El jefe del Ejército de Irán, Amir Hatami, acusó al presidente de Estados Unidos y al primer ministro de Israel de hostilidad abierta e injerencia en asuntos internos iraníes.
El jefe del Ejército de Irán, Amir Hatami, acusó al presidente de Estados Unidos y al primer ministro de Israel de hostilidad abierta e injerencia en asuntos internos iraníes.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia exigió este miércoles que Estados Unidos respete los derechos de los ciudadanos rusos a bordo del buque petrolero Marinera y ordenó el regreso inmediato de la tripulación a su país tras el secuestro de la embarcación por fuerzas estadounidenses.
Moscú calificó la acción como una violación del derecho marítimo internacional y un atentado a la libertad de navegación reconocida por la comunidad internacional.
En un comunicado, la Cancillería rusa sostuvo que la confiscación del buque, que navegaba bajo bandera rusa, constituye una clara infracción de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, que establece que en alta mar rige la libertad de tránsito y que ningún Estado puede emplear la fuerza contra embarcaciones inscritas legítimamente en la jurisdicción de otro país.
Denunció que «al buque ruso, por razones incomprensibles para nosotros, los militares de Estados Unidos y la OTAN dedican una atención excesiva y no proporcional a su estatus de navío civil (…) Esperamos que los países occidentales, que declaran su compromiso con la libertad de navegación en altamar, comiencen a centrarse en sí mismos al implementar este principio”.
En ese contexto, el Ministerio de Transporte ruso citó las normas de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, según la cual en aguas internacionales rige el régimen de libertad de navegación y «ningún Estado tiene derecho a emplear la fuerza contra buques debidamente registrados en las jurisdicciones de otros Estados».
Rusia denunció que la acción estadounidense es un acto de “piratería abierta” y subrayó que la situación en la que fuerzas de Estados Unidos abordaron el Marinera en aguas internacionales, fuera de cualquier límite territorial soberano, es contraria al derecho internacional vigente. Asimismo, insistió en que se garantice el trato humano y la pronta repatriación de los ciudadanos rusos afectados.
El buque, anteriormente conocido como Bella 1, había logrado evadir antes un bloqueo naval estadounidense en el Caribe, parte de una campaña de presión de Washington contra Venezuela.
Tras el secuestro, aplaudido por el régimen de Kiev y con apoyo de operativo de Reino Unido, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo este miércoles que la tripulación del petrolero interceptado en el Atlántico Norte podría ser trasladada a Estados Unidos para su enjuiciamiento. Rusia ha enfatizado que el buque navegaba bajo su bandera y que su tripulación está compuesta por ciudadanos de Rusia, Ucrania y Georgia, lo que refuerza el carácter civil del buque, que viajaba vacío.
El reclamo de Moscú se produce en medio de una escalada de tensiones tras una operación militar contra el país sudamericano el 3 de enero, en la que fuerzas estadounidenses secuestraron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa en Caracas, trasladándolos a Nueva York para enfrentar, sin pruebas, cargos relacionados con el narcotráfico. Esa acción ha sido ampliamente criticada por distintos países y actores internacionales por violar la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y la soberanía de Venezuela.
Las autoridades rusas advirtieron que el uso unilateral de la fuerza con el objetivo de controlar recursos estratégicos —como el petróleo— de otros Estados configura una seria amenaza al orden jurídico internacional.
El martes, la empresa rusa BurevestMarin había denunciado el intento de EE.UU. de interceptar el Marinera en el Atlántico Norte en medio de una tormenta.
«Nuestro buque civil, que no lleva carga a bordo y navega en lastre, está siendo perseguido desde hace tiempo por la Guardia Costera de EE.UU.», comunicó la compañía, agregando que, a pesar de los «repetidos intentos del capitán por comunicar la identidad y el carácter civil del buque con bandera rusa, la persecución continúa con la vigilancia aérea coordinada de aviones de reconocimiento P-8A Poseidon de la Armada estadounidense».
Desde agosto del año pasado, Estados Unidos ha intensificado una amplia campaña de presión política, económica y militar contra Venezuela, con el objetivo de debilitar a la nación y avanzar en el control de sus recursos naturales.
