El Consenso de Nuestra América, una respuesta a la ofensiva imperial

Por Alberto Corona

Managua, 15 jul (PL) Ante la actual coyuntura geopolítica en América Latina y el Caribe, los movimientos sociales y partidos de izquierda de la región han decidido responder con un documento programático como estrategia de lucha en defensa de la unidad. (PLRadio)

Se trata del Consenso de Nuestra América, cuyo borrador fue terminado durante una sesión de trabajo del Foro de Sao Paulo en enero pasado en Managua, capital que ahora se apresta a acoger el XXIII encuentro de ese mecanismo multilateral, en el marco del aniversario 38 de la Revolución Popular Sandinista.

En la cita, prevista para sesionar durante tres días desde este domingo, alrededor de 300 representantes de movimientos sociales y partidos de izquierda de la región adoptarán oficialmente el texto de 24 páginas, dedicado al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Acorde con el documento base del encuentro, el Consenso de Nuestra América recoge, además, principios, propósitos, objetivos y prioridades, así como un diagnóstico de la realidad a transformar en favor de las mayorías.

De esa manera, el primer documento programático que ofrece el Foro de Sao Paulo a las fuerzas progresistas, no solo de la región, sino del mundo, adopta como principios la democracia y la justicia social, la libertad y el bien común, la paz y la ética, la seguridad ciudadana y la lucha contra la corrupción.

A ello se agrega la unidad de las organizaciones políticas y sociales, la lucha contra toda forma de discriminación, la solidaridad entre los pueblos, el patriotismo y el internacionalismo.

Por otra parte, advierte que hoy en día la humanidad se encuentra bajo la ofensiva de un capitalismo especulativo financiero en constante crisis.

‘La acumulación del capital se encamina más bien a la concentración y centralización del mismo, bajo las políticas neoliberales encaminadas a la privatización y apropiación privada de las empresas estatales, así como a la utilización de los presupuestos públicos para socializar las pérdidas de las empresas privadas’, puntualiza.

Una realidad que está llamada a ser transformada desde diversas posiciones, partiendo sobre la base de las condiciones específicas de cada país y en un contexto en el cual se considera que la agresividad del capitalismo se proyecta hacia lo interno de las sociedades y a escala global de manera desenfrenada.

En ese sentido, y con un marcado sentido de urgencia, se presenta como un desafío abierto la lucha que libra Venezuela, cuyo pueblo identificado con la Revolución Bolivariana ha demostrado una elevada capacidad de resistencia.

Desafío que se extiende también, más recientemente, desde Brasil con los ataques de descrédito contra el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, fundador junto con Fidel Castro del Foro de Sao Paulo.

A su vez, el documento alerta que esa brutal ofensiva destinada a desalojar a las fuerzas progresistas y de izquierda de todos los espacios sociales, políticos e institucionales indica la necesidad de acelerar el paso en la construcción de nuevos paradigmas.

En opinión de los participantes al foro, Nicaragua tiene mucho para aportar a ese debate desde su propia especificidad y universalidad, al sustentar bajo la conducción del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) un proyecto que se define como cristiano, socialista y solidario.

José Ramón Balaguer: Fidel nos enseñó a ser revolucionarios

Fidel Caastro nos enseñó a ser revolucionarios

Irán condena a 10 años de cárcel a un ‘espía’ estadounidense

El portavoz del Poder Judicial de Irán, Qolam Husein Mohseni-Eyei, habla durante una rueda de prensa en Teherán, capital persa.

Un tribunal iraní ha condenado a 10 años de cárcel a un ciudadano estadounidense, ‘guiado directamente por EE.UU.’ cuando realizaba actividades de ‘espionaje’.

El portavoz del Poder Judicial, Qolam Husein Mohseni-Eyei, ha comunicado este domingo la sentencia del condenado de doble nacionalidad —de EE.UU. y de otro país extranjero—, sin que lo identificara.

“Ya fue probado que esta persona se había infiltrado a Irán para recopilar información. Este individuo fue identificado y detenido por los agentes de Inteligencia”, ha explicado el vocero que hablaba durante una rueda de prensa.

Ha asegurado que el “intruso era guiado directamente por los estadounidenses”, por lo que se ha dictado una “sentencia de 10 años de cárcel, la cual puede ser apelada”.

En los últimos años, la República Islámica de Irán ha detenido a varios ciudadanos estadounidenses y británicos por cargos de espionaje y colaborar con países hostiles a Teherán.

Las Guerras del Cáucaso (2): La guerra ruso-turca de 1877

La herencia de Shamil fue recuperada por un miembro de la hermandad Qadiriya, Kunta Hasi. En medio de la salvaje política de exterminio y deportación que estaban practicando los rusos, Kunta Haxi logró extender la influencia de esta cofradía, de la que era el dirigente reconocido en el Cáucaso. Los rusos persiguieron a los cofrades y los documentos rusos de la época narran con estupor las historias de centenares de musulmanes norcaucasianos que se dirigían al martirio entonando himnos religiosos sufíes o bailando las danzas rituales de las hermandades. Otros seguidores de Kunta Haxi formaron grupos guerrilleros en las montañas.

