América Latina vuelve a estar bajo asedio

América Latina vuelve a estar bajo asedio

La historia de América Latina parece condenada a repetirse una y otra vez. Cambian los nombres, cambian los métodos y cambian los rostros de quienes ocupan la Casa Blanca, pero el objetivo sigue siendo exactamente el mismo: mantener a nuestros pueblos sometidos a los intereses de Washington y de las grandes élites económicas que controlan el mundo.

Durante el siglo XX, los pueblos latinoamericanos sufrieron golpes de Estado, invasiones, bloqueos económicos, campañas de desinformación, asesinatos políticos y dictaduras militares impulsadas o respaldadas por los Estados Unidos. Aquella estrategia criminal recibió el nombre de Operación Cóndor. Hoy, décadas después, asistimos a una nueva versión adaptada a los tiempos modernos, pero con idéntica finalidad: impedir que los pueblos ejerzan plenamente su soberanía y garantizar gobiernos obedientes a los intereses del imperialismo estadounidense.

Venezuela, Cuba y Nicaragua llevan años siendo objeto de agresiones económicas, sanciones, bloqueos y campañas de desestabilización. No porque representen una amenaza militar para nadie, sino porque constituyen ejemplos de resistencia frente a la hegemonía de Washington. El mensaje es claro: cualquier país que pretenda decidir su propio destino será castigado.

Al mismo tiempo, en gran parte de América Latina han ido surgiendo gobiernos alineados con los intereses de Estados Unidos. Argentina, Ecuador, Perú, El Salvador, Honduras y otros países han visto llegar al poder dirigentes que, lejos de defender los intereses nacionales, parecen actuar como administradores locales de una agenda diseñada fuera de sus fronteras. Son gobiernos que hablan de soberanía mientras entregan recursos estratégicos, aceptan imposiciones económicas y subordinan su política exterior a los deseos de la potencia del norte.

La relación de sumisión resulta cada vez más evidente. Donald Trump representa una visión agresiva del poder estadounidense, una visión que considera América Latina como un patio trasero donde Washington tiene derecho a decidir quién gobierna y quién no. Quienes se pliegan reciben apoyo político, financiero y mediático. Quienes se resisten son convertidos inmediatamente en enemigos de la democracia.

La situación boliviana refleja con claridad esta lógica. Cuando los pueblos cuestionan a las élites impuestas o denuncian las traiciones de quienes gobiernan de espaldas a la ciudadanía, las potencias extranjeras intervienen diplomáticamente para proteger el orden establecido. Lo hacen utilizando un lenguaje aparentemente democrático, hablando de estabilidad institucional, orden constitucional y respeto a la voluntad popular, mientras respaldan estructuras de poder que favorecen sus intereses geopolíticos.

Resulta especialmente llamativo observar cómo determinados gobiernos latinoamericanos se alinean automáticamente con cada declaración procedente de Washington. Gobiernos que deberían defender la autodeterminación de los pueblos terminan actuando como simples portavoces de la política exterior estadounidense. La soberanía nacional queda reducida a una consigna vacía cuando las decisiones fundamentales se toman mirando hacia la Casa Blanca en lugar de escuchar a los propios ciudadanos.

La experiencia histórica debería servir de advertencia. Los pueblos latinoamericanos conocen demasiado bien las consecuencias de la dependencia, la subordinación y la intervención extranjera. Conocen los golpes de Estado, las desapariciones, las dictaduras y el saqueo económico que acompañaron a décadas de tutela imperial.

Por eso la verdadera discusión no consiste en elegir entre gobiernos concretos o líderes determinados. La cuestión fundamental es si América Latina seguirá siendo una región sometida a los intereses de potencias extranjeras o si será capaz de construir un futuro basado en la soberanía, la cooperación entre pueblos hermanos y la independencia política y económica.

La historia demuestra que ningún imperio es eterno. También demuestra que los pueblos pueden ser engañados durante un tiempo, pero no para siempre. Cuando la conciencia colectiva despierta y la ciudadanía comprende quién se beneficia realmente de las políticas impuestas desde el exterior, las máscaras caen y las verdades salen a la luz.

América Latina no necesita amos. No necesita tutelas extranjeras. No necesita gobiernos obedientes a intereses ajenos. Necesita soberanía, justicia social y dignidad. Y esas conquistas nunca han sido regaladas por los poderosos; siempre han sido fruto de la lucha de los pueblos.

 

André Abeledo Fernández

«Precarización alarmante»: sube la informalidad laboral en Argentina y alcanza su mayor nivel en nueve años

La informalidad laboral dio un fuerte salto en Argentina y llegó al 44,2%, su nivel más alto desde 2017. Según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la cifra trepó dos puntos en el último año y alcanza a casi seis millones de trabajadores, privados tanto de aportes jubilatorios como de protección laboral en los principales centros urbanos del país.

El dato coexiste con una paradoja: simultáneamente, el desempleo cayó del 7,9% al 7,8%, de modo tal que la informalidad creció porque absorbió a quienes perdieron el empleo registrado. Desde noviembre de 2023, el empleo asalariado privado registrado perdió alrededor de 300.000 puestos, según el Sistema Integrado Previsional Argentino. Las caídas más fuertes golpearon a la industria manufacturera, la construcción y el comercio: los tres sectores que concentran la mayor cantidad de mano de obra en el país y que más resintieron la retracción del consumo interno.

Los empleos por cuenta propia crecieron en 200.000 hasta los 3,8 millones. Buena parte de ese aumento son trabajadores que reparten comida o trasladan personas para plataformas digitales: sin contrato, sin obra social, sin cobertura ante accidentes ni enfermedades.