Diversas acciones desplegadas en el Caribe, incluyendo operaciones militares, bloqueos y confiscaciones, forman parte de una estrategia destinada a apropiarse de las riquezas energéticas del país sudamericano, en particular de su petróleo.
India expresó preocupación por la situación en Venezuela y llamó a todas las partes a entablar un diálogo que priorice la seguridad y el bienestar de su población.
Hugo Chávez es una figura hoy globalmente reconocida. Nacido en Sabaneta, un poblado en el estado Barinas, en el piedemonte andino venezolano, un 28 de julio de 1954, partió en dos la historia contemporánea de su país y más allá, pues desenterró el ideario socialista, al que muchos habían dado por muerto tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética.
De joven quiso ser jugador profesional de béisbol, pero una lesión le truncó ese sueño. En su lugar, apostó por mudarse de la provincia a Caracas, la capital, y cursar estudios en la Academia Militar de Venezuela, de donde egresó como subteniente el 5 de julio de 1976. Allí destacó por sus dotes académicas, su verbo encendido y su liderazgo, sustentado en un carisma al que pocos se resistirían y que no dejaba indiferente a nadie, como hubo de comprobar el mundo entero décadas más tarde.
Estudioso de la historia de Venezuela, llegó a conocer con erudición el pensamiento del Libertador Simón Bolívar, la máxima figura de ese país suramericano, así como la de otros personajes a quienes el relato oficial había borrado o reducido a roles marginales, como el revolucionario Ezequiel Zamora, líder popular de la Guerra Federal, el último gran conflicto interno venezolano (1859-1863) o el prócer Francisco de Miranda, precursor de la independencia latinoamericana, partícipe de la Revolución francesa y combatiente en la Guerra de Independencia estadounidense.

Hijo de dos humildes maestros y criado por una abuela que hacía dulces que él mismo vendía en las calles, Hugo Chávez desarrolló una sensibilidad hacia los más desposeídos. Ya en Caracas y dentro de las esferas militares, vio con toda crudeza el tamaño de las desigualdades de entonces: mientras una casta política y sus aliados dentro del poder económico saqueaban los recursos públicos y vivían en la opulencia, millones de sus compatriotas estaban condenados a la miseria y a diversas formas de exclusión.
Guiado por el ideal de Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1982, en el aniversario luctuoso de Bolívar y en vísperas del bicentenario de su nacimiento, Chávez fundó junto a otros compañeros de armas el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), con el cual pretendía ofrecer una salida cívico-militar desde la izquierda que subvirtiera el orden establecido desde 1958, cuyos signos de crisis se hicieron inocultables durante toda la década de 1980.
Entonces, en émulo del juramento de Simón Bolívar en el Monte Sacro, realizado en 1805, el líder revolucionario juró junto a sus camaradas que no descansaría hasta conseguir la libertad del pueblo venezolano, oprimido, a su juicio, por la oligarquía local, más interesada en mirar hacia EE.UU. que hacia su propio país.
En los años siguientes, cuadros civiles y militares se sumaron al MBR-200 en un lento pero permanente proceso de acumulación de fuerzas. El 4 de febrero de 1992, Chávez hizo su aparición en la palestra pública. Frente a los medios de comunicación, se declaró líder de una insurrección que pretendía deponer y apresar al entonces presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, y llamar a un proceso constituyente para la refundación de la República.

Su conducta contrastó con la que exhibía la clase política de la época: asumió la responsabilidad por lo sucedido y le pidió a sus compañeros que depusieran las armas «para evitar más derramamiento de sangre», con lo que dejó claro que le importaba más la gente que el ejercicio del poder. También pronunció una frase que le daría la vuelta al orbe: «Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados«.
Ese «por ahora», se transformó en una posibilidad de cambio a mediano plazo, particularmente en el seno de los sectores populares, la militancia de izquierda del momento y los intelectuales progresistas, que vieron en el joven militar la oportunidad de apostar por un país más volcado hacia las necesidades de la mayoría empobrecida y definitivamente a contravía del neoliberalismo que para entonces reinaba en la región.
Aunque Chávez fue encarcelado y condenado a 27 años de cárcel, el presidente Rafael Caldera (1994-1999), un experimentado político socialcristiano que ya había ejercido la primera magistratura a inicios de la década de 1970, comprendió rápidamente que lo mejor era indultar a los insurrectos, que ya gozaban de un visible respaldo popular.

