Los fondos de recuperación Next Generation, tan lejos y tan cerca

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La burbuja que se está formando con dinero público a cargo de las deudas soberanas, explotará más pronto que tarde de forma generalizada.

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Kike Parra (UyL).— ¿Sabes en qué veo que las comiste de tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.

Así es cómo el ciego supo que Lázaro de Tormes engullía más uvas que él.

Con los Fondos de Recuperación Next Generation de la Unión Europea debe estar pasado algo similar. Hay quienes se han llevado dinero a espuertas (y aún se llevan), mientras que otros callan. Solo se puede entender desde la lógica del beneficio mayor de aquellos que en silencio también se han enriquecido.

Cuando estamos en pleno periodo de ejecución de estos fondos, parece que la actualidad también silencia todo lo relativo a este asunto como si fuera algo del pasado. Es una cuestión que ya no forma parte del momento. Las noticias sobre otras cuestiones (amnistía, inicio de legislatura, “conflicto” palestino-israelí), acaparan el prime time.

A pesar de que el Gobierno, en la página web del PRTR, informa de la marcha de los fondos con determinados informes, no se aportan datos claros sobre el grado de ejecución, sectores económicos de destino y tipo de empresa beneficiada, según ha denunciado FUNCAS (Fundación de Cajas de Ahorros). Esto ocurre cuando las consecuencias del dispendio todavía no hemos comenzado a sentirlas. Aún vivimos bajo los efectos anestésicos de la lluvia de millones.

Sin embargo, es importante recordar que parte de estos Fondos son a devolver y que, a partir de 2024, la Unión Europea reactivará el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC). Toca política de austeridad y contención del gasto público orientado a reducir una deuda pública que amenaza con hacer saltar en pedazos la economía.

Volviendo a la falta de crítica sobre lo esencial de estos Fondos, es cierto que el Partido Popular, con el comienzo del reparto económico de las partidas, criticó e, incluso, falseó información sobre su gestión. Voceros del partido como Díaz Ayuso o Rafael Hernando llegaron a difundir que la UE iba a congelar los fondos por el oscurantismo de la gestión. También se dudó sobre su destino. Todo ello, más como un elemento para desestabilizar al gobierno que para oponerse al recibo de los fondos en sí.

También y en la misma línea, Ciudadanos se opuso, atendiendo a criterios relacionados con su  gestión y las dudas que les suscitaba.

Entre el sector nacionalista catalán, ERC y CUP, que votaron en contra, sí que hubo alguna crítica sobre la posibilidad de que los beneficiarios principales fueran grandes empresas (siempre con la boca pequeña y sin la vehemencia empleada en otras defensas), pero tanto JxCat como PDECat centraron sus criticas en la opacidad y el centralismo del reparto. De hecho, es curioso cómo en los nuevos pactos de investidura, vuelve a la palestra esta cuestión, formando, así, parte de los acuerdos.

Recordamos que los fondos NGEU asignados a España son un total de 176.256 millones de euros, de los que  92.256 son transferencias no reembolsables y el resto (84.000), préstamos a devolver. La ejecución de estos fondos se realiza por tres vías distintas: subvenciones y licitaciones, transferencias a comunidades autónomas y corporaciones locales, y los Proyectos Estratégicos para la Recuperación Territorial y Económica (PERTE).

Estos últimos proyectos (PERTE) suponen en la práctica, bajo el eufemismo clásico de “colaboración público-privada”, una concesión para que las decisiones políticas y, por tanto, soberanas, se planifiquen desde las mesas de una administración intervenida y constituida al amparo de esta colaboración (concesión), con el objetivo de establecer las “líneas estratégico-políticas”, definitorias en materias tan importantes como la energía, la sanidad, el transporte, etc., con la activa participación de los monopolios, “benefactores” de estos proyectos millonarios. Valga como ejemplo el PERTE del automóvil capitaneado por Volkswagen, Iberdrola, Ford…

Los Fondos de Recuperación se presentaron para garantizar una transición energética que permitiera, bajo el argumento de la “economía verde”, la independencia energética de Europa, que tiene escasos recursos energéticos y que ha optado por el suicidio a través de la progresiva ruptura con Rusia y China. Lo patético de la cuestión es que al igual que Europa no tiene recursos energéticos, tampoco tiene los minerales para permitir el objetivo de la implantación.

El fracaso evidente de esta “política verde” (eje fundamental de los Fondos de Recuperación y Resiliencia junto con la digitalización), al menos para Europa, para ganar autonomía energética, combatir el problema medioambiental, etc., no es óbice para que las grandes multinacionales de la energía estén haciendo su agosto y apuntalando la conversión de España en territorio económico extractivo con la degeneración territorial que eso conlleva para nuestro futuro. El pelotazo del hidrógeno verde es un ejemplo de cómo Repsol, Alsa, Enagás, etc. reciben subvenciones a manos llenas sobre este “vector energético” de tan dudosa eficacia.

El fiasco de Siemens Gamesa y, en consecuencia, de la alemana Siemens Energy, pone en evidencia, por un lado, el robo y expolio sistemático a la que se somete a la clase trabajadora mediante las subvenciones e inyecciones (rescates) económicas y, por otro, la burbuja que, con dinero publico y cargo a las deudas soberanas, se está formando y que más pronto que tarde explotará de forma generalizada, arrastrando el resto de sectores con ella.

El otro aspecto destacable de estos fondos, la digitalización, que tuvo la intención de aumentar la productividad a través de la implementación de nuevas tecnologías, parece que tampoco va camino de lograr éxito.

La cuarta revolución industrial ilusionó a nuestra clase dominante con comenzar un nuevo ciclo expansivo de contratendencia a la caída tendencial de la tasa de ganancia. La realidad de los datos macroeconómicos y la Guerra Total como último recurso desesperado para sostener el capitalismo mundial hegemónico del Occidente Colectivo nos muestra que la recesión ya llegó a parte de Europa (Alemania), que se extenderá al resto y que ese sueño de volver a la era de oro del capitalismo amenaza con convertirse en una pesadilla para los pueblos del mundo.

No obstante, en lo inmediato, veremos un 2024 que será el año en que nos despertaremos en esta España de expresión histriónica del fascismo y de absurda retórica y postureo socialdemócrata y seremos conscientes de que hay que empezar a pagar las deudas. Entre ellas, la cuenta de la fiesta New Generation, esa fiesta que sólo unos pocos (los de siempre) han disfrutado.

Será el momento de reorganizar las bases populares, de pedir explicaciones a quienes contribuyeron con su silencio a empobrecer e hipotecar el futuro de nuestra juventud, de hacer cálculos para hacer devolver a aquellos lo que se llevaron, de ir preparando la única transición posible: la del abandono del mundo basado en unas reglas obsoletas, incapaces de aportar algo más a la humanidad y de comenzar un camino autónomo de emancipación social, que racionalice los recursos disponibles para garantizar el bienestar de la mayoría. Hasta que no lleguemos a alcanzar esta meta, el expolio, la explotación, el apartheid social, el incremento de la violencia, etc. alcanzarán cuotas que no hemos vivido hasta ahora.

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