La manufactura acumula el deterioro más profundo del ciclo. Perdió más de 40.000 puestos a fines de 2023, registra niveles de empleo que no se veían desde hace dos décadas y en el último año cerró casi 1.000 empresas, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. El sector opera a un ritmo de producción que se ubica entre los más bajos de los últimos veinte años, con un uso de la capacidad instalada inferior al 60%.

Sobre un total de 22,6 millones de ocupados a nivel nacional, los trabajadores que no se encuentran en relación de dependencia —sumando a regímenes considerados «grises» como monotributistas y autónomos, calificados normativamente como meros «prestadores de servicios»— ya son mayoría.

El presidente argentino, Javier Milei, atribuyó la caída del empleo registrado al crecimiento del trabajo independiente y, en ese marco, en febrero promulgó la Ley de Modernización Laboral, que habilita un blanqueo para empleadores que regularicen trabajadores en negro, con condonación de hasta el 70% de las deudas por aportes y reducción de las contribuciones patronales al 8% anual.

Los datos del primer trimestre de 2026, publicados tres meses después de la promulgación de la ley, no muestran reversión de ninguna de esas tendencias. El empleo asalariado formal cayó de 6,1 millones a seis millones de puestos entre enero y marzo, mientras la informalidad sumó cerca de 400.000 trabajadores adicionales en el mismo período interanual, según el INDEC.

No obstante, el fenómeno es estructural. La informalidad en Argentina viene creciendo paulatinamente en la última década, alcanzando a los Gobiernos de Mauricio Macri (2015-2019) como de Alberto Fernández (2019-2023), de signo político opuesto. La novedad radica en que, en un solo año la tasa subió 2,2 puntos porcentuales, el mayor salto interanual del período reciente, y por primera vez la suma de informales y cuentapropistas superó a la de los asalariados registrados.

Un fenómeno en expansión

«La informalidad es el dato más importante del informe, porque explica por qué la desocupación no crece más: hay una precarización alarmante», dijo a Sputnik Luis Campos, investigador del Observatorio de la Central de Trabajadores Argentinos Autónoma. Según explicó, quienes son expulsados del empleo formal «no permanecen desocupados, sino que terminan refugiándose en modalidades cada vez más precarias de inserción«.

El experto sostuvo que el fenómeno se concentra en trabajadores independientes sin aportes ni cobertura social, como vendedores ambulantes, repartidores de plataformas o trabajadores de ferias populares. «Son las formas más precarias del mercado laboral», advirtió, al describir un universo «marcado por ingresos inestables y ausencia total de derechos».

El especialista remarcó que el deterioro no implica solo perder vacaciones, aguinaldo o licencias pagas. «Estamos hablando de trabajadores que, si se enferman o sufren un accidente, pueden quedarse sin ingresos de un día para el otro«, alertó. Esa fragilidad, explicó, profundiza la vulnerabilidad social de millones de hogares.

Para Campos, el avance de la informalidad responde a causas múltiples: menor rentabilidad empresarial, caída del consumo y un marco regulatorio más laxo. También apuntó al debilitamiento de los controles estatales y a incentivos institucionales que, según dijo, hoy vuelven «menos riesgoso mantener trabajadores no registrados».

Además, advirtió sobre el impacto estructural sobre el Estado. «Cada vez más trabajadores tendrán dificultades para reunir aportes jubilatorios«, señaló. En ese marco, consideró que el crecimiento sostenido del empleo informal erosiona el financiamiento del sistema previsional y amenaza la sustentabilidad futura de la seguridad social.

Un deterioro generalizado

Para el economista Ismael Bermúdez, el salto de la informalidad refleja una degradación acelerada del mercado laboral. «En un año, más de 500.000 personas cayeron en la informalidad laboral», afirmó ante la consulta de Sputnik, y advirtió que el fenómeno implica una pérdida masiva de derechos vinculados al empleo registrado y a la protección social.

Bermúdez vinculó el proceso con el deterioro de sectores intensivos en empleo, como industria, construcción y comercio. Según explicó, el cierre de empresas y la retracción productiva están «expulsando trabajadores formales hacia ocupaciones más inestables». «Detrás de cada empresa que cierra hay decenas o cientos de empleos que desaparecen», resumió.

El economista también señaló que la precarización no solo se expresa en la informalidad, sino en el crecimiento de la subocupación. «Cada vez más personas trabajan pocas horas y en condiciones no registradas», explicó. Sobre el aparente estancamiento del desempleo, Bermúdez planteó que la cifra oculta un deterioro más profundo. «El que pierde un empleo industrial termina manejando una moto o haciendo delivery«, graficó.

Finalmente, advirtió sobre el costo fiscal del fenómeno. «La informalidad reduce aportes y agrava el desequilibrio previsional«, afirmó. Según explicó, la menor recaudación impacta sobre la seguridad social, mientras el ajuste recae sobre jubilaciones cada vez más rezagadas frente a la inflación.

A quien hay que contener no es a Rusia sino a la OTAN

La incorporación de España a la OTAN fue consecuencia del Golpe de Estado del 23-F en 1981 y supuso un viraje radical en la tradicional política exterior de los gobiernos de Madrid, especialmente el reconocimiento del Estado de Israel.

Lo mismo ocurrió en los años noventa, mucho antes de la Guerra de Ucrania, cuando otros países europeos que ingresaron en la OTAN. En el otoño de 2021 Putin envió un proyecto de tratado a la OTAN para que no hubiera más ampliaciones de la Alianza.

