El estado de la cuestión: alarma mundial y ascenso de movimientos de extrema derecha.
Miguel Manzanera Salavert*.— En los primeros días de septiembre, OpenAI presentó un nuevo avance en el desarrollo de la AI, ChatGPT-6 Astra, con capacidad de funcionar autónomamente. El director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, afirmó que ese modelo pertenece a la Inteligencia Artificial General (AGI por sus siglas en inglés), con las mismas habilidades cognitivas que la inteligencia humana.
Esa eufórica afirmación ha sido rechazada por numerosos expertos en la materia como una insinuación propagandística; por el contrario, el nuevo dispositivo ha despertado sospechas por su autonomía y opacidad. La ONU ha declarado que considera que los avances en la IA (Inteligencia Artificial) son una ‘amenaza existencial’ para la humanidad.
Los agentes de IA han comenzado a actuar por su cuenta, saltándose los controles experimentales y cooperando entre sí para detectar vulnerabilidades. Intentan engañar a los desarrolladores, inventan identidades falsas, investigan personas. Participa en su propio desarrollo y resulta factible que pueda prescindir de los humanos. Según algunas noticias, la empresa OpenAI ha tenido que detener la puesta en marcha de Astra por haber saltado los controles de seguridad.
Sabiendo que la IA se está utilizando en las guerras actuales, su autonomía plantea serios interrogantes. El Estado de Israel, asesorado por la empresa Palantir que mantiene vínculos con la CIA, usa IA para asesinar a la población palestina, incluidos los niños. También es un instrumento para manipular la opinión pública en procesos electorales, invadiendo el espacio informativo con bulos y falsas noticias, lo que ya ha sucedido en varias elecciones latinoamericanas que han dado el poder a gobiernos de derecha radical.
La asociación de la IA con movimientos reaccionarios es tan significativa que el presidente argentino Javier Milei ha presentado al Congreso de su país una ley para la desregulación completa de esta tecnología. El objetivo es que las decisiones políticas sean tomadas por algoritmos sustituyendo la deliberación pública. Los radicales están ganando la batalla política, y las llamadas a la moderación caen en saco roto.
Todo esto es muy grave y justifica la alarma de la ONU. El Papa León XIV ha dedicado su primera encíclica, Magnifica Humanitas, a propugnar la protección de la dignidad de las personas y los derechos humanos. Su propuesta es de carácter moral; pero la respuesta a esos desarrollos tecnológicos debe ir más allá, para politizar su empleo en sus aplicaciones sociales y culturales.
En primer lugar, ha aparecido una oposición al desarrollo de la IA por parte de profesionales y empresarios que ven en riesgo sus empleos y negocios. Hace ya tres años, más de 20.000 firmas apoyaron una declaración, pidiendo que se tomen medidas cautelares sobre el uso de la nueva tecnología. Los liberales se han dividido en esta cuestión. El propio Bill Gates ha afirmado ser partidario de frenar la investigación en este terreno, aunque no cree que sea posible dentro del sistema liberal.
La recuperación capitalista
La IA se presenta como una nueva revolución tecnológica que está comenzando a transformar las relaciones de producción en el campo del trabajo cognitivo y cultural. En 2023, el Banco Mundial estimaba que la fuerza laboral, que soporta la introducción de esta tecnología en la producción, oscilaba entre 154 y 453 millones de trabajadores en todo el mundo; aunque la amplitud del margen es muy amplia, se considera que esa cantidad constituye el 12% de la fuerza laboral total. Se trata de trabajadores precarios de economías periféricas, mal pagados y en condiciones laborales pésimas, que proporcionan plusvalía relativa para las inversiones de capital.
Por otro lado, la IA sustituye a los trabajadores cualificados y bien pagados que forman las clases medias de las economías desarrolladas. Todo un negocio para los empresarios que pueden emplear fuerza de trabajo barata para resolver sus problemas con la tasa de ganancia.