Una vez puesto en libertad, el «comandante», como empezó a ser conocido en público, recorrió extensamente toda Venezuela, sin apenas recurso o logística para ello. El objetivo era construir una candidatura viable para los comicios de 1998, en los que acabó imponiéndose de forma categórica, con el 56,2 % de los sufragios.
Si bien su agenda de gobierno contemplaba fundamentalmente la sanción de una nueva Constitución y la refundación institucional del país, así como un programa de reformas coherente con políticas socialdemócratas de izquierda, desde ese momento, Chávez empezó a ser percibido por EE.UU. y sus aliados como una amenaza, dada su cercanía con el líder revolucionario cubano, Fidel Castro.
En los años siguientes, su relación con Castro no hizo más que estrecharse y, tras la aprobación de la nueva carta magna en un referéndum y su ratificación como mandatario, en Washington decidieron que las reformas atentaban directamente contra sus intereses. Chávez, poseedor de una oratoria a veces pugnaz, criticó abiertamente las invasiones estadounidenses en Irak y Afganistán. Fue la gota que colmó el vaso.

En abril de 2002 fue derrocado por fuerzas militares internas con el conocimiento y respaldo de EE.UU. Para sorpresa de todos, regresó a su posición 47 horas después de haber sido depuesto y apresado. Una inédita alianza cívico-militar lo hizo posible. Al regresar al Palacio de Miraflores tras su breve cautiverio, una multitud lo esperaba con el grito: «Volvió, volvió, volvió. Chávez volvió».
Tras el golpe de Estado, Chávez optó por no retroceder ni plegarse a la agenda estadounidense, pese a que hubo otros intentos de sacarle por la fuerza, como un paro de la industria petrolera local entre diciembre de 2002 y febrero de 2003.
Antes bien: su discurso se radicalizó y emprendió una gestión focalizada en atender las largamente postergadas necesidades sanitarias, educativas, laborales y de infraestructura de la población por medio de los recursos de la renta petrolera con un incuestionable éxito, al punto de ser reconocido en el seno de las Naciones Unidas por su lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Durante la década de 2000, en alianza creciente con otros líderes progresistas latinoamericanos como Fidel Castro, Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales, Fernando Lugo, Manuel Zelaya, Tabaré Vásquez, Cristina Fernández y José ‘Pepe’ Mujica, Chávez impulsó mecanismos de integración regional como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Petrocaribe y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).
De conformidad con la doctrina bolivariana, defendió la integración regional como único mecanismo eficaz para hacerle frente al imperialismo estadounidense y abogó por la existencia de entidades multilaterales no controladas por la Casa Blanca, lo que se tradujo en el debilitamiento momentáneo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la influencia de Washington en la región.
Asimismo, fue un abierto crítico de la política de apartheid implementada por Israel contra la población palestina, así como del cerco y bombardeos israelíes contra la Franja de Gaza. Adicionalmente, proveyó de combustible gratuito a residentes pobres de Nueva York y suscribió acuerdos de venta de crudo en condiciones favorables para naciones del Caribe insular.
No obstante, en 2011, el líder bolivariano, reconocido como líder de los pueblos del sur y referente para todos aquellos que aspiran a un mundo mejor, anunció que tenía cáncer. Se sometió a numerosos tratamientos en La Habana para tratar la dolencia y se embarcó en la campaña presidencial de 2012, en la que acabó venciendo nuevamente.
En diciembre de 2012, el mandatario informó que su mal había regresado e instruyó a sus seguidores que, en caso de que se presentara «una situación sobrevenida» que le impidiera cumplir con sus funciones, apoyaran a Nicolás Maduro, actual presidente del país, secuestrado por EE.UU. junto a su esposa, Cilia Flores, el pasado 3 de enero.
La muerte alcanzó a Hugo Chávez el 5 de marzo de 2013 en Caracas. Sus restos mortales fueron acompañados por una multitud hasta su alma mater, donde recibió honores funerarios durante varios días. De allí fueron trasladados al Cuartel de la Montaña, un antiguo fuerte militar ubicado en la populosa parroquia caraqueña 23 de enero, donde hoy funciona un mausoleo en su honor.