 

Dos años después, en septiembre de 2023, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, reconoció aquella propuesta rusa en una intervención ante un comité conjunto del Parlamento Europeo. “Por supuesto que no firmamos aquello”, dijo Stoltenberg. La adhesión de Ucrania a la Alianza no era un tema negociable, o sea, solo se podía resolver por la fuerza.

Si la OTAN se creó para “contener” la expansión de la URSS, como dicen los occidentales, no tiene sentido que no se extinguiera tras la desaparición de la URSS, sino todo o contrario, que siguiera expandiéndose hasta los límites mismos de Rusia.

En otras palabras, la experiencia histórica demuestra que a quien hay que “contener” es a la OTAN, no a Rusia. La Guerra de Ucrania forma parte de esa política rusa de contención, que es completamente legítima.

No es casualidad que la OTAN quiera llevar esa expansión, ya no solamente hasta las fronteras de Rusia, sino incuso al Cáucaso, como demuestra el reciente caso de Georgia, un país al que han prometido la incorporación.

Hungría cae en las zarpas del capital extranjero

Hungría se unió a la OTAN el 12 de marzo de 1999, junto con Polonia y la República Checa. Fue la primera expansión de la OTAN desde el final de la Guerra Fría. La promesa de que la OTAN “no se extendería ni una pulgada hacia el este” fue ignorada.

Durante la década de los ochenta, el Partido Socialista Obrero Húngaro ya se había embarcado en aperturas y reformas económicas como parte de lo que se llamó “comunismo gulash”. Comenzó a llegar capital extranjero procedente de los países capitalistas occidentales, especialmente de Alemania.

A pesar de la lluvia de dinero, a finales de aquella década, la situación económica del país se deterioró. La deuda externa alcanzó niveles alarmantes, el crecimiento se estancó y la confianza en el socialismo quedó comprometida. Aprovechando la desmoralización de la poblacion, en 1990 se convocaron elecciones parlamentarias, que dieron la victoria al Foro Democrático Húngaro (MDF), un movimiento reaccionario vendido a los acreedores internacionales.

La transición al capitalismo dio lugar a cierres de fábricas, las privatizaciones, el desempleo, inflación y empobrecimiento. Desaparecieron sectores enteros socialistas. El nuevo gobierno de Jozsef Antall se enfrentó a la pésima situación, que achacó al socialismo.

En aquel mismo momento Yugoslavia también comenzó a hundirse en el fango capitalista por las mismas privatizaciones y la apertura al capital extranjero. Para incentivar la crisis, los imperialistas desencadenaron una guerra brutal que acabó con el Estado mismo.

Los pirómanos se disfrazan de bomberos

Hungría compartía frontera con la Yugoslavia en guerra y hay importantes minorías húngaras en Serbia, Rumania y Eslovaquia. Los imperialistas lo aprovecharon para presionar al gobierno de Budapest: para evitar una guerra como la de Yugoslavia, los pequeños Estados de Europa central necesitaban garantías de seguridad, que naturalmente estaban fuera del país.

Los imperialistas se presentaban como bomberos cuando, en realidad, eran los pirómanos. Ellos eran los responsables de la Guerra de Yugoslavia y se presentaban como los salvadores a través de sus lacayos locales. Bill Clinton decía que la ampliación de la OTAN estabilizaría Europa central y consolidaría la transición el capitalismo. La alternativa a la guerra era la entrada en la OTAN.

En 1995 la OTAN publicó un estudio sobre la ampliación. “Con el final de la Guerra Fría, una oportunidad única es construir una arquitectura de seguridad mejorada en toda el área euroatlántica. El objetivo de una arquitectura de seguridad mejorada es garantizar una mayor estabilidad y seguridad para todos en la zona euroatlántica, sin recrear líneas de demarcación. La OTAN ve la seguridad como un concepto amplio que abarca los componentes políticos y económicos, así como la defensa”. Rusia se ha opuesto constantemente a la ampliación. Incluso el presidente “pro-americano” Boris Yeltsin ha argumentado repetidamente que el avance de la OTAN hacia el este viola el espíritu de cooperación posterior a la Guerra Fría.

Los monaguillos locales comenzaron a reclamar la adhesión. En 1994 Hungría se unió al programa de la Asociación para la Paz de la OTAN. Era una especie de “sala de espera” de la OTAN. Los países que no eran miembros podían cooperar militarmente con la Alianza, participar en maniobras militares y armonizar sus normas militares.

Aquel año, el Partido Socialista Húngaro, heredero del antiguo Partido Comunista, ganó las elecciones y formó un gobierno bajo la dirección de Gyula Horn, pero no cambió nada. La “izquierda” era igual a la “derecha”.

La Cumbre de Madrid de 1997

En 1997 la cumbre de la OTAN en Madrid invitó oficialmente a Hungría, Polonia y la República Checa. Al igual que España, el gobierno húngaro celebró un referéndum, con una abstención muy alta (51 por cien) y una también alta (85 por cien).

El 12 de marzo de 1999, en tiempos de Viktor Orbán, Hungría se convirtió oficialmente en miembro de la OTAN que, solo doce días después, desató su criminal campaña de bombardeos aéreos contra Yugoslavia, su primera fuera de la zona.

Hasta los más torpes se dieron cuenta que la OTAN era una alianza agresiva y expansionista.

