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Los ingenieros han aprovechado para poner a prueba final este equipo militar en algunas de las condiciones climáticas más duras del mundo, en un laboratorio en Florida, EEUU.

Se conoce como laboratorio McKinley y se encuentra en la Base Aérea de Eglin. Es capaz de simular cualquier condición climática, desde las nevadas incesantes y el frío ártico hasta la humedad de la jungla.

Estas pruebas son necesarias para saber cómo los aviones de combate, los camiones e incluso los neumáticos reaccionan ante las fuerzas naturales.

Recientemente, el laboratorio ha sometido a pruebas a un avión de despegue y aterrizaje vertical F-35B de Lockheed Martin, informa Popular Science. Las condiciones incluían temperaturas de —40 grados Celsius y tormentas de hielo simuladas.

Cientos de parámetros del sistema del F-35B fueron probados a través de decenas de escenarios de mal tiempo. Los ingenieros examinaron el combustible, que se vuelve viscoso con las bajas temperaturas, asegurándose de que sería capaz de alcanzar las profundidades del motor en un frío extremo. También probaron la pantalla del piloto para que no se fundiera a 120 grados de calor, y que permitiera además que su operador bloqueara un objetivo enemigo a 160 km de distancia.

La instalación comenzó a operar en 1947 y desde entonces se amplió para incluir diez cámaras además del hangar principal. Ahora tiene salas para pruebas de temperatura y humedad, sal y viento, lluvia, polvo, clima del desierto, trópicos y selva.

En el laboratorio McKinley se han probado “prácticamente todos los aviones en el mundo occidental”, aclaró Billie Flynn, piloto de pruebas para el F-35.

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