LA JORNADA DE TRABAJO EN EL CAPITALISMO

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Partíamos  del supuesto en los limites de la jornada laboral de que la fuerza del trabajo se compra y se vende por su valor. Este, como el de cualquier otra mercancía, se determina por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Por tanto, si la producción de los medios de vida exige, día tras día, seis horas, el obrero tiene que trabajar en promedio seis horas para producir diariamente su fuerza de trabajo o reproducir el valor obtenido de su venta. La fracción necesaria de su jornada de trabajo asciende, entonces, a seis horas y es, por consiguiente, de permanecer las demás circunstancias invariables, una magnitud determinada. Pero, con ello, no está dado aún el día de trabajo mismo.

 

Como además, la proporción tiempo de plus trabajo entre el tiempo de trabajo necesario determina la tasa del plusvalor, para obtener esta tasa no hay más que establecer aquella proporción. La jornada de trabajo, no es, por tanto, una magnitud constante sino variable. Cierto es, que una de sus partes está determinada por el tiempo de trabajo necesario para la reproducción constante del propio obrero, pero su magnitud total cambia al variar la longitud o duración del plus trabajo. La jornada de trabajo es, por consiguiente determinable, pero en sí y para sí indeterminada.

Peo, aun no siendo una magnitud fija sino fluida, la jornada laboral, puede, de otra parte, sólo variar dentro de ciertos limites, sin embargo, su límite mínimo es indeterminable. Cierto es que, suponiendo la línea de prolongación bc, o sea el plustrabajo, = O, obtenemos un límite mínimo, a saber, aquella parte de la jornada que el obrero debe necesariamente trabajar para subsistir. Pero en base al modo de producción capitalista, el trabajo necesario no puede constituir sino solo una fracción de la jornada laboral, es decir, el día de trabajo no puede reducirse nunca a su mínimo. En cambio , la jornada de trabajo tiene un límite máximo.

No es prolongable más allá de un determinado punto. Dicho límite máximo está fijado de un doble modo. De una parte, por los límites físicos de la fuerza de trabajo. Durante el día natural de 24 horas, el hombre puede gastar únicamente una cantidad determinada de fuerza vital. De igual manera, un caballo puede trabajar, en promedio, solo ocho horas diarias. Durante una parte del día la fuera de trabajo debe descansar, dormir,, mientras que durante otra parte del mismo, el hombre debe satisfacer otras necesidades físicas, alimentarse, asearse, vestirse, etc. Además de esta frontera puramente física, la prolongación de la jornada laboral choca con límites morales. El obrero necesita tiempo para satisfacer necesidades espirituales y sociales cuyo volumen y número se determinan por el nivel general de cultura.

La variación de la jornada de trabajo oscila, pues dentro de los limites físicos y sociales. Pero, estos marcos son de naturaleza muy elástica, ofreciendo un gran campo de maniobra. Es por esta razón que encontramos jornadas laborales de 8, 10, 12, 14, 16, 18 horas, o sea, de las más diversas duraciones. El capitalista ha comprado la fuerza de trabajo a su valor diario. Le pertenece su valor de uso durante un día de trabajo. Por tanto, ha adquirido el derecho a hacer trabajar al obrero a su servicio durante una jornada.. Pero ¿que es una jornada de trabajo?.

En cualquier caso, menos de un día natural. ¿Y cuanto menos? el capitalista tiene su propia opinión sobre esta última Thule (isla situada en el extremo norte de Europa), la frontera necesaria de la jornada laboral. Como capitalista es solo capital personificado. Su alma es el alma del capital. Pero el capital tiene únicamente una finalidad vital: valorizarse, crear plusvalor, absorber con su parte constante los medios de producción, la mayor masa posible de plustrabajo. El capital es trabajo muerto que, como un vampiro revive únicamente chupando trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa. El tiempo, durante el cual trabaja el obrero, es el tiempo durante el cual el capitalista consume la fuerza de trabajo adquirida.

Si el obrero consume para si el tiempo a su disposición, roba al capitalista. Alargando la jornada laboral sin medida, puedes en un día absorber una cantidad de mi fuerza de trabajo mayor de la que yo puedo reponer en tres días, lo que tú ganas así en trabajo, lo pierdo yo en sustancia laboral. La utilización de mi fuerza de trabajo y su expoliación, son cosas bien distintas. Si el periodo medio que puede vivir un obrero trabajando racionalmente es de 30 años, el valor de la fuerza de trabajo que me pagas diariamente es 1 : 365 x 30, o 10.950 de su valor total. El capitalista se acoge a su derecho como comprador tratando de prolongar lo más posible la jornada de trabajo y convertir, de ser factible, una jornada en dos.

Y en la historia de la producción capitalista se presenta la reglamentación de la jornada laboral como una lucha por los límites de ésta, una lucha entre el capitalista global, es decir la clase de los capitalistas, y el obrero global, o sea, la clase obrera.

Carlos Marx
EL CAPITAL (Crítica a la Economía Política)

Editorial Progreso de Moscú.

Julio Tuñón Osoro

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