Hasta este momento toda la resistencia de los pueblos montañeses contra el zarismo presenta los tres rasgos característicos que ya hemos señalado antes. No se trata de una lucha nacional ni tampoco de una lucha exclusiva del pueblo checheno sino que -no obstante sus peculiaridades- hay que encuadrarla en el marco más general de las luchas campesinas contra el zarismo que no son exclusivas del Cáucaso sino que se exienden a toda Rusia. También se produjeron movimientos revolucionarios en las ciudades, el más conocido de los cuales es el de los “decembristas” de 1825, encabezado por la nobleza. En este clima de oposición al zarismo es donde surge también el populismo a mediados de aquel siglo. Lo que realmente singulariza a la resistencia del Cáucaso es su carácter anticolonial y su mensaje islámico.

La lucha de los pueblos contra el zarismo en el Cáucaso tampoco se puede desvincular de la rivalidad rusa con el Imperio Otomano, entonces máxima fuerza defensora del islam. En 1877 la guerra ruso-turca levantó otra campaña de resistencia de los pueblos musulmanes del norte del Cáucaso contra la dominación rusa. Cuando los otomanos desembarcaron en las costas del Mar Negro, entre sus tropas había numerosos norcaucasianos que habían estado refugiados en Anatolia. Los abjasios, cuyo territorio acababa de ser anexionado a Georgia por el zarismo, también se unieron a las tropas otomanas. También Daguestán y Chechenia volvieron a levantarse en armas, pero la guerra acabó con la victoria rusa y, tras ella, se produjo una nueva emigración masiva, ahora formada fundamentalmente por musulmanes de Abjasia.

Se acercaba la I Guerra Mundial, el capitalismo entraba en su fase imperialista. Fue entonces cuando empezaron a formarse los primeros grupos políticos nacionales en Transcaucasia. Antes no solamente no existían naciones sino que hasta la misma palabra era desconocida. Los términos que hoy traducen la palabra “nación” en las tres lenguas más importantes del área musulmana (turco, árabe y farsí) tienen un origen religioso. En el Corán la voz árabe “milla”, tiene el sentido de “palabra”, equivalente de la expresión “verbo” en la Biblia, que es la palabra de dios. Denota a un grupo de creyentes que acepta una predicación o un libro revelado y así pasó al turco “millet” para designar, en el Imperio Otomano, una comunidad religiosa. En árabe, lengua en la que “milla” y “milli” habían caído en desuso, en la época contemporánea se adoptó otra palabra del vocabulario religioso, “umma”, que en el Corán también designa a una comunidad de creyentes. Sólo a mediados del siglo XIX la palabra “milla” adquirió un sentido político para denominar a una comunidad nacional independientemente de su religión. Esta misma evolución lingüística se aprecia en farsí (mellat, melli) con una evolución incluso más tardía.

Hay una expresión menos religiosa, la de patria (“watan” en árabe, “vatan” en turco y en farsí), pero la traducción no es exacta porque “watan” designa el lugar de nacimiento de una persona, con una connotación sentimental y nostálgica, o lo que es lo mismo, la patria en el sentido de “patria chica”, sin connotaciones políticas.

Hasta el siglo XX esas palabras, en su nueva significación, son neologismos y cultismos que sólo se utilizan en las traducciones de idiomas extranjeros. Para los países islámicos es especialmente importante el idioma árabe, el equivalente al latín para los cristianos. Fue a través del islam y del árabe clásico como pueblos muy lejanos, que muy poco tenían que ver entre sí, crearon una cierta superestructura (el panislamismo) y la utilizaron en sus luchas como estandarte común. A finales del siglo XIX la utilizaron para luchar contra el imperialismo, cuya política era de división y reparto de la región en zonas de influencia. El II Congreso de la Internacional Comunista llamó a la lucha contra el panislamismo porque trataba de “combinar el movimiento de liberación contra el imperialismo europeo y americano con el fortalecimiento de los khanes, de los terratenientes, de los mullahs, etc.” No basta, pues, con tener en cuenta sólo uno de los caracteres de ese movimiento complejo, sino los dos.

Ismail Bey Gasprinski

Panturquismo e imperialismo

Por tanto, el nacionalismo sólo penetra en la región a finales del siglo XIX y exclusivamente entre los pueblos más avanzados. En Azerbaián se creó el partido “Hümmet” (Ayuda Mutua) y después el partido “Mussavat” (Igualdad), con elementos ideológicos tomados de fuentes diversas, entre ellas el panturquismo.

