Juan J. Sánchez (Unidad y Lucha).— La clase obrera no puede esperar que, dentro de los marcos establecidos por la burguesía —su dictadura encubierta como democracia—, su situación pueda ser mejorada. El ejemplo más evidente de ello es la sobreexplotación a la que se somete al colectivo de jornaleras y jornaleros, miles de los cuales sobreviven en condiciones infrahumanas de habitabilidad. Cuando afirmamos que millones de trabajadoras y trabajadores arrastran serias dificultades para acceder a una vivienda digna, debemos recordar que, en este mismo periodo, existen a lo largo del territorio español más de tres millones de casas deshabitadas, en su mayoría en manos de grandes propietarios, bancos, fondos de inversión y sociedades inmobiliarias.
La llamada “crisis habitacional” es, en realidad, una manifestación concreta de la lucha de clases. La burguesía utiliza la vivienda como mecanismo de acumulación de capital y como herramienta de sometimiento social, mientras que las masas trabajadoras ven deterioradas sus condiciones de vida.
Reflejo de esta situación de sobreexplotación inherente al sistema es que los salarios percibidos por estos obreros del campo están muy por debajo de las necesidades de reproducción. Puede parecer que, con la reciente regulación de obreras/os migrantes este germen pernicioso del capital queda superado y que estos obreros podrán mejorar sus condiciones básicas de vida. Pero, como siempre en este sistema, y como ocurre con todo lo que afecta a las condiciones de vida de las masas trabajadoras, esto no es más que un espejismo. En un sector con nula o muy baja organización política y sindical más allá de cuestiones administrativas— y con un numeroso ejército de reserva de manos paradas, nada impide al empresariado agrícola seguir contratando de forma fraudulenta a estas y estos obreros.
En el capitalismo se dan situaciones que demuestran que este sistema no es uniforme en sus políticas ni en su aplicación. Un ejemplo de ello son las diferencias de trato y contrato que se aplican a los distintos colectivos de trabajadoras y trabajadores. Algunas de estas diferencias son: los jornaleros y jornaleras deben pagar un 11,50% de la base de cotización a la Seguridad Social, mientras que el resto de trabajadores paga un 4,70%; la pensión de jubilación o la Incapacidad Temporal (IT) de los jornaleros se cobra entre un 30% y un 40% menos que la del resto; a los jornaleros parados de larga duración mayores de 52 años se les exigen 35 peonadas para tener derecho a un subsidio de 480 € mensuales, del cual se descuentan 163 € de Seguridad Social, quedando en 317 € mes. A los jornaleros y jornaleras se les regalan todo tipo de calamidades y miserias.
La peor parte de esta sobreexplotación la sufre la mayoría de las y los trabajadores asalariados agrícolas, quienes viven en chabolas sin luz ni agua, rodeados de basura y ratas. Se higienizan en baños improvisados al aire libre, con agua de balsas de riego y garrafas de agroquímicos, mal alimentados y padeciendo las inclemencias meteorológicas, situación que les acarrea un sinfín de enfermedades físicas y mentales.
¿Y alguien espera que en los parlamentos, ayuntamientos y demás instituciones de la democracia burguesa el capital permita que esta situación cambie? ¿Alguien cree que, promesa tras promesa electoral de partidos al servicio del capital, se transformará y mejorará la vida de millones de obreras y obreros? Después de siglos de democracia burguesa y su parlamentarismo, sabemos que nada será cambiado en favor de las masas trabajadoras. Ni por parte de quienes son fieles lacayos del capital, claro está. Ni por quienes, desde posiciones de buenismo popular (político), creen que podrán superar los márgenes impuestos por las instituciones de propiedad política del capital. Estos últimos, sin saberlo, legitiman un modelo económico-social que perpetúa la explotación y la opresión del sistema capitalista.
Solo a través de la organización revolucionaria de obreras y obreros, construyendo el FOPS y un poder popular capaz de destruir el capitalismo, las masas trabajadoras podrán liberarse.


