La clase trabajadora y el problema de la vivienda

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Iván González (UyL).— En el sistema capitalista las condiciones de vida de la clase trabajadora se encuentran sometidas a un constante proceso de depauperación. Pese a que, en determinados momentos históricos, se puedan dar situaciones de mejora momentánea de sus condiciones, bajo el capitalismo de manera paulatina a los trabajadores y trabajadoras se les hace cada vez más difícil conseguir los bienes necesarios para su subsistencia. Uno de estos bienes fundamentales es la vivienda y, al igual que el resto de productos del trabajo humano que aseguran la reproducción de la especie, en el sistema capitalista su consecución por parte de la clase trabajadora se hace de manera progresiva cada vez más complicada.

Como todas las necesidades que ha de satisfacer el ser humano para asegurar su existencia, la satisfacción de la necesidad de la vivienda se encuentra en estrecha relación con el nivel de desarrollo técnico. Desde los inicios de su existencia sobre la tierra, el ser humano ha tenido la necesidad de asegurarse un lugar donde vivir. Inicialmente lo hacia de la manera más sencilla, y conforme el desarrollo científico y técnico lo hizo posible, fue satisfaciendo está necesidad de manera más sofisticada. De la misma manera que la satisfacción de las diversas necesidades humanas depende del nivel de desarrollo técnico, lo que es vivido como necesidad también varía históricamente en función de este desarrollo técnico que permite producir lo necesario para satisfacer las necesidades humanas. Lo que en un determinado estadio de desarrollo técnico no es vivido como una necesidad, con el desarrollo de la técnica y, por lo tanto, de la capacidad productiva de la sociedad humana, puede pasar a ser vivido como una necesidad básica. En este sentido, una forma de vivienda que en la antigüedad podía ser vivida como suficiente para satisfacer la necesidad de techo del ser humano en la actualidad puede ser vivida como insuficiente y, al contrario, una forma de vivienda vivida como insuficiente actualmente podría haber sido vivida como un lujo en tiempos antiguos. Es decir, la necesidad de la vivienda al igual que la cualquier otra necesidad humana evoluciona históricamente en función del desarrollo técnico que permite satisfacerla.

Hace ya mucho que el desarrollo técnico permitiría satisfacer la necesidad de vivienda de toda la humanidad, pero actualmente bajo el capitalismo no es así. Si analizamos los datos a nivel mundial de la situación habitacional nos encontramos con que 200 millones de personas carecen de un hogar y 1500 millones carecen de una vivienda digna.

Si tenemos en cuenta la zona del mundo donde el capitalismo está más desarrollado, los datos indican que en Estados Unidos más de medio millón de personas se encuentran sin hogar mientras que en Europa esta cifra es de unas 700.000 personas. Al mismo tiempo, el 5% de la población ha estado sin hogar en algún momento de su vida en esta parte del mundo. En estas zonas del mundo capitalista los trabajadores y trabajadoras que sí tienen vivienda han de destinar en torno a la mitad de su sueldo para asegurarse una vivienda.

En el estado español, por su parte, nos encontramos con que 40.000 personas no tienen hogar y con el hecho de que el 12,6% de la población ha estado sin hogar alguna vez en la vida. La media del sueldo que ha de pagar un trabajador o trabajadora en el estado para asegurarse una vivienda es de un 60%.

Estos sencillos datos revelan el gran problema que supone para la clase trabajadora asegurarse un techo bajo el cual vivir en el sistema capitalista, donde una minoría de la población, la clase capitalista, tiene asegurado la satisfacción de esta necesidad y, además, de manera excesiva y lujosa. En cambio, la clase trabajadora se encuentra continuamente bajo la amenaza de no poder tener un techo bajo el que vivir o directamente no pudiendo tenerlo.

Frente a esta problemática de la vivienda para la clase trabajadora, la burguesía ha tratado de darle remedio fundamentalmente a través de dos soluciones: convertir al trabajador en propietario de la vivienda o que la pueda usar en concepto de alquiler.

La primera solución ya la ideó la burguesía inglesa en la segunda mitad del siglo XIX. Los capitalistas ingleses observaron que el hecho de no tener ninguna propiedad y ser una masa sin enraizamiento en ningún lugar concreto, estimulaba el impulso revolucionario de la clase trabajadora. Llegaron a la conclusión de que convirtiendo a cada obrero en propietario de una pequeña casa, se podía solucionar el problema habitacional y, al mismo tiempo, convertir a cada trabajador en propietario aburguesándolo y, por lo tanto, frenando el impulso revolucionario de la clase obrera. Al mismo tiempo, al venderle la vivienda se le extraía varias veces el precio de ésta. Este sistema es el que se impuso en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

De la misma forma, este procedimiento, consistente en convertir a cada trabajador en propietario de una vivienda, es el que se estableció en el estado español a partir de los años 60 bajo la dictadura franquista. Este sistema imperó en el estado prácticamente hasta el estallido de la crisis del 2008 donde un gran número de familias obreras quedaron arruinadas.

Una segunda solución consiste en ofrecer la vivienda en forma de alquiler por parte de propietarios privados. Si bien está solución no tiene la ventaja para la clase capitalista de aburguesar la conciencia del obrero, permite tenerlo ligado al pago de una renta de por vida. Los propietarios de las viviendas pueden extraerle al trabajador/a una parte importante del salario y si tenemos en cuenta que, de manera tendencial, estas viviendas de alquiler van quedando progresivamente en manos de grandes capitalistas, el resultado es que una parte importante del sueldo que cobra la clase trabajadora vuelve a manos de la clase capitalista. En el estado español es la solución que se ha venido imponiendo desde finales de los años 90, y sobre todo a partir de la crisis del 2008.

El problema de la vivienda, al igual que el resto de necesidades de la clase obrera, no puede ser solucionado bajo el sistema capitalista, únicamente podrá ser solucionado en el sistema comunista. Bajo el capitalismo se pueden arrancar mejoras a la clase burguesa, pero estas mejoras son temporales ya que la tendencia del sistema es empujar a la baja las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Únicamente una economía planificada con propiedad colectiva podrá satisfacer las necesidades de los trabajadores y trabajadoras, incluida la vivienda. Solo a través de la socialización de los medios de producción se podrá impulsar una economía al servicio del pueblo trabajador donde la vivienda no sea una mercancía, como ocurre en el sistema capitalista, y se convierta, al igual que el resto de bienes producidos socialmente en medios para la satisfacción de las necesidades de toda la población.

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