Hasta cierto punto se puede decir que el panturquismo es una versión laica, moderna y política del panislamismo, que lo hereda. Es causa y a la vez consecuencia del nacionalismo y su aparición sólo se explica, a su vez, por la entrada del capitalismo en su etapa imperialista. Mientras el Imperio Otomano, como el zarista, era un conglomerado heterogéneo de pueblos, de los cuales los turcos sólo eran una parte, existían sin embargo turcos fuera de las fronteras de dicho Imperio. Precisamente el panturquismo aspiraba a la unificación de todos los pueblos de origen, habla o cultura turcas, incluyendo tanto a los que eran de origen tártaro (descendientes de los mongoles) como a los de origen turco. Hasta el siglo XX los turcos no se llamaban a sí mismos con esa denominación. Era más bien un calificativo con el que eran conocidos por los demás. Pero la mayor parte de las veces, se empleaba la denominación de “turcos” para aludir a los musulmanes. Todavía hoy los españoles de Ceuta llaman “turcos” a los musulmanes, aunque sean de nacionalidad española (y por supuesto a los marroquíes). Lo mismo sucede en otros pueblos más próximos al Cáucaso. Hoy se suele hablar de “turcos” en sentido estricto para los que pueblan Turquía, mientras se reserva el de “turcomanos” para los de los demás países, pero siempre que se trate de pueblos de ese origen, especialmente los de Turkestán (Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Kirguistán).

Los rusos tampoco distinguían con claridad entre unos y otros pueblos islámicos aplicándoles a todos el mismo nombre de “tártaros”, mientras reservaban el de “turco” para los súbditos del Imperio Otomano. Muchos pueblos tártaros habían acabado adoptando lenguas de origen turco y su cultura estaba muy influenciada por la turca. En resumen: aunque de origen distinto, tártaros y turcos del Imperio zarista tenían la misma religión y se sentían miembros de un mismo pueblo.

Es importante recordar que el panturquismo no nace en Turquía sino en Rusia a finales del siglo XIX. Su principal impulsor fue Ismail Bey Gasprinski (cuyo nombre real era Ismail Bey Gaspraly), un tártaro de Crimea que en 1883, había creado el diario “Targuman”. Gasprinski preconizaba la resurrección de los pueblos turcomanos, comenzando por la lengua, con el fin de alcanzar su unificación desde los Balcanes hasta China. Este panturquismo original aspiraba a la modernización de las sociedades islámicas del Imperio zarista a través de su alfabetización y educación para impulsar así una lengua literaria común capaz de forjar una conciencia nacional común. Naturalmente los panturquistas aspiraban a lograr posteriormente la independencia de la Rusia zarista como vía para una posterior anexión al Imperio Otomano. El movimiento panturco se extendió por las tres grandes regiones musulmanas del Imperio zarista: el Cáucaso, el Asia Central o Turkestán (Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tajikistán) y las regiones tártaras (Crimea, el bajo Volga y los Urales).

Inicialmente el panturquismo de Gasprinski encontró poco eco en el Imperio Otomano. Pero la progresiva pérdida de la hegemonía otomana en los Balcanes acabó promoviendo la formación del Movimiento de los Jóvenes Turcos, cuyas pretensiones eran:

“turquizar” un Imperio Otomano multinacional
— compensar la pérdida de los territorios otomanos en los Balcanes con la absorción de las regiones turco-tártaras del Imperio zarista.

Se estableció una estrecha colaboración entre los Jóvenes Turcos y los seguidores de Gasprinski que veían en el Imperio Otomano al único gran Estado musulmán que podía liberarles del dominio ruso. Así pues, desde principios del siglo XX, los musulmanes de Rusia volvían sus ojos hacia Turquía, mientras que desde Estambul se veía con agrado la posibilidad de reconstruir un gran Imperio turco.

El panturquismo expresa la llegada de la conciencia nacional a los pueblos más avanzados de la región. Es un nacionalismo reactivo que expresa la oposición al imperialismo emergente de las grandes potencias occidentales. El nacionalismo turco en el siglo XIX fue una reacción al retroceso del Imperio Otomano frente a la superioridad del occidente cristiano. A su vez, el nacionalismo árabe que surgió en Oriente Medio era antiturco. Aunque era musulmán, afirmaba una identidad árabe (política) que le permitía atraerse también a los cristianos. Pero tanto en un caso como en otro, en el mundo musulmán el nacionalismo no surge de una afirmación positiva, sino de un sentimiento de opresión. Además, en vez de tomar un derrotero laico, está vinculado a la religión, predica la vuelta al islam, observándose una creciente politización del clero contra el imperialismo extranjero. Finalmente, frente al imperialismo, que divide y enfrenta a los pueblos de la región para imponerse, el nacionalismo adopta una forma panislamista y promueve la unidad y la solidaridad de todos los creyentes, independientemente de su nacionalidad, frente al imperialismo.

Por si no fuera suficiente, a este complejo panorama ideológico hay que añadir el político. En la I Guerra Mundial el Imperio Otomano se había alineado con las potencias centrales (con Alemania fundamentalmente), lo cual significa que en el otro lado de las trincheras estaba -otra vez- el Imperio Ruso. La I Guerra Mundial es una continuación de la lucha de rusos y turcos por conquistar el Cáucaso y, mientras los cristianos de Turquía apelaban al zar para que los rescatara, los musulmanes de Rusia hacían lo propio con el sultán de Constantinopla. Por ejemplo, los armenios de Turquía querían ser protegidos por Rusia; los azeríes de Rusia querían serlo por Turquía. Hay quien a eso le llama “nacionalismo” (y en cierto modo así es) pero parece claro que no se trataba más que de un intento de cambiar de dueño. Ya en la época imperialista, como escribió Stalin, los pueblos no podían conformarse con cambiar de dueño, sino que debían conquistar su derecho a la autodeterminación y a la independencia.