Los ‘ustachas’ resurgen en la nueva Croacia ‘independiente’

Croacia es un país de nueva creación, surgido de la desintegración brutal de Yugoslavia. Se unió a la OTAN en 2009, al mismo tiempo que Albania. Los primeros partidos se crearon en 1989. El más importante fue la Unión Democrática Croata (HDZ), encabezada por Franjo Tudjman que, como ya expusimos, era desde los años setenta un nazi conocido y un terrorista con un amplio historial de atentados.

Ocurrió algo parecido a lo que luego se conoció en Ucrania. En mayo de 1991 los votantes aprobaron la independencia en un referéndum boicoteado por gran parte de la gran minoría serbia del país. Estalló la guerra entre las fuerzas croatas, las milicias serbias locales y el Ejército Popular Yugoslavo.

Grandes porciones de territorio croata estaban fuera del control de Zagreb. La supervivencia de Croacia no habría sido posible sin el apoyo del imperialismo alemán, que fue uno de los primeros países en reconocer la independencia de Croacia. Era una zona influencia estratégica para Alemania, que suministró grandes cantidades de armas de contrabando a Tujman y su banda de nazis para llevar la limpieza étnica hasta el final.

La Operación Tempestad

Durante la Operación Tormenta, en 1995 las bandas croatas se apoderaron de la mayor parte del territorio controlado por la autoproclamada República de la Krajina serbia, una operación puso fin a la guerra en Croacia.

Poco conocida fuera de la antigua Yugoslavia, la Operación Tormenta desencadenó un cataclismo genocida que expulsó violentamente a toda la población serbia de Croacia. Calificada por el político sueco Carl Bildt como “la limpieza étnica más eficaz que hemos visto en los Balcanes”, las fuerzas croatas arrasaron las zonas protegidas por la ONU de la autoproclamada República de la Krajina Serbia, saqueando, incendiando, violando y asesinando a medida que avanzaban por la provincia. Hasta 350.000 vecinos huyeron, a menudo a pie, para no regresar jamás. Paralelamente, miles fueron ejecutados de manera sumaria.

Tudjman murió en diciembre de 1999 y unas semanas más tarde, una coalición dirigida por partidos reformistas derrotó a la HDZ. Al año siguiente Croacia se unió al programa de Asociación para la Paz y solo dos años después al Plan de Acción para la Incorporación a la OTAN.

A medida que la cuestión de un posible referéndum de incorporación comenzó a debatirse, el primer ministro Ivo Sanader argumentó que no era necesario porque “la Constitución croata no lo requiere”. Al mismo tiempo, “instituciones independientes” como Transparencia Internacional, financiada por la embajada de Estados Unidos, iniciaron una campaña de relaciones públicas llamada “Es mejor la alianza que la guerra” para informar a los ciudadanos croatas de los “beneficios de la OTAN”.

En la cumbre de la OTAN en Bucarest en abril de 2008, la Alianza invitó oficialmente a Croacia y Albania a iniciar negociaciones de adhesión. Después de la ratificación de los Estados miembros de la OTAN, Croacia se convirtió oficialmente en miembro de la alianza el 1 de abril de 2009. El primer ministro Ivo Sanader dijo con orgullo que “este éxito no habría sido posible si hubiéramos sometido este tema a un referéndum”.

Dieciocho años después de proclamar la independencia y catorce años después del final de la limpieza étnica, un país nacido de la brutal Guerra de Yugoslavia se incorporó a la OTAN con unas credenciales realmente sucias.

La OTAN: un punto de inflexión radical en la historia de Montenegro

Al igual que Serbia, con la que Montenegro comparte lazos históricos y culturales comunes, históricamente Montenegro ha sido uno de los aliados más cercanos de Rusia, al menos desde finales del siglo XIX. La incorporación de Montenegro en la OTAN en junio de 2017 supuso un punto de inflexión radical en la historia de esta pequeña nación.

En 1989 Montenegro era una de las seis repúblicas de Yugoslavia. Al comienzo del colapso de Yugoslavia, a diferencia de Croacia o Eslovenia, no había un movimiento independentista. Sus dirigentes políticos estaban alineados con los serbios de Slobodan Milosevic, apoyando el plan de una Yugoslavia reorganizada. Cuando Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina y Macedonia se embarcaron en el camino de la independencia, Montenegro permaneció dentro de la federación, junto a Serbia. Después de la desintegración de Yugoslavia, Montenegro se unió a la República Federativa de Yugoslavia en 1992 junto a Serbia.

Durante aquel período, el imperialismo aisló políticamente la República Federativa de Yugoslavia con la guerra y las sanciones. El país estaba gobernado por el Partido Democrático de los Socialistas. A mediados de los noventa, uno de sus dirigentes, Milo Dukanovic, se distanció gradualmente de Serbia, especialmente a medida que las consecuencias del aislamiento internacional se hicieron cada vez más duras.

Dukanovic tenía una biografía muy turbia. Fue acusado en Italia por su participación en el contrabando de tabaco, un negocio que entonces producía beneficios millonarios.

La sumisión no sirve de mucho

En 1997 Dukanovic consolidó su control sobre el Partido. Bajo su férula, Montenegro se fue inclinando cada vez más hacia el dictado de las potencias imperialistas occidentales, mientras formalmente permanecía dentro de la República Federativa de Yugoslavia. Mientras, la Serbia de Milosevic seguía siendo objeto de presiones políticas y sanciones económicas imperialistas.

La sumisión de Dukanovic no le sirvió de mucho. Cuando en la primavera de 1999 la OTAN bombardeó Yugoslavia, Montenegro no se libró de la furia destructora de los imperialistas.