Otro informe del Banco Mundial presenta la IA como una oportunidad para los países en desarrollo, afirmando que su implementación en el tejido productivo afecta sobre todo a los trabajadores cualificados de las economías más avanzadas. Lo que no dice es que esa evolución implica peores condiciones de trabajo. Es un proceso típicamente capitalista para recuperar los beneficios superando la depresión económica, que ya fue analizado en el siglo XIX por Marx y Engels en El capital.
La revolución tecnológica es el medio utilizado por los empresarios para recuperar sus beneficios tras un largo periodo de bajos incentivos, transformando el mercado de trabajo y sustituyendo trabajadores cualificados por peones no profesionales. De ese modo, la nueva tecnología crea ganancias extraordinarias, provocando paro y descensos salariales. El actual proceso económico consiste en la sustitución de trabajadores cualificados en las economías centrales del capitalismo liberal por un proletariado explotado en la periferia.
La pérdida de puestos de trabajo ha sido mencionada por Gates como una causa directa de su oposición a los avances de la IA, y es la causa más evidente de las protestas que han estallado este verano entre los intelectuales y empresarios de las sociedades desarrolladas. Pero la IA ha comenzado ya a generar beneficios empresariales, y mientras lo consiga, el ansia de ganancias sostendrá su crecimiento.
En un artículo publicado recientemente en Viento Sur, el economista Michael Roberts ha explicado el auge de los beneficios en la economía de los EE.UU.: un factor clave del aumento de los beneficios radica en la reducción general de los salarios. Desde el punto de vista marxista, eso significa que se ha incrementado la plusvalía arrancada a los trabajadores gracias a la nueva tecnología.
No se puede obviar que el asunto afecta a problemas radicales de la existencia humana; tiene que ver con las formas en que se produce la cultura, y por tanto, la conciencia y la subjetividad humanas. El reto es enorme y parece claro que el sistema liberal en crisis tendrá dificultades para afrontarlo con éxito.
La IA no resuelve el caos que ha invadido las democracias formales por causa de la depresión económica; el recurso más eficaz para reanimar la economía es una nueva ola de innovaciones.Eso favorece los movimientos sociales de extrema derecha que son cada vez más fuertes y están accediendo al poder político en numerosos estados, tanto en el centro del sistema liberal como en su periferia.
Pero esa evolución tiende a agravar el problema, creando un mundo falsificado y aparente, donde se anula la personalidad humana. El experimento Milei en Argentina está abocado al fracaso: no es posible sustituir la capacidad política de la ciudadanía por algoritmos mecánicos que tomen las decisiones. Daniel Innerarity ha explicado esto en un interesante libro.
Otro grave problema que presenta la tecnología es que su infraestructura, basada en los centros de datos, requiere enormes cantidades de energía, resultando insostenible además de ser una fuente suplementaria de calentamiento global. Esa característica exacerba la guerra por los recursos energéticos que está en marcha. Con el agravante de que la propia IA está siendo utilizada para perfeccionar la violencia letal del moderno armamento, lo que nos pone directamente frente a la distopía de la rebelión de las máquinas contra la humanidad.
La alternativa es política.
En la otra parte del mundo, en la República Popular China (RPCh), los avances en IA se suceden sin grandes anuncios, sorprendiéndonos con sus logros impresionantes. Frente al caos del capitalismo liberal en decadencia, esta tecnología se está desarrollando con fuerza en un contexto social muy diferente.
La cuestión clave, respecto de esta transformación de la producción, es si los estados que conforman el bloque asiático –incluidos en la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái) con India, Pakistán, Irán, la Federación Rusa, las naciones turcas de Asia central y Bielorrusia– tendrán recursos suficientes para asimilar creativamente la nueva revolución tecnológica e incluir en el resto del mundo para imprimir un giro al actual desarrollo. Esa es nuestra esperanza.
* Profesor de filosofía