Tras la derrota de Turquía en la guerra imperalista, el otro bloque planeó su fraccionamiento para repartirse los despojos. Sólo la llegada al poder de Mustafá Kemal Ataturk lo impidió. En la nueva República de Turquía que sustituía al viejo Imperio Otomano, Ataturk impuso una nueva orientación que rechazaba el panturquismo y formalizaba relaciones de buena vecindad con la -también nueva- Unión Soviética.

Voila! Exagente de la CIA asegura: «La Torre 7 del WTC la demolimos nosotros»

Vista aérea del Centro Mundial de Comercio (WTC, en inglés) en los ataques del 11-S, contra la Torre 7 en el centro-derecha, 11 de septiembre de 2001.

Persisten las dudas sobre lo ocurrido en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, con la publicación en EE.UU. de supuestas confesiones de un exagente de la CIA.

Fue una demolición controlada con explosivos típica. Usamos materiales compuestos con nanotermita de calidad extra para uso militar. Lo difícil era meter en el edificio miles de kilos de explosivos, mechas y sistemas de encendido sin provocar inquietud”, explica un testigo citado el jueves por el portal Your News Wire.

La página afirma que Malcom Howard, de 79 años de edad, fue agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés) durante 36 años y en la actualidad ha sido dado de alta de un hospital de Nueva Jersey (noreste de EE.UU.), tras lo cual se habría decidido a confesar su participación en el atentado de bandera falsa que sirvió de justificación a las invasiones por EE.UU. de Afganistán, semanas después, y de Irak, en 2003.

La Torre 7 que se derrumbó el 11-S lo hizo unas 7 horas después de caer a su vez las Torres 2 y 1 (Sur y Norte), en apariencia por el impacto en ellas dos de sendos aviones civiles secuestrados, según el FBI (Buró Federal de Investigaciones, en inglés), por 15 terroristas de Arabia Saudí y 4 de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Egipto y El Líbano de la banda takfirí Al-Qaeda.

De acuerdo con el relato de Howard, su equipo (de cuatro hombres) tenía asignada la tarea de demoler la Torre 7 camuflando el hecho de que se trataba de una demolición, algo que les facilitó la situación, según él, de que “prácticamente todas y cada una de las oficinas de la Torre 7 estaban alquiladas por la CIA, el Servicio Secreto o el Ejército”.

Tras la acción de los explosivos, los restos del edificio, de 47 plantas, fueron derribados por el servicio de bomberos sin que nadie resultara dañado, lo que celebraron los agentes, preocupados aun así por que todo hubiera salido “demasiado redondo”, pudiendo levantar sospechas, en particular después de que la cadena paraestatal británica BBC diera la noticia del derrumbe de la Torre 7 veintitrés minutos antes de que ocurriera.

Ese mismo día, de hecho, apuntó ya que en la caída de las torres debían haber sido empleados explosivos el actual presidente de EE.UU., Donald Trump, entonces constructor con décadas de experiencia con torres de gran altura en la misma Nueva York (noreste).

El autor de las confesiones dice haber aceptado entonces participar en la demolición y haber permanecido en silencio porque, “cuando eres un patriota, no pones en cuestión los motivos de la CIA ni de la Casa Blanca. Asumes que el propósito global obedece a un bien superior”.

Ejército sirio acaba con numerosos terroristas de Daesh tras operativos en Deir Ezzor, Hama, y Homs

Provincias, SANA

El ejército sirio y la aviación militar han asestado este domingo fuertes golpes a posiciones de la organización terrorista de Daesh en la ciudad nororiental de Deir Ezzor y su campo.

El reportero de SANA precisó que la artillería siria acabó con concentraciones de terroristas de Daesh en la periferia de Panorama, el barrio de al-Hamadiya y el pueblo de al-Bgheiliya en el campo oeste de la provincia.

Asimismo, la aviación militar realizó redadas intensas contra fortificaciones y sedes de la organización takfiri en las inmediaciones de la colina de al-Mawared al-Maiya (recursos hídricos), y la zona de Panorama, y los barrios de al-Rushdiye y al-Kanamat, lo que causó varios muertos y heridos entre los terroristas, y la destrucción de un centro de mando suyo en el pueblo de al-Hissan en el campo oeste de la provincia.

Ayer, los uniformados sirios recuperaron a varios pueblos e yacimientos petrolíferos en el campo oeste de Deir Ezzor y el campo sureño de Raqqa, luego de haber acabado con numerosos terroristas de Daesh, entre ellos cabecillas de nacionalidades saudí y tunecina, y destruido a 36 vehículos suyos.

