
Miguel Ángel Rojas (Unidad y Lucha).— En 1983 aparece el artículo de Luis García Montero, La otra sentimentalidad, publicado por El País, donde esboza la teorización poética que, basándose en la teoría marxista de Juan Carlos Rodríguez y el legado de la poesía de Gil de Biedma, se denominará como La otra sentimentalidad, movimiento cuyo máximo exponente fue el poeta Javier Egea, y en el que habría que incluir a Álvaro Salvador, Jiménez Millán, Inmaculada Mengíbar, Teresa Gómez y, especialmente, la que fuera Premio Nacional de Poesía, Ángeles Mora.
La importancia bibliográfica del libro El jardín extranjero consiste en que es resultado de una elaboración y ruptura teórica con las excrecencias poéticas burguesas que todavía naufragaban. Sin lugar a duda, este movimiento no parte de cero, existía un legado extraordinario en la poesía del siglo XX que rompía con las viejas poéticas burguesas, cuya teorización provenía desde las extraordinarias aportaciones teóricas de Brecht a prácticas poéticas como Maiakovski, Alberti, Neruda, Miguel Hernández, Benedetti, Silvio Rodríguez, la Gioconda Belli revolucionaria de los 80… La enumeración sería interminable.
En El Jardín extranjero aparece un poema intrigante, “Paseo Marítimo”, en el que encontramos un jardín donde nada pasaba, solamente la vida: un tiempo feliz en el que vivimos. En el poema “Reestreno” hallamos el precio de la vida, los límites precisos de la escena, el gran teatro del mundo donde el mundo no es sueño. En el poema “Sus ocho Nombres” aparece “La piel de octubre cuando entra de golpe por las puertas de un palacio”. Existe un verso inquietante: “la vida, posiblemente hermosa”. Finalmente, rememora y reescribe al Federico de Poeta en Nueva York, la ciudad de Columbia University/Harlem.
Epílogo/epitafio: Luis García Montero, tras La otra sentimentalidad y La poesía de la experiencia, sucumbe a la deriva postmoderna pequeñoburguesa de la poesía de la cotidianidad. Más bien, la denominaría poesía de la rutina.