En 2000 Milosevic fue derrocado como resultado ua campaña de desestabilización, con manifestaciones y elecciones manipuladas. Las relaciones entre Serbia y Montenegro entraron en una nueva fase. La República Federativa de Yugoslavia fue reestructurada para convertirse en la Unión Estatal de Serbia y Montenegro. En mayo de 2006 Montenegro celebró un referéndum sobre la independencia. Una pequeña mayoría votó a favor de la independencia y la fragmentación política del país siguió adelante: Montenegro se convirtió oficialmente en un estado soberano.

Había nacido un nuev país. Montenegro era ahora un pequeño estado en la costa del Adriático, rodeado de miembros de la OTAN o estados que aspiran a unirse a la Alianza y con fuerzas militares insignificantes. En 2006 el país se unió al programa de la Asociación para la Paz.

A pesar de la intoxicación mediática, los montenegrinos no querían integrarse en la OTAN. No entendían por qué debían unirse a una Alianza que les había bombardeado unos años antes. Pero los cabecillas lo apostaron todo a la integración.

Tras el cambio de siglo, la OTAN ya había integrado la mayor parte de Europa central y oriental, así como varios estados de los Balcanes, incluidos Croacia y Albania. La importancia estratégica de Montenegro se basó en su geografía: su costa del Adriático y su posición entre Croacia, Albania e Italia, todos miembros de la OTAN.

Mientras que el gobierno de Dukanovic apoyaba la integración en la OTAN, los partidos de oposición seguían siendo escépticos, si no explícitamente opuestos. Montenegro nunca ha podido llegar a un amplio consenso social sobre la adhesión a la OTAN. La incorporación fue una decisión de una camarilla vendida a las grabdes potencias.

En diciembre de 2015 la OTAN invitó oficialmente a Montenegro a iniciar negociaciones de adhesión. Las acusaciones de corrupción contra Dukanovic no fueron un obstáculo y el contraataque fue tópico: pasó del papel de acusado al de acusador. El día de las elecciones de 2016 se deslizaron filtraciones sobre un supuesto intento de golpe de Estado instigado por Rusia contra Dukanovic.

Posteriormente las acusaciones fueron desestimados por los tribunales montenegrinos, pero la campaña de intoxicación estaba hecha. El 5 de junio de 2017 Montenegro se convirtió oficialmente en miembro de la OTAN.

Georgia y Ucrania llaman a la puerta

Actualmente, Georgia y Ucrania no son miembros de la OTAN. Pero en 2008, en la cumbre de Bucarest, la OTAN declaró que estos dos países se convertirían en miembros de la Alianza.

El gobierno georgiano, que llegó al poder cuatro años antes a raíz de una revolución de colores, apoyó firmemente esta iniciativa. El presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, hizo de la incorporación a la OTAN la piedra angular de su política. Pocos meses después de la cumbre de Bucarest, Saakashvili intentó apoderarse de Osetia del Sur, un territorio que la mayoría de los países reconocen como parte de Georgia, pero que se había escapado a su control desde la guerra de 1992.

La intentona fracasó cuando Rusia intervino el 8 de agosto de 2008. En cinco días, obligó a Georgia a dar marcha atrás. En 2013 el candidato de la oposición “Sueño Georgiano”, partidario de mejorar las relaciones con Rusia, ganó las elecciones. Desde entonces, “Sueño Georgiano” ha sido la fuerza dominante en el panorama político y se han descartado las discusiones sobre la futura adhesión a la OTAN.

El caso de Ucrania es parecido. Si en Georgia los imperialistas desataron una revolución de colores, en Ucrania dieron un Golpe de Estado fascista. Antes de 2014 una incorporación a la OTAN era impensable.

Cuando en 2006, después de la primera intentona de golpe, las fuerzas de la OTAN planificaron maniobras militares y maniobras en Crimea, los vecinos se manifestaron durante semanas y finalmente obligaron a las tropas estadounidenses a marcharse sin completar los ejercicios. La inmensa mayoría de los ucranianos eran hostiles a la incorporación a la OTAN hasta el golpe de 2014, que cambió el curso de la historia de Ucrania.

Dentro de la OTAN, las opiniones diferían. Alemania y Francia se opusieron al Plan de Acción para la adhesión de Ucrania, por temor a un choque con Rusia. Todos sabían de sobra que la entrada de Ucrania en la OTAN era una línea roja para Moscú. El embajador de Estados Unidos en Rusia, William Burns, lo dejó claro en un famoso cable que pasó a la historia bajo el título “Nyet Means Nyet” (No Significa No).

Sin embargo, el interés de la OTAN por Ucrania era demasiado fuerte para preocuparse por la opinión de los ucranianos, que ahora sufren las consecuencias de la guerra.

El parque jurásico y la evolución

Lynx "El Lince" pardinus

Irán sigue demostrando que tiene la sartén por el mango a nivel externo mientras que a nivel interno comienza una estrecha vigilancia de la Guardia Revolucionaria sobre el gobierno, repleto de pro-occidentales. Por el momento se le deja hacer, veremos con el paso de las semanas. La GR sabe que la fuerza de Irán reside en su falta de confianza en los procedimientos occidentales y en su constante disposición a actuar por encima del gobierno. Este está ya haciendo llamados a la sociedad iraní para que abandone las calles por la noche. La respuesta es un rotundo: «Abandonaremos las calles cuando nuestro líder nos lo ordene». Es decir, la desconfianza en el gobierno es alta y no se le va a permitir desviarse ni un milímetro de lo pactado. Porque ya hay cosas que han desaparecido del lenguaje iraní como las reparaciones de guerra.