Raqqa

En paralelo, numerosos terroristas de Daesh fueron eliminado en una serie de operativos lanzados por los cazas sirios contra posiciones y rutas de movilidad de la organización terrorista en el campo oeste de Raqqa.

En dichos operativos, la organización terrorista perdió también vehículos blindados y otros artillados, además de cañones.

Hama

En el campo este de Hama, la aviación siria bombardeó focos de terroristas de Daesh en la zona de Athraya, lo que dejó bajas entre sus filas y causó la destrucción de vehículos blindados y otros artillados suyos.

En el campo este de Homs, cercano de la provincia de Deir Ezzor, una fuente militar confirmó la muerte y la herida de numerosos terroristas de Daesh tras redadas de la aviación militar contra sus posiciones y puntos fortificados en la periferia de la zona de Hmemeh y al este de la zona de al-Kadir.

Es de recordar que las unidades castrenses sirias y sus aliados desde su llegada a la frontera sirio-iraquí al noreste de al-Tanf el 10 del pasado mes de junio han iniciado operativos intensos en dirección del campo sureño de Deir Ezzor, y lograron recuperar a grandes superficies y llegar a los incios del campo sureño de Bou Kamal.

Lynn A.

Discurso de Raúl Castro en la clausura de la Asamblea Nacional del Poder Popular

Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del IX Período Ordinario de Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 14 de julio de 2017, “Año 59 de la Revolución”.

Las Guerras del Cáucaso (1)

Shamil, el León de Daguestán

El Cáucaso es una frontera natural entre Europa y Asia. Dominado de este a oeste por una gigantesca cordillera, allá se pueden escalar 17 montañas más altas que el Mont Blanc que han sido tradicionalmente el refugio de muchos pequeños pueblos y comunidades religiosas perseguidos por sus poderosos vecinos. De entre ellos los más importantes han sido tres de los más grandes imperios que la historia ha conocido: el persa, el otomano y el ruso. Allí han coincidido estos tres gigantes con las tribus más minúsculas y entre ellos se han dado toda clase de combinaciones.

Los chechenos, que proceden de antiguas migraciones europeas a la región, se denominan a sí mismos “nojchi” porque su idioma pertenece al grupo “naj”, una de las familias lingüísticas caucásicas. De vida nómada y organizados en clanes, entre los siglos VIII y XIII estuvieron sometidos a la dominación de osetinos y kabardios y entre los siglos XIII a XIV a la de los mongoles. Desde el siglo XV hasta el XVIII luchan entre sí turcos, persas y rusos por el dominio de Chechenia y el Cáucaso.

Al mismo tiempo, muy lentamente, los valles y las aldeas más remotas fueron aceptando el islam que, en su avance, fue ocupando casi todo el Cáucaso en el siglo XVIII. La región se fragmentó en pequeños janatos o clanes donde la autoridad religiosa se confundía con la política. Tan sólo los georgianos, los armenios y los osetinos no se islamizaron, mientras otros pueblos, como los kalmucos, de origen mongol, preservaron el budismo.

Los chechenos son musulmanes sunnitas, si bien pertenecientes a una rama muy minoritaria: los sufitas. El sufismo es un movimiento gnóstico del islam que pone el énfasis en el misticismo y establece prácticas destinadas al logro de un mayor desarrollo espiritual interno. Los sufitas consideran que pueden alcanzar un contacto directo con dios y tienen un maestro que actúa como intermediario entre dios y los fieles.

Este es un elemento de identidad trascendental para comprender algunos de los acontecimientos chechenos, especialmente frente al último imperio de los tres que llegó a la región, el imperio zarista, de religión ortodoxa. A diferencia de otras ramas islámicas, los sufitas están organizados en hermandades (“tariqas”), de las cuales las más importantes y las más antiguas son la “Qadiriya” (fundada en 1166) y la “Naqshbandiya” (fundada en 1389). La influencia sufí ha sido más fuerte allí donde el islam ha estado más amenazado y actúa como fuerza integradora y movilizadora de los pueblos caucásicos frente a las amenazas externas. A partir del siglo XVIII el sufismo adopta una actitud política militante y militar, convirtiendo a las mezquitas en verdaderos centros de resistencia frente al colonialismo zarista.

Durante el siglo XVIII Rusia es un prototipo de monarquía absoluta y de régimen feudal. Pedro I El Grande (1682-1725) y Catalina II expandieron las fronteras del Imperio y trataron de conquistar y colonizar el Cáucaso. Esto significaba occidentalizar y, por tanto, imponer la religión ortodoxa, además de un sistema uniforme de administración. La política de Rusia hacia el Cáucaso se complementó con el reemplazo de la cultura islámica por la rusa (cambio del alfabeto árabe por el latino y después por el cirílico).

El jeque Mansur, primer dirigente muyahidin del Cáucaso

Se producen los legendarios levantamientos campesinos, tanto en las fronteras del Imperio como, sobre todo, en el interior de la propia Rusia. Naturalmente los dirigentes religiosos sufitas se opusieron a la colonización y alentaron su religión, a la que unieron el rechazo de las reformas administrativas, que les privaban de su poder, que en el islam es a la vez espiritual y político.