A más de una década de su partida, su legado sigue modelando la política local. Una encuesta divulgada en 2023 recogió que su valoración positiva se ubicaba en 56 %. Sin estar entre los vivos, sigue siendo el líder más popular de Venezuela.

En una declaración emitida este miércoles, la organización exigió, además, «el fin del secuestro y la inmediata libertad del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores», al tiempo que condenó «enérgicamente la postura asumida por el Gobierno de Luis Abinader y el (Partido Revolucionario Moderno) PRM, ante el ministerio de colonias».
El documento recordó que la OEA «validó la intervención de Estados Unidos a nuestro país en 1965», lo que catalogó como «acto abyecto y vergonzante de subordinación a los intereses del Gobierno de los Estados Unidos y de los centros de poder imperial», que desconoce el respeto de las soberanías de los países.
«Este acto de lacayismo compromete gravemente la independencia de la política exterior dominicana, establecida en la Constitución de la República Dominicana y el Derecho Internacional, y colocándola al servicio de agendas imperialistas, ajenas a los intereses de los pueblos de Nuestra América, reproduciendo la narrativa intervencionista de la OEA», afirmó.
La organización antifascista se declaró en contra de que «el Gobierno dominicano pretenda erigirse en árbitro de la democracia de otros pueblos soberanos, mientras vulnera la Constitución y la soberanía al entregar aeropuertos y puertos al ejército de Estados Unidos para agredir a Venezuela, mientras guarda silencio frente a violaciones de derechos humanos, autoritarismo y violencia política ejercidos también por gobiernos aliados de Estados Unidos en la región».
«Exigimos al Gobierno del presidente Luis Abinader que rectifique de inmediato su posición, se someta al orden constitucional, respete el Derecho Internacional, el principio de autodeterminación de los pueblos y la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela y cese su alineamiento automático con las políticas de injerencia, sanciones, chantaje y agresiones militares promovidas desde Washington y avaladas por la OEA», proclamó.
En el texto, la Internacional Antifascista en República Dominicana denunció «la vil agresión de Estados Unidos del pasado 3 de enero, donde asesinaron más de 80 personas con los misiles que lanzaron contra objetivos militares y la población civil», al tiempo que reitera su solidaridad con el pueblo venezolano y la Revolución Bolivariana.

En medio de un creciente repudio global a la agresión de EE.UU. contra Venezuela, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) rindió homenaje a los soldados que murieron en los ataques ordenados por la Casa Blanca del pasado 3 de enero, cuando fuerzas militares de aquel país secuestraron al presidente constitucional, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, y mediante criminales bombardeos asesinaron a decenas de personas.
A través de sus redes, la FANB difundió un video de la ceremonia fúnebre, en la que se destacó que los combatientes, considerados héroes, jamás se doblegaron pese al ataque ejecutado «desproporcionadamente» en «volumen de fuego, en tecnología y en precisión quirúrgica».
La FANB expresó: «Con el corazón henchido de orgullo y la mirada puesta en nuestra bandera, la gran familia militar rinde el más alto honor a los soldados que, con valentía inquebrantable, realizaron el sacrificio supremo en defensa de nuestra patria«. Asimismo, se solidarizó con los familiares de los caídos en combate.
Por su parte, el General/Jefe Domingo Hernández Lárez publicó: «Honor y gloria a todos aquellos hombres y mujeres que sacrificaron su propia vida, para mantener a esta patria, soberana, libre e independiente contra el enemigo invasor. ¡Leales Siempre, Traidores Nunca!».
La víspera, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, decretó siete días de duelo nacional en homenaje a los militares y civiles que murieron defendiendo la soberanía venezolana y al presidente Maduro durante la agresión estadounidense.
La mandataria reiteró el compromiso del Gobierno Bolivariano con la paz, la soberanía nacional y la liberación del jefe de Estado constitucional y la primera combatiente, Cilia Flores, quienes fueron secuestrados por comandos especializados del ejército estadounidense y llevados a Nueva York para iniciarles un juicio fabricado y político.
En paralelo, miles de venezolanos y personas solidarias en numerosas naciones de todos los continentes se movilizan contra la agresión, que violó gravemente la soberanía de Venezuela y la Carta de las Naciones Unidas.