 

Mientras tanto, el mundo sigue evolucionando al margen del parque jurásico que es Occidente.

Estos días el mundo universitario occidental está muy revuelto. Por una parte, quienes siguen anclados en el pasado siguen insistiendo en que ellos son lo más de lo más. Son como el insecto que se conserva en ámbar o en resina: está fosilizado aunque mantiene la apariencia de su esbeltez como cuando estaba vivo. Por otra, hay quienes se han visto obligados a avanzar y a reconocer lo obvio, que las universidades occidentales solo son relevantes para los payasos del Nobel o del paleto Premio Cervantes.

Da la casualidad, o no, que se han cruzado dos informes sobre las «principales universidades del mundo» y no pueden ser más dispares. Quienes son como el insecto fosilizado siguen insistiendo en lo de siempre: Occidente es lo más de lo más. Lo fue y aparenta seguir siéndolo.

Quienes nos dedicamos a estas cosas vemos que este rango sigue inalterable… ¡desde 2004! Es una burla el que mientras la economía de Gran Bretaña se cae a cachos, con una tasa de crecimiento en los últimos 20 años del 0’6% del Producto Interior Bruto, ese al que se agarra Occidente para mantener la ficción de su superioridad pero que no vale para nada, se siga manteniendo que son sus universidades las principales del mundo. Pero como no se puede tapar el sol con un dedo, afirma ufano: «las universidades chinas están alcanzando rápidamente a las instituciones británicas y estadounidenses».

¡Ah, se me olvidaba: esto se elabora en Gran Bretaña, que todavía se sigue creyendo que es alguien en el mundo! Gran Bretaña, como todo Occidente, no es más que una fantasía grotesca, un parque jurásico que bajo el manto de la monarquía se hunde en su propia miseria y mediocridad.

La Oficina de Estadísticas Nacionales de Gran Bretaña ha publicado su último informe y en abril el país estaba así en términos de contribución al PIB por sectores.

Solo por esto ya es suficiente para que quienes tengan medio milímetro de cerebro se cuestionen no ya la metodología de tal engendro sobre la superioridad universitaria occidental, sino su realidad. Pero esto es Occidente, esta es la calidad educativa y esta es la ficción en la que vive. Es como el anciano que sonríe mirando una foto amarillenta de su juventud.

Así que no merece la pena hablar más del tema, salvo para que veáis cuál es el gen occidental.

Pero sí merece la pena que os recuerde que ya en 2018 os comenté que China había comenzado a publicar sus propias revistas científicas después de que dos años antes comenzase un movimiento, «Más Marx, menos Occidente», en las universidades que se extendió a todos los ámbitos educativos acusando al gobierno de «estar viciado por las prácticas occidentales» y obligó al gobierno a comenzar a retirar de sus sistemas educativos el método occidental. Como digo, en 2018 China comenzó a publicar sus propias revistas científicas y se prohibió a las universidades seguir la costumbre occidental de utilizar las citas de los artículos que se publican en las revistas científicas occidentales como condición para los contratos de personal.

Cuatro años más tarde, en 2022, tres de las principales universidades chinas, las de Renmin, Nanjing y Lanzhou, se retiraron de las clasificaciones universitarias internacionales. El argumento fue que «hay que centrarse menos en Occidente y más en la autonomía educativa china y sus características». La reacción de Occidente fue ignorar el movimiento, como podéis ver más arriba y especialmente el Times Higher Education (THE) World University Rankings, el entonces baranda de este tipo de calificaciones (ya no lo es). Y sigue en ello.

Pero otros reaccionaron, como la revista Nature, también británica, que dijo que «este movimiento [de las universidades chinas] puede hacer que las clasificaciones internacionales de ranking universitario sea menos representativo a nivel mundial». Y comenzaron a cambiar. Desde entonces, sus informes anuales (ver aquí el de 2023, y aquí el de 2024) reconocieron el cambio radical en el sistema universitario mundial: no son las universidades occidentales quienes dominan, sino las chinas. Eso fue determinante para provocar un cambio en el paradigma de este tipo de recopilaciones sobre la excelencia universitaria, situando a Nature como la revista científica de referencia a nivel mundial.

El informe que acaba de publicar Nature sobre el año 2025 deja a Occidente por los suelos. Nada menos que 18 de las 20 principales universidades con chinas. Pinchad en el gráfico para verlo con mayor claridad.

Por supuesto que no aparece ni una de Gran Bretaña, puesto que solo es el insecto fosilizado en el ámbar o en la resina. Y Estados Unidos está muy cerca de serlo también. Y no digamos el resto de Europa, inexistente. No busquéis a la Sociedad Max Planck de Alemania, considerada «una de las mayores redes científicas de Europa», no busquéis al Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), otro de los «mayores institutos de investigación de Europa». No están, eso por hacer referencia dos de las punteras en ámbitos científicos, de esos que tanto gustan a los del Nobel. Y no están porque año tras año bajan en esta lista, siendo superados por instituciones chinas.

Pero por si tenéis dudas, el estudio de Nature es mucho más exhaustivo que el otro y dice lo siguiente, traducido para su mayor comprensión (gracias a s8a).

El caso de Química es paradigmático.

Ahora preguntaos el por qué de la absoluta superioridad en las tierras raras o el por qué los Nobel siempre a occidentales, entre una de las muchas estupideces que hace un Occidente fosilizado, como el insecto en el ámbar o en la resina.