Se oponían a eso justamente y no por razones “nacionales” por cuanto Chechenia no era entonces una nación. El motor de la resistencia caucásica contra los rusos fue de tipo religioso, mientras los pueblos cristianos fueron integrados más fácilmente dentro el Imperio zarista.

Chechenia era un país muy atrasado, sometido a leyes tribales, basadas en costumbres ancestrales y atávicas. Los janes musulmanes tenían un poder absoluto sobre las vidas y las propiedades de los aldeanos y no se oponían a la servidumbre, de la que fueron beneficiarios hasta que un decreto imperial la abolió en 1861. La vida del Cáucaso estaba dominada por los “kanli”, de modo que ninguna ofensa podía pasar sin la venganza de los parientes de la víctima. La literatura épica chechena abunda en leyendas de conflictos interminables que empezaron con simples hurtos y acabaron con el exterminio de poblaciones enteras.

Los pueblos de la región opusieron una feroz resistencia a la conquista. La primera yihad entre los rusos y los musulmanes norcaucasianos se prolongó de 1785 a 1791. La guerra santa fue dirigida por los jefes religiosos y en ella, junto a los chechenos, estaban también los daguestanos, cherkesos, kabardos y abjasios.

En 1791 el jeque Manzur Ushurma, un musulmán sufí de la cofradía “Naqshbandiya”, alzó la bandera de la yihad islámica, que se caracterizó por lo siguiente:

— su naturaleza religiosa
— la dirección ideológica del sultán de Constantinopla
— la falta de unidad de los caucasianos.

Manzur Ushurma fue un personaje de oscura pero romántica biografía, por lo demás muy típica del Cáucaso. No era checheno sino italiano. Su nombre originario era Elisha Mansur, era sacerdote jesuita y había llegado a Anatolia para convertir a los griegos al catolicismo. Pero fue él quien se convirtió al islam y el sultán de Constantinopla le encomendó organizar la resistencia caucásica frente a los rusos. Sin embargo, no logró fundir a los pueblos del Cáucaso en un único frente. Todos aquellos montañeses sólo estaban unidos por su condición de “muridin”, creyentes seguidores de un mismo jeque sufí.

Su falta de unidad obstaculizó la resistencia frente al enemigo. En 1794 Manzur Ushurma fue derrotado y capturado en la batalla de Tatar-Toub. Pasó el resto de sus días preso en un monasterio en la costa de Anatolia, donde los monjes trataron infructuosamente de que regresara a la religión católica.

Los rusos ocuparon el Cáucaso con métodos brutales, matando y quemando todo lo que se oponía a su paso. En el centro de Chechenia establecieron una sólida fortaleza militar rusa, bautizada con el elocuente nombre de Grozni (“terrible”, en ruso). Las fértiles llanuras del norte de Chechenia, y más hacia el oeste el país de los tártaros, fueron arrebatadas a sus pueblos, que fueron expulsados hacia el Imperio Otomano y, en casos extremos, aniquilados, como los ubyks (emparentados con chechenos y abjasios). Los que permanecieron en sus tierras fueron forzados a trabajar como siervos para los terratenientes rusos.

La incorporación de Georgia al Imperio zarista pareció impedir de una manera definitiva el estallido de cualquier brote de resistencia en el futuro, ya que a partir de entonces Chechenia quedaba rodeada por territorios zaristas.

Ghazi Mullah, segundo dirigente de la yihad

Ghazi Mullah era un estudiante del pueblo de Avar, al sur de Daguestán. No era, pues, de origen checheno. Pronto se convirtió en un “murshid” (maestro) y empezó su propia enseñanza en 1827, eligiendo la villa de Ghirmi como centro de sus actividades. Los “muridin” de Ghirmi se distinguían del resto de los montañeses por sus banderas negras y por la ausencia de oro o plata en sus vestimentas y armaduras.

Durante los dos años siguientes, Ghazi Mullah propagó la idea de unidad de los musulmanes caucasianos frente al enemigo infiel, unidad que debería forjarse en torno a la ley islámica. Según él, los caucasianos no habían abrazado completamente el islam pues sus viejas leyes y costumbres, el “adat”, variaba en cada tribu, y por tanto tenían que ser reemplazadas por la shariá (ley) islámica. Viajó por todo Daguestán, predicando abiertamente contra el vicio, rompiendo con sus propias manos las grandes tinajas de vino que se vendían en el centro de las ciudades. Había que suprimir el “kanli”, las venganzas, y todas las injusticias tenían que ser juzgadas de acuerdo con la ley islámica. Sólo así, les dijo, podrían vencer sus viejas divisiones y conseguir la unidad para hacer frente a la amenaza de los infieles rusos.

