Ferran N. (Unidad y Lucha).— La guerra en Irán, como parte de la guerra del imperialismo estadounidense contra la República Popular China, ha sido una guerra con efectos mundiales. Por el momento ha sido una derrota del eje yankee-sionista, que después de las victorias en Siria y Venezuela, calculaba cortar el suministro del mayor proveedor energético de China.
No ha sido así, la heroica e inteligente estrategia de la República Islámica de Irán, no sólo ha impedido los objetivos del imperialismo, sino que ha sembrado de contradicciones el campo enemigo. El papel de la OTAN y las alianzas imperialistas europeas ha quedado en entredicho, la entidad sionista ha quedado más debilitada y empantanada ante la resistencia libanesa, y las bases de los EEUU en Asia occidental han dejado de ser vistas como protectoras de las petromonarquías para ser consideradas un factor de riesgo e inestabilidad. Nada volverá a ser lo mismo después de la derrota ante Irán.
Las petromonarquías árabes son Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Catar, Arabia Saudita y Baréin. Son el soporte del llamado petrodólar, por el que toda la humanidad debía comprar y vender la energía en dólares americanos. Son el núcleo fundamental de la OPEP y la OPEP+ y han mantenido una relación contradictoria con la entidad sionista, con la que públicamente no existía la normalización de la ocupación, pero con la que han colaborado activamente en términos económicos y de inteligencia.
La derrota del eje imperialista y su implicación en la guerra ha puesto a las petromonarquías en una delicada posición. Qatar aliado del movimiento Hamás, o Arabia Saudí que desde su participación en el Banco de los BRICS se está distanciando tímidamente de los EEUU, han tenido que asumir su papel de colonia del imperialismo yankee a regañadientes. En términos generales, todas las petromonarquías de una forma pusilánime han solicitado al amo una salida negociada, y han visto como Irán legalizaba el control del estrecho de Ormuz y se convertía en el dueño del paso, sin que los EEUU hayan podido remediarlo. Eso se llama crisis de credibilidad, y en un modelo económico en el que el valor del dólar es un acto de fe, respaldado por la capacidad de imponer esa fe a bombazos si es necesario, estamos hablando de una crisis de credibilidad muy importante.
La única petromonarquía que ha roto la unidad han sido los Emiratos, quienes en plena crisis y aún sin un final predecible a la crisis, han decidido romper con la OPE, la OPEP+ y aliarse abiertamente con la entidad sionista, un tema tabú para el mundo musulmán (solo Marruecos había normalizado a Israel hasta el momento).
Los EAU, con esta acción, rompe el cártel petrolero, y acentúa la división y las pugnas entre las diferentes monarquías, acentúa el conflicto que tienen con Catar, debilita su alianza con Arabia Saudita y, en definitiva, decide ir por libre y alinearse con los EEUU y la ocupación israelí, lo que implica que el resto de petromonarquías están dejando de estar tan alineadas. Si se consolida el control del estrecho de Ormuz por parte de Irán, tendrá un serio problema, por que todos sus puertos dan a la nueva zona de control exclusiva que han definido los iraníes.
Las salidas individuales, en todos los colectivos, debilitan la fuerza y benefician al adversario. Irán hoy es más fuerte, la OPEP, el petrodólar, el Consejo de Cooperación del Golfo y los Estados Unidos, hoy son más débiles. Irán ha llevado las contradicciones al campo enemigo, con grandes cuotas de sacrificio ha conseguido prevalecer y fortalecerse, y ha generado unas grietas en uno de los pilares fundamentales que sustentan el imperialismo yankee que le serán muy difíciles de reparar si no se siguen acrecentando con el tiempo.