Todo lo de Occidente se ha quedado obsoleto, especialmente en educación. Por el contrario, China se ha colocado en la estratosfera, ha escalado posiciones en la cadena de valor, dominando diversos sectores, desde los vehículos eléctricos hasta la electrónica y las energías limpias. Está compitiendo de tú a tú con Estados Unidos en inteligencia artificial y descubrimiento de fármacos, y se encuentra a la vanguardia de tecnologías futuras como la computación cuántica y la fusión nuclear. Esto es lo que dice Nature en su resumen.

No es solo una cuestión de cifras, sino que refleja el crecimiento explosivo de China que ningún país occidental, ni siquiera EEUU, puede seguir. De ahí el miedo, de ahí las amenazas, de ahí todo lo que se está viendo en contra de China. Y, sobre todo, porque ese crecimiento explosivo se da en la educación superior.

En total, y según Nature, entre las 100 mejores universidades del mundo, 51 son chinas. Para que os hagáis una idea de cómo están las cosas por países, o sea, de esas 49 restantes, la cosa es así:

¿Sorprende que no aparezca ninguna universidad rusa? A mí no. Tras la desaparición de la URSS, los prooccidentales se apresuraron a destruir todo lo que tuviera que ver con la Unión Soviética. Una de esas cosas fue la educación. Tan es así que en 2003 Rusia se sumó al Plan Bolonia europeo (cuatro años antes que España, por ejemplo). El Plan Bolonia es la mercantilización de la universidad y una cantera para las empresas, tirando a la cuneta el papel de lugar de formación y desarrollo humano y pasando a ser una mera fábrica de mano de obra (si es que se consigue trabajo) y, además, pagando mucho más por ello, como con el escándalo de los máster. Pero no fue hasta mayo de 2022 cuando se retiró del mismo, y no por decisión propia precisamente sino como consecuencia de la agresividad europea tras la famosa «operación militar especial» en el país 404, antes conocido como Ucrania. Porque unas de las cosas que hizo Europa fue retirar a Rusia de los convenios universitarios (colaboración académica, científica y de movilidad). Rusia siempre, como bien dijo en el Foro de San Petersburgo el «siloviki» Andrey Bezrukov, actúa tarde y con lentitud. Él se refería a la cuestión del país 404, pero es aplicable a todo.

Tan es así que solo ahora, en 2026, o sea, cuatro años después de haber abandonado el Plan Bolonia y haber estado casi en una parálisis universitaria total, el gobierno ha aprobado (el pasado día 19) «las normas para un proyecto piloto de transición a un nuevo sistema de educación superior». Ese plan piloto, a la velocidad del Kremlin repleto de pro-occidentales, los euroatlánticos, va a tardar otro tanto en comenzar a concretarse. Así que no habrá universidades rusas de calidad en mucho tiempo porque está previsto que dicho plan se concrete en 2030, aunque ya hay 6 universidades que lo están aplicando de forma experimental y se espera que el curso que viene lo hagan otras 11 más. Este «proyecto piloto» se centra específicamente en «matemáticas y mecánica, informática y ciencias de la información, seguridad informática, física y astronomía, medicina, agronomía, ingeniería mecánica y transporte, administración pública y municipal, economía, lingüística, publicidad y relaciones públicas». O sea, si os fijáis, en casi todo en lo que destaca China. No está mal, tarde pero abandonando un poco la fosilización y mirando un poco al este.

Por dar un poco de oxígeno a los putinistas me referiré a un refrán ruso: «Rusia se toma su tiempo para ensillar el caballo, pero cuando coge impulso es muy difícil de frenar». A la espera de que así sea (antes de morirnos de viejos, claro).

P.D.- China respondió la semana pasada a las nuevas sanciones impuestas por EEUU con una amplia represalia en dos frentes: prohibiendo a los departamentos gubernamentales comprar productos de 46 contratistas de defensa estadounidenses e incluyendo en una lista negra a 10 empresas que no pueden recibir exportaciones chinas de doble uso. Están incluidas Lockheed Martin Corporation y Raytheon Missiles & Defense, por ejemplo. Con ser importante, lo más revelador es que se añade a las dos empresas emblemáticas del esfuerzo estadounidense por reconstruir su cadena de suministro de tierras raras, así que toda esa fanfarria occidental sobre el «romper el monopolio chino en tierras raras», del que se acaba de hablar en el fantasmagórico G-7, no va a ir a ninguna parte. Salvo a la propaganda, claro. En eso es en lo único en que el parque jurásico occidental es insuperable: todavía hace buenos carteles entretener a una sociedad fosilizada.

El Lince

La ‘Locomotora de Europa’ planea abandonar a medio camino el mayor proyecto en la historia de su Armada

Germannavyphotograph / Pexels

El Ministerio de Defensa de Alemania planea retirarse del mayor proyecto armamentístico en la historia de su Armada, reporta Der Spiegel. Según la información de la revista, el titular de la cartera, Boris Pistorius, tiene intención de salir del contrato de la fragata F126, en el que ya se han invertido más de 2.000 millones de euros desde que fue encargado en 2020.

 

En un intento de salvar el proyecto, que ha sufrido numerosos problemas, la empresa armamentística alemana Rheinmetall propuso en mayo al Ministerio de Defensa costearlo por 12.800 millones de euros, de acuerdo con datos de Der Spiegel.

La oferta incluía la construcción de la fragata F126 de clase Niedersachsen (‘Baja Sajonia’) y otros cinco buques de la misma clase por 1.700 millones de euros por cada uno, más un paquete integral de servicios y formación, así como un colchón financiero de 1.000 millones de euros para posibles medidas de aceleración y optimización.