En 1829 Ghazi Mullah consideró que sus “muridin” estaban preparados para la guerra. Había llegado el tiempo de la yihad. En una serie de encendidas alocuciones animó al pueblo para el “ghazwa”, la lucha armada: “¡Un musulmán debe obedecer la Shariá, pero todo su Zakat, todos sus Salat y abluciones, todas sus peregrinaciones a La Meca, no valen de nada si se hacen bajo la mirada Rusa. Vuestros matrimonios son ilícitos, vuestros niños son bastardos, mientras quede un solo ruso en vuestras tierras!” Los jeques islámicos de Daguestán reunidos en la mezquita de Ghirmi lo aclamaron como imam y le prometieron su apoyo. Marcharon tras Ghazi Mullah, cantando el grito de guerra de los muridin: “La ilaha illa Alá”.

Los rusos habían desplazado colonos a la región y el proceso de limpieza de musulmanes de sus tierras había comenzado. Para protegerlos habían construido fortalezas militares, en Grozni, Khasav-Yurt, Mozdok y en las planicies del norte.

Ghazi Mullah atacó y tomó el fuerte ruso de Vnezapanaya. Durante todo el período 1827-1859 se sucedieron las escaramuzas entre los montañeses y las fuerzas zaristas. Estas últimas llegaron a talar bosques enteros donde se ocultaban los guerrilleros, quemaron los cultivos y destruyeron 61 ciudades.

Pero lentamente los “muridin” se tuvieron que replegar a las montañas. Ghazi Mullah decidió hacerse fuerte en Ghimri. Después de un amargo asedio, con numerosas bajas en ambos bandos, las tropas rusas entraron en la ciudad identificando a Ghazi Mullah entre los muertos.

El León de Daguestán
Tras la muerte de Ghazi Mullah, su discípulo más influyente, el imam Shamil (1796-1871), el León de Daguestán, se convirtió en otro “murshid” (maestro), quizá el dirigente más conocido de la resistencia montañesa contra los rusos.

Gravemente herido en Ghimri, Shamil había logrado romper el cerco y huir con los supervivientes para reemprender la lucha. Marchó hacia Sakli, una villa rural junto a los ríos helados del alto Daguestán. Fue aclamado como el Imam al-Azam, el dirigente de todo el Cáucaso y aprovechó su influencia para imponer la paz entre las distintas tribus musulmanas de la región, hasta entonces enfrentadas entre sí.

Había nacido en el seno de una familia noble de Avar, el mismo pueblo en el que había nacido Ghazi Mullah y donde apacentaba el rebaño de ovejas de su familia. Tampoco era, pues, checheno. Con Ghazi Mullah había sido discípulo de Muhammad Yaraghi, el maestro que enseñaba a los jóvenes que no bastaba con la pureza espiritual, sino que, además, debían combatir con las armas en la mano para hacer prevalecer la ley de Alá, la sharía, sobre las leyes paganas de las diferentes tribus del Cáucaso. Tan sólo entonces Alá les daría la victoria sobre los rusos.

El levantamiento se inició en Daguestán, región contra la cual los rusos lanzaron su ataque en 1831. En la ciudad de Ashilta, al tiempo que los rusos se aproximaban, 2.000 muridin juraron sobre el Corán defenderla hasta la muerte. Después de una encarnizada lucha en las calles, los rusos la tomaron y destruyeron, sin poder apoderarse de ningún prisionero.

Las operaciones militares prosiguieron entre 1832 a 1839. Shamil recurrió a la guerra de guerrillas ante la imposibilidad de ganar una batalla frontal contra los bien preparados y numerosos ejércitos rusos. Dividía al enemigo, lo atraía a remotas montañas y bosques para caer sorpresivamente sobre él en ataques fulgurantes. Moviéndose con una extraordinaria rapidez, los guerrilleros engañaban al enemigo y le asestaban golpes por sorpresa. Pero tenían que defender las ciudades que, a pesar de sus fortificaciones, eran vulnerables a los asedios con la moderna artillería.

Los rusos llegaron a lanzar al combate hasta medio millón de mercenarios contra los guerrilleros de Shamil, que envió peticiones de ayuda a los dos principales dignatarios musulmanes del mundo; al Sultán de la Sublime Puerta, que además de mandar en el Imperio Otomano, ostentaba el título de Califa (Comendador de los Creyentes) y, como tal, era el dirigente espiritual del mundo islámico. Y al Emir de La Meca, Guardián de los Santos Lugares del islam. Ni uno ni otro prestaron ninguna ayuda a Shamil, que en 1859 fue derrotado. El último grupo de 400 guerrilleros se entregó a una formación rusa de 40.000 hombres, bajo el mando del general Baratinski. Como renocimiento a su heroísmo, el zar permitió a Shamil conservar su espada. Confinado al sur de Moscú, se exilió luego en Estambul con su familia y falleció el 4 de febrero de 1871 durante una peregrinación a La Meca.

Los supervivientes sólo pudieron seguir viviendo en las montañas. Convencidos de que serían difícilmente asimilables, los rusos les presionaron para que emigraran hacia el Imperio Otomano. Entre 1858 y 1864, unos 500.000 miembros de distintas tribus caucasianas se refugiaron en Turquía, Siria y los Balcanes.

