminó haciendo. El PSOE recorrió el país defendiendo el lema «OTAN, de entrada NO». Millones de trabajadores, jóvenes y votantes de izquierda confiaron en aquella promesa. Pero una vez alcanzado el Gobierno, el PSOE se convirtió en el principal defensor de la permanencia en la Alianza Atlántica.

Las presiones de Washington fueron enormes. Los documentos desclasificados muestran que la Administración estadounidense temía perder una posición estratégica fundamental si el pueblo español votaba contra la OTAN. La posibilidad de que triunfase el «NO» preocupaba profundamente a la Casa Blanca porque habría supuesto una derrota política y militar de gran magnitud para el bloque occidental.

Finalmente, el referéndum de 1986 se celebró bajo una intensa campaña institucional, mediática y política a favor de la permanencia. El resultado permitió consolidar la integración de España en el entramado militar occidental y cerrar definitivamente cualquier aspiración de neutralidad.

Con el paso de los años quedó demostrado quién tenía razón. España ha participado directa o indirectamente en guerras y operaciones militares impulsadas por la OTAN y por los intereses geoestratégicos de Estados Unidos. Yugoslavia, Afganistán, Libia o el actual escenario de confrontación con Rusia son ejemplos de cómo la Alianza Atlántica ha dejado de ser una supuesta organización defensiva para convertirse en un instrumento de proyección militar al servicio de los intereses del bloque occidental.

La historia también ha terminado juzgando a Felipe González. El mismo dirigente que pidió el voto para permanecer en la OTAN acabó reconociendo que convocar aquel referéndum fue, según sus propias palabras, un error político. Pero el daño ya estaba hecho. La soberanía popular había sido derrotada y la voluntad de millones de ciudadanos había sido manipulada mediante el miedo, la propaganda y las presiones internacionales.

La entrada de España en la OTAN no fue la expresión de una decisión libre de un pueblo soberano. Fue el resultado de una larga operación de presión geopolítica dirigida desde Washington para garantizar que el Estado español permaneciese bajo la órbita de los intereses estratégicos estadounidenses.

Por eso, cuando hoy se habla de soberanía, de independencia nacional o de democracia, conviene recordar aquella lección histórica. Ningún país es plenamente soberano cuando sus decisiones fundamentales se toman bajo la amenaza, el chantaje o la tutela de una potencia extranjera.

Y ninguna fuerza política que promete una cosa a los trabajadores para hacer exactamente la contraria cuando llega al poder puede reclamar credibilidad ante la historia. La OTAN fue una imposición del imperialismo estadounidense. Y la permanencia de España en ella fue posible gracias a la renuncia y la traición de quienes habían prometido combatirla.

 

André Abeledo Fernández 

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