
El comandante de la Armada estonia, Ivo Vark, ha dado marcha atrás, declarando que a partir de ahora Estonia ya no abordará los buques pertenecientes a la “flota en la sombra” rusa porque “el riesgo de una escalada militar es demasiado alto”.
“La presencia militar rusa en el Golfo de Finlandia se ha vuelto mucho más visible” debido a las nuevas patrullas navales rusas permanentes, mientras que “en el Océano Atlántico y el Mar del Norte, la presencia rusa es muy reducida”. Por lo tanto, es más probable que se aborden buques rusos en esas zonas que en el Mar Báltico.
El viernes un buque de la armada estonia en el Golfo de Finlandia observó a una corbeta rusa cerca de un gran grupo de petroleros que esperaban para entrar en un puerto ruso cercano y cargar petróleo.
La mera presencia de la Armada rusa ha bastado para obligar a Estonia a renunciar a sus pretensiones piratas, lo que sugiere que las misiones de escolta podrían llevar a otros países a hacer lo mismo en aguas más lejanas.
Sin embargo, los piratas aún pueden aprovechar que la Armada rusa no cuenta con una flota lo suficientemente grande como para escoltar cada buque individualmente. La mayoría de estos buques se dirigen a China e India; por lo tanto, se trataría de misiones de larga duración, que implicarían una verdadera circunnavegación de Eurasia a través del Canal de Suez.
En esa zona Estados Unidos y sus cómplices podrían interceptar más fácilmente los buques rusos si así lo desearan, pero probablemente solo con el consentimiento de Egipto, ya que es improbable que violen la soberanía de su aliado realizando tales operaciones en sus aguas territoriales, tanto en la entrada como en la salida del canal.
Las bases británicas en Chipre podrían utilizarse en apoyo de las misiones de piratería en ese escenario, al igual que la base estadounidense en Yibuti si se decide interceptar estos buques cerca del cruce de Bab El Mandeb.
Es difícil que la Marina británica aborde unilateralmente los buques de la flota rusa escoltados por buques de guerra. Dicha operación solo podría llevarse a cabo con el consentimiento de Estados Unidos. Sin embargo, el Pentágono podría rechazar la propuesta británica porque es probable que Rusia haya autorizado a su Armada a intervenir contra cualquier intento de abordaje de los petroleros escoltados.
Los piratas también podrían recurrir a Ucrania para atacar con drones a una flota rusa escoltada por buques de guerra. En tal caso, la Guerra de Ucrania se extendería por los mares del planeta, lo que supondría una escalada de consecuencias impredecibles.
Los rusos ya sospechan que Ucrania tiene una base de drones en Libia, desde la que han bombardeado dos mercantes. Incluso los imperialistas podrían expandir la presencia de Ucrania en el norte de África para llevar a cabo más ataques.
En definitiva, aunque la Armada rusa ha obligado a Estonia a abstenerse de abordar sus buques y podría disuadir a otros países de escoltar grupos de estas embarcaciones, los drones ucranianos siguen representando una amenaza.
Además de integrar las técnicas antidrones en futuros convoyes, Rusia podría pedir a Estados Unidos que ordene a Ucrania cesar sus ataques, como parte de una serie de compromisos mutuos destinados a poner fin a la guerra. Sería la mejor manera de garantizar la seguridad de sus exportaciones marítimas de energía.