Los chechenos consideran a Shamil como su héroe legendario. Basaiev, uno de los dirigentes islamistas que a finales del siglo pasado volvió a luchar contra los rusos en Chechenia, tomó de él su nombre de pila. Pero, en realidad, Shamil es el héroe de todos los pueblos montañeses del Cáucaso y de todos los musulmanes. La Naqshbandiya sufí mantiene actualmente un museo en Pakistán en el que se veneran sus reliquias y fue la inspiración ideológica de los talibanes afganos contra la intervención soviética a partir de 1979. Allí se entrenó Basaiev en los campamentos que organizó la CIA.

España experimenta durante la crisis la mayor concentración bancaria de los grandes países de la UE

España es el mercado europeo que ha experimentado la mayor concentración bancaria durante la crisis, con cuotas de negocio en manos de los cinco primeros agentes muy superiores a las acumuladas por entidades gemelas en mercados comparables.

El porcentaje de activos bancarios que gestiona el top five ha escalado desde el 42,4 por ciento existente cuando la subprime estadounidense propagó la crisis al 61,8 por ciento al cierre del pasado ejercicio, según el informe anual ‘EU structural financial indicators’ del BCE. El dato ha quedado ya desfasado con la intervención del Popular y su adjudicación al Santander y se reforzará cuando Bankia absorba a BMN.

Sobre el mapa general, el negocio en manos de las mayores entidades es, incluso, inferior al 63,4 por ciento medio de Europa, si bien en el cálculo de esa referencia condiciona la posición de absoluto dominio por parte de los bancos principales en mercados de pequeña dimensión como Grecia, Holanda, Malta, Estonia o Lituania, donde su participación excede el 80 por ciento. En Francia, Alemania, Reino Unido e Italia las cuotas oscilan entre el 31,4 y el 43 por ciento.

El reactivo de las uniones son las dificultades. El mapa español ha pasado de estar configurado por unas 60 entidades a reducirse a una docena con las sucesivas oleadas de fusiones, en su mayoría para evitar la caída de antiguas cajas de ahorros, casi hasta la intervención del Popular. El sector enfrenta un problema estructural de resultados, con el desplome a cero de los tipos de interés y la débil contratación. Cuando el flujo de ingresos escasea -el crédito se ha reducido un tercio en España-, hay un incentivo en buscar mejoras vía eficiencia y productividad.

La presión para nuevas transacciones es continua por parte de supervisores -BCE y Banco de España- y organismos internacionales, como el FMI. En mercados como Italia o Portugal se da por inevitable, mientras que en España no quedaba tan claro después del intenso proceso experimentado.

Las entidades medianas, las más expuestas a una integración, se aferran a la independencia y querer probar la viabilidad de su modelo de negocio apegado al territorio o de nicho. La capacidad de resistencia a entrar en operaciones depende, sin embargo, de factores exógenos que afectan al conjunto de la banca europea.

Por un lado el BCE tardará aún en dar la vuelta a la política monetaria y las expectativas es que las subidas de tipos serán limitadas y progresivas; lo que obliga a sobrevivir más tiempo con los estrechos márgenes y cuando se han agotado casi todas huchas -plusvalías por venta de deuda, participadas o negocios o rebaja en la retribución de los depósitos-. Por otro lado, organismos como el Comité de Basilea o la EBA dan por casi cerrado el marco regulatorio, pero la realidad es que su aplicación es progresiva y exige unos recursos cada vez más difíciles de levantar.

http://www.eleconomista.es/banca-finanzas/noticias/8436646/06/17/La-mayor-concentracion-de-los-grandes-paises-de-la-UE.html

Comunicado de Red Roja sobre los jóvenes de Altsasu

La enorme brutalidad de la petición de la fiscalía de 375 años de cárcel para los jóvenes de Altsasu destaca la evidencia de que mientras algunos se obcecan en mirar para otro lado y negar la naturaleza de clase del Estado, la oligarquía que detenta el poder heredado de la Dictadura desde la Transición sigue descargando sobre los oprimidos toda la violencia de sus aparatos. Cuanto menos claro lo tengamos y actuemos como si esto fuera una democracia, más desprevenidos y débiles nos encontrarán.

Lo que el poder entiende es la sumisión a sus dictados. La legislación antiterrorista, que se mantiene íntegra, es aplicada a su albedrío y es su arma contra quienes no hincan la rodilla con la suficiente presteza. Y la esgrimen especialmente contra la juventud, como demuestra el escarnio del caso de Alfon, intentando que el terror paralice la inevitable respuesta de quienes tienen toda la vida por delante y ningún futuro mínimamente asegurado.

Quienes no contemplamos la sumisión a su barbarie, sabemos que la solidaridad, la unidad en la lucha y, sobre todo, la organización son las tareas inmediatas que nos apremian.

¡Amnistía y libertad para todas las personas encarceladas o procesadas por luchar!

15 DE JULIO DE 2017

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