Decenas de militares y civiles fueron asesinados durante la agresión de EE.UU. y los bombardeos contra Caracas y distintos puntos en tres estados cercanos a la capital. Además, los militares estadounidenses bombardearon viviendas y otros sitios civiles, como un centro de investigación, un galpón de medicamentos y el principal puerto de la nación suramericana. Se investiga la totalidad de lugares bombardeados, mientras salen a la luz testimonios de civiles que vivieron en carne propia el horror del ataque.
Por su parte, las autoridades cubanas informaron que 32 de sus militares —que se hallaban en Caracas cumpliendo misiones de cooperación en materia de defensa a solicitud de instituciones armadas venezolanas— cayeron en combate mientras hacían férrea resistencia a la agresión. Cuba decretó duelo nacional de dos días en homenaje a estos héroes.
El Ministerio Público venezolano abrió una amplia investigación del artero ataque y designó para ellos a tres fiscales, dio a conocer este martes el fiscal general, Tarek William Saab.
La estatal Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA) anunció este miércoles que actualmente cursa una «negociación» con EE.UU. para la venta de «volúmenes de crudo».
La negociación se lleva a cabo, según dice la entidad en un comunicado, «en el marco de las relaciones comerciales que existen entre ambos países«.
La compañía venezolana explica que el proceso se desarrolla bajo esquemas similares a los vigentes con empresas internacionales, como Chevron, y «está basado en una transacción estrictamente comercial, con criterios de legalidad, transparencia y beneficio» para ambas partes.
«PDVSA ratifica su compromiso de continuar construyendo alianzas que impulsen el desarrollo nacional a favor del pueblo venezolano y que contribuyan a la estabilidad energética global», culmina el comunicado.
De esta manera se pronuncia la estatal venezolana, cuatro días después de la agresión militar llevada a cabo por EE.UU. contra Venezuela, que incluyó bombardeo a Caracas y otros estados y derivó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores.
Previo al anuncio de PDVSA, este mismo miércoles, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, se jactó de que Venezuela no puede transportar su petróleo sin el permiso de las autoridades estadounidenses, después de la agresión militar.
«No pueden transferirlo a menos que lo permitamos, porque tenemos sanciones y las estamos aplicando. Esto representa una enorme influencia», afirmó, hablando justamente sobre el acuerdo entre Washington y PDVSA. El funcionario indicó que no puede proporcionar la fecha concreta en que se reiniciarán las exportaciones de petróleo venezolano.
Por su parte, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, informó que EE.UU. ha decidido retirar «selectivamente» una serie de sanciones impuestas a la industria petrolera de Venezuela para así «permitir el transporte, la venta de crudo y productos petrolíferos venezolanos al mercado mundial».
Poco antes, el propio presidente de EE.UU., Donald Trump, aseguró que «las autoridades provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad y autorizado a EE.UU.»; y detalló que él mismo controlará el dinero que se obtendrá de la venta de ese crudo.

De acuerdo con información publicada por Syria TV, una patrulla is raelí, integrada por varios vehículos militares y soldados, se desplazó hacia la aldea de Al-Asbah y Tel Ahmar, donde fue izada la enseña israelí.
Según la misma fuente, unidades israelíes también avanzaron hacia las aldeas de Al-Razaniyah y Saida Al-Hanout, en el norte de Quneitra.
Desde la ocupación del Golán sirio en junio de 1967, Israel ha mantenido una política sostenida de violaciones a la soberanía y a los derechos del pueblo sirio.
Tras el derrocamiento del gobierno de Bashar Al-Assad el 8 de diciembre de 2024, estas acciones no solo continuaron, sino que se intensificaron, en lo que Siria considera un intento de obstaculizar los esfuerzos nacionales e internacionales dirigidos a estabilizar el país y facilitar el retorno de millones de desplazados.
El presidente transicional sirio, Ahmad Al-Shara, denunció que Israel ha ejecutado más de mil ataques aéreos y alrededor de 400 incursiones terrestres en Siria, dirigidas contra instalaciones militares, objetivos civiles e incluso el palacio presidencial.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, denunció que la mayor parte de las ganancias del narcotráfico se queda en bancos y bienes raíces de Estados Unidos.