
Juan García Martín / Preso político del PCE(r)
En la revista El Otro País n.º 119, sep-oct 2026.
¿Sirve para algo mi voto? ¿Quién se beneficia con mi voto? ¿Aún no te has hecho esas preguntas? Pues si eres de los que participan asiduamente en lo que llaman “la fiesta de la democracia” ya va siendo hora de que te las hagas ¿no? Tras décadas de ir a echar cada equis tiempo los sobrecitos en una urna y viendo cómo está el patio (el delantero, el trasero y el global) es pertinente y útil para tu salud mental y política que te sientes a reflexionar sobre todo ello mirando fijamente la papeleta con el nombre del candidato por el que votaste la última vez; ejercicio aún más sano si tenemos en cuenta que entre el año pasado y lo que llevamos de 2026 nos han convocado tropecientas veces a las urnas (así lo ha parecido por el peñazo soporífero de campañas electorales que hemos soportado) y que se acercan peligrosamente las elecciones autonómicas y municipales y las generales (¡Socorro!).
Por supuesto que argumentos para ir a votar te los ofrecen a montones; cada convocatoria a las urnas viene acompañada de una amplísima campaña para animar a la participación, donde no faltan los imprescindibles y muy manipulados “testimonios de la calle” … De entrada, ¿nunca te has preguntado por qué no salen testimonios de abstencionistas cuando el “partido de la abstención” es el verdadero ganador de todas las elecciones? Pero volvamos a los argumentos “participacionistas” que, por supuesto, ningún comentarista rebate en pantalla.
La mayoría son tópicos del tipo:
►“Si no votas, otros deciden por ti” … cuando a la postre siempre son “otros” los que deciden por ti entre elección y elección (y quién sabe si en la misma elección)
►“Si no votas, luego no te puedes quejar” … y aunque te quejes, ¿sirve para algo si no te echas a la calle a “quejarte”?
►“Si no votas renuncias a un derecho democrático” … como si abstenerse no fuera también un derecho.
► “Si no votas siempre gana la derecha” … supremo argumento de la izquierda participacionista para, luego, con tus votos ¡acabar haciendo la política que haría esa derecha!
►“Si no votas, debilitas la democracia” … como si la corrupción, el militarismo, la represión, los jueces venales, el problema de la vivienda o la privatización de servicios no fuera suficiente muestra de “debilidad”.
También hay “testimonios” que hablan en positivo:
►“Voto para que cumplan” … ja-ja-ja
►“Votando decido nuestro futuro” … ¿o el de “ellos”?
►“Voto para arreglar cosas” … luego haremos un balance de las cosas que se han “arreglado” en este país con los votos y la “perla” de moda entre la izquierda timorata, vendehúmos y entreguista: “Hay que votar para parar al fascismo”, lo cual debería hacer pensar a cualquier potencial elector en cuestiones sesudas como ¿qué se entiende hoy por fascismo? Si piensas que vuelve el “duro”, tipo años 30, que entonces ni con milicias populares y una guerra se logró parar, ¿acaso lo pararíamos echando una papeleta en las urnas? Y si es a VOX, el PP o las bandas de marionetas descerebradas que berrean por las calles, ¿es a ellos a los que hay que “parar” o es a los que manejan los hilos? y la cuestión clave: si los del PSOE son, como algunos pensamos, verdaderos “socialfascistas” (a los hechos de su trayectoria nos remitimos) ¿acaso no estoy contribuyendo con mi voto a su política represora, imperialista y vendeobrera?
Quizá, de entrada, no sea sencillo responder a esas preguntas, así que vamos a replantearlas al revés, trayendo de nuevo a colación lo de “voto para arreglar las cosas”:
¿Qué has conseguido en estas décadas de “democracia” con tu voto? Para que te puedas responder acertadamente, basta con mirar a tu alrededor, a tu familia y a ti mismo y preguntarte: ¿cuáles son los principales problemas que nos acogotan desde hace décadas, desde la famosa “Transición”?, ¿cuáles se han resuelto por vía parlamentaria, autonómica o municipal? Veamos algunos ejemplos.
Por empezar por lo más sangrante, por la represión cronificada de comunistas, antifascistas, sindicalistas, artistas contestatarios, nacionalistas consecuentes y demás “gente de mal vivir” (porque no los dejan vivir, claro). Pues ya vemos que en España sigue habiendo presos políticos, en las cárceles y comisarías sigue habiendo, como mínimo, malos tratos, hay raperos procesados o en prisión, hay miles de sindicalistas que han sido apaleados por ejercer su derecho a la huelga o viven bajo la amenaza de entrar en la cárcel; otros han sido encarcelados o castigados con multas millonarias. Y, gracias a tu voto, se aprobó esa perla represiva que es la “Ley mordaza” que, gracias también a que votaste para “parar al fascismo”, aún no han tenido bemoles de derogarla los que lo prometieron.