Cuando se cerró el contrato en 2020, el Ministerio de Defensa alemán, encabezado en aquel entonces por Ursula von der Leyen, partía de un coste total de 5.270 millones de euros por cuatro fragatas. Sin embargo, en 2024 Pistorius decidió aumentar ese número a seis. El presupuesto estimado rondaba los 10.000 millones de euros, antes del cambio del contratista principal.

Apuesta por las fragatas Meko

Según Der Spiegel, Pistorius tiene ahora la intención de adquirir ocho fragatas Meko del fabricante alemán TKMS, que son significativamente más pequeñas que las F126. Las comisiones de Defensa y Presupuesto del Bundestag aprobaron a finales del año pasado el contrato preliminar con TKMS.

La revista reporta que en el Ministerio de Defensa prevén que cada buque cueste 1.600 millones de euros y que el costo total del contrato de construcción llegue a poco menos de 12.000 millones de euros, con unos 700 millones de euros por servicios adicionales.

Según Der Spiegel, el factor decisivo para Pistorius a la hora de optar por Meko fue el hecho de que el astillero neerlandés Damen, inicialmente contratado para construir las F126, se reserva el derecho de reclamar daños y perjuicios al Gobierno alemán, un riesgo que se considera difícil de evaluar.

Los gastos militares de Estados Unidos son muy superiores a los reconocidos oficialmente

Trump ha propuesto un gasto militar de 1,5 billones de dólares para el año que viene, lo que aumentaría en un 44 por ciento el presupuesto reconocido. Un aumento de 500.000 millones no tiene precedentes en la historia moderna de Estados Unidos.

 

En contra de una afirmación habitual, hace muchos años que el gasto militar de Estados Unidos superó el billón de dólares. Agregar 500.000 millones y, potencialmente, 200.000 millones más para financiar la guerra contra Irán, como Trump pretende, elevaría el gasto militar total de 2 a 3 billones de dólares.

Los cálculos oficiales subestiman el verdadero costo de mantener al ejército de Estados Unidos. Un cálculo más preciso estima que el año pasado el gasto militar total fue de entre 1,5 billones y 1,8 billones, y podría alcanzar los 2,3 billones, si se incluyen los pagos de intereses asociados a la deuda relacionada con el ejército.

Durante décadas el Pentágono ha ocultado el verdadero tamaño del presupuesto militar de Estados Unidos. Hay cientos de miles de millones de dólares en gastos militares fuera del presupuesto anual del Pentágono.a

Un ejemplo es el gasto en armas nucleares, que representa alrededor de 33.500 millones. Aunque las fuerzas nucleares las controla y despliega el ejército, una parte significativa del presupuesto para mantener y modernizar el arsenal nuclear se asigna al Departamento de Energía.

Otra categoría de gastos ocultos involucra a veteranos y jubilados. Los costos de las pensiones, la atención médica, los beneficios por discapacidad y la asistencia a los supervivientes se financian principalmente a través del Departamento de Asuntos de Veteranos y otras cuentas. Estos gastos son consecuencia directa del mantenimiento del ejército y la guerra y, sin embargo, están excluidos de los presupuestos militares.

El gasto relacionado con el ejército también se encuentra dentro de los presupuestos del Departamento de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado y otras instituciones. Los programas que van desde la ayuda militar a los gobiernos extranjeros hasta ciertas funciones de seguridad nacional contribuyen a la fuerza militar, pero caen fuera de los presupuestos oficiales de defensa.

Las guerras con tarjeta de crédito

Otro problema importante es la financiación de la deuda. Desde el inicio de las guerras posteriores al 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ha dependido en gran medida de los préstamos en lugar de los impuestos para financiar las guerras. Por esa razón, algunos se refieren a las guerras posteriores a 2001 como “guerras con tarjetas de crédito”.

Estados Unidos ya está gastando entre 1,7 y 2,3 billones de dólares anuales en actividades militares, aunque sigue habiendo ambigüedades sobre la escala total del gasto militar, dadas las manipulaciones contables del Pentágono, incluida su incapacidad para aprobar una auditoría financiera.

Rusia repele un ataque masivo con 323 drones de la OTAN durante la noche

Las fuerzas de defensa antiaérea rusas interceptaron y destruyeron durante la pasada noche un total de 323 vehículos aéreos no tripulados pertenecientes a las fuerzas nazis de la OTAN, informó este miércoles el Ministerio de Defensa de Rusia.

 

Los drones fueron abatidos en las provincias de Bélgorod, Astraján, Briansk, Kursk, Vorónezh, Rostov, Riazán, Oriol, Tula, Lípetsk, Nizhni Nóvgorod, Volgogrado, Kaluga, Sarátov, Smolensk, Orenburgo y Penza, así como en los alrededores de Moscú, la región de Krasnodar, la República de Crimea y sobre las aguas de los mares de Azov y Negro.

El anonimato en las redes sociales: la cobardía convertida en modelo de negocio

El anonimato en las redes sociales: la cobardía convertida en modelo de negocio

Existe una diferencia fundamental entre quien defiende una idea dando la cara y quien se esconde tras una fotografía robada, un nombre falso o un perfil anónimo. La primera persona puede estar equivocada o acertada, pero al menos tiene el valor de asumir las consecuencias de sus palabras. La segunda, en demasiadas ocasiones, utiliza el anonimato como escudo para insultar, difamar, amenazar o mentir sin asumir ninguna responsabilidad.

La gente con un mínimo de honestidad, ética, coherencia o simplemente sentido del ridículo firma lo que escribe. Cuando alguien publica una opinión, lo lógico es que esté dispuesto