Vamos ahora con las cosas de comer. A ti, que lo estás viviendo, ¿hace falta que te recuerde lo difícil que es que te cuadren ingresos y gastos para poder llegar a fin de mes o las cosas a que has tenido que renunciar en estas décadas pasadas? Y ello a pesar de que, gracias a tu voto, han podido anunciar a bombo y platillo una subida del salario mínimo que sólo sirve para maquillar la drástica bajada de tu poder adquisitivo.
Los bancos y grandes monopolios te siguen chupando hasta el tuétano vía hipotecas usurarias o comisiones hasta por pasar por su puerta, todo muy legal, claro, porque con tus votos han hecho leyes que permiten esas exacciones abusivas, los precios de monopolio, las privatizaciones, etc. ¿Hace falta que te recuerde que hoy esos monopolios oligárquicos están ganando como nunca lo hicieron?
Capítulo aparte merece el problema de la falta de vivienda para los trabajadores y sus familias. ¿Cuántas campañas electorales llevamos donde todos los politicastros, de una u otra bancada, prometen solucionarlo? ¿Lo han hecho o lo han empeorado? Más aún, ¿se puede arreglar sin cuestionar seriamente las formas vigentes de acceso o, en su caso, adquisición de una vivienda y su finalidad última -vivir o especular- en un contexto constitucional que consagra la propiedad privada como un derecho intocable? ¿Algún partido de los que piden tu voto te ofrece cambiar esto? Y de hacerlo, ¿te dicen cómo y con qué fuerza cuentan para torcer el brazo a los “fondos buitre”? Pues que sepas que en las próximas convocatorias electorales te van a volver a engatusar con esta promesa. Tú verás lo que haces.
En cuanto a los derechos laborales … ¿se te ha olvidado la promesa de derogar la “Reforma Laboral” del PP? ¿O no te acuerdas que, con tu voto, “el gobierno más progresista de la historia” refrendó dicha ley con algún arreglo cosmético? Las cifras de paro siguen entre las más altas de Europa y el paro juvenil es crónico; siguen las diferencias salariales entre trabajadores que hacen el mismo trabajo, vía subcontratas o vía discriminación por género. El despido sigue baratísimo y lo de “fijo discontinuo” que usan abundantemente los de SUMAR (a los que probablemente tú votaste) enmascara el aumento de la precariedad laboral.
Podríamos también hablar de la desindustrialización (¡viva los diez millones de votos para Felipe González y sus secuaces!), pero igual esto nos lo arreglan, es un decir, con la ayuda de los chinos (si les dejan los alemanes y yanquis, claro) y, sobre todo, con los planes europeos de militarización de la economía (y de nuestra vida… no seamos ingenuos). Con vuestros votos, se está legitimando la complicidad española en el genocidio palestino (lo de Gaza ya se ha quedado corto), el apoyo a los nazis ucranianos en los planes de la OTAN para debilitar y trocear Rusia o las intervenciones imperialistas, más o menos abiertas, en Oriente Medio y África. Construiremos fragatas, misiles, drones, tanques y acabarán por poner un uniforme a nuestros hijos. No es alarmismo: son las declaraciones, cargadas de “valores” eso sí, de los políticos que habéis legitimado con vuestros votos.
Acabamos la enumeración de “mejoras” conseguidas estas décadas pasadas de “democracia” con los tan añorados “servicios públicos”… Sanidad, educación, residencias, agua, gas, electricidad… todo se ha ido por el fondo insaciable de una urna electoral conectada directamente con la Bolsa y los bolsillos de unos pocos supermillonarios.
Volvemos a repetir la pregunta de antes: ¿Qué has conseguido en estas décadas de “democracia” con tu voto?
Y habrá algunos que, resistiéndose a la frustración, nos contestarán: Algo se ha conseguido cambiar, ¿no? Nos hemos vuelto más modernos (se entienda esto como se entienda), más tecnificados, más europeos; podemos viajar, vestir como queramos, celebrar fiestones, llevar tatuajes, lucir “orgullo”… Por supuesto, todas las “mejoras” que sirvan para distraernos de la realidad sangrante que vivimos y que, además, den dinero y “caché democrático” ¡bienvenidas sean!, ¡viva la libertad muy muy individual!, ¡viva el poder votar cada cuatro años!
Pero, por favor, no nos quites méritos: si se han conseguido algunas mejoras, aunque sean “periféricas” al sistema y, desde luego, si hemos conseguido mantener algunas de las conquistas económicas y sociales de décadas pasadas, ¿ha sido gracias a los votos o ha sido gracias a los que no han creído en el régimen, no han votado, se han opuesto a él y vienen luchando en su contra desde las fábricas, los campos, los barrios, las calles y hasta las cárceles?
¡Oh, oh!, te lamentarás al leer estas líneas; ¿entonces no han servido para nada todos estos años de cumplir con mi deber democrático?, ¿mi voto lo han tirado a la basura? También hay quien va a decir: ¡Alto ahí!, que yo nunca he votado al bipartidismo, que yo soy muy de votar a partidos cuanto más a la izquierda, mejor y, por tanto, no me siento cómplice del gobierno de turno. Sigues sin entender nada: Tu voto sí ha servido, tu voto, del signo que sea, lo han sabido utilizar a conciencia (si no, ¿porqué se molestan en llamarte a votar?).
Como hemos visto, con tu voto se han hecho las leyes que permiten que los bancos, grandes monopolios y empresas trasnacionales sigan ganando millones a espuertas (Os acordáis de que una vez Pablo Iglesias, defenestrado fundador de PODEMOS al que votarías ilusionada, dijo que iba a poner firme a las eléctricas? Tururú; a él sí lo han puesto “firme”).
Los intereses (he ahí la clave para saber quién es quién en política y la naturaleza de un sistema) que defienden el régimen actual y los políticos a su servicio siguen siendo básicamente los mismos que defendieron los golpistas fascistas del ‘36, los intereses de los grandes monopolios financieros, comerciales, industriales y agrícolas; pero como hoy no nos gobiernan ni un dictador ni un rey absoluto sino que tenemos un fascismo parlamentario, necesitan dar una apariencia democrática a sus decisiones, necesitan hacer creer que es una decisión tuya o de una mayoría el que ellos sigan gobernando en la sombra y ganando (“cuando yo gano, todos ganamos, ¿no?”), necesitan incluso hacerle cómplice de tu propia explotación. Y como no sólo de mentiras vive el régimen, cada cuatro años se “regeneran” con un baño electoral de democracia. Para eso necesitan tu voto.
Votes a quien votes (incluso aunque sea a esos partidos de izquierda extraparlamentaria que, dicen, acuden a las elecciones a tener su “minuto de televisión”), echando la papeleta legitimas al régimen, estás aceptando las reglas del juego impuestas por ellos y sus consecuencias; y encima, te das un chute de frustración porque, en el fondo sabes que con tus votos y por vía parlamentaria no se va a arreglar nada. Más frustración todavía si ves que, además, con tu voto estás alimentando a toda una caterva de vividores, arribistas, parásitos, bocazas, enteraos y corruptos.
Y ahora es el turno de los más avispados lectores (que esperamos que sean mayoría) que nos dirán: “¡Ja, yo siempre me he abstenido, yo no me siento cómplice de nada!”. Os felicitamos por pertenecer al, como dijimos antes, partido ganador.
La abstención electoral tiene su valor, ya que contribuye a la deslegitimación del régimen, sus partidos y sus políticas; acentúa su aislamiento de los trabajadores, le hace actuar sin careta y, por tanto, dificulta la demagogia y facilita el que la gente lo vea como un enemigo de los intereses populares y luche contra él. Algo es algo pero … siempre hay un pero o varios.
La abstención tiene un techo, precisamente las personas y colectivos que por adhesión, por ignorancia, por rutina, por ilusionarse, por seguidismo y hasta por desesperación van casi siempre a votar, y a los cuales hemos dedicado la primera parte de este artículo. Hasta ahora y salvo alguna abstención autonómica de récord, el régimen ha sabido sortear las malas cifras de participación electoral hablando de “marginales”, de algo “puntual”, del mal tiempo o de la “mala comunicación” (la próxima vez lo haremos mejor). Además, llegado un punto de abstención que el régimen considere muy perjudicial o insoportable, no hay ninguna garantía de que, como ha ocurrido históricamente, manipule las cifras (hoy no hacen falta los “pucherazos” o “urnazos”; ¡a saber la de “milagros” que puede hacer con tu voto la Inteligencia Artificial!) o “rompa la baraja” y gobierne a cara de perro.
Conclusión: La simple abstención electoral ya no sirve, se queda corta como respuesta a los graves problemas que vivimos y a los que están por venir y frente a un Estado que se las sabe todas y dispone de ingentes medios para neutralizarla. Lo que necesitamos es un movimiento popular por un boicot consciente, organizado y activo.
Un boicot electoral consciente significa que hay que saber por qué no se vota, que no es una cuestión de pasotismo ni de anarquismo sino de no dar armas ni fortalecer al enemigo de clase y fascista; se trata de que hay que tener argumentos convincentes y firmes que sirvan para hacer campaña con ellos y que, a su vez, cada vez más gente sea consciente de que ir a votar va en contra de nuestros intereses.
Se necesita, por tanto, formar abstencionistas conscientes y que se organicen, por ejemplo, en “Plataformas por el Boicot” o como queramos llamarlo, para que actúen, en medio del marasmo institucional que nos llama a votar, ofreciendo una alternativa política (el boicot lo es y de lo más radical, como también lo es un Programa Unitario con las principales reivindicaciones democrático-populares) opuesta a la participación y al margen de los partidos institucionales, y que, con esta propuesta, vayan a los barrios, a los centros de trabajo, a los medios de comunicación alternativos a hacer campaña por el boicot electoral.
Transformar el “partido de la abstención” en un “Movimiento por el boicot”, seguro que le pone al Estado y sus políticos los pelos como escarpias. Pero tú habrás contribuido a ganarle una batalla política y, además, dejarás de estar frustrado y de sentirte engañado, robado o estafado ante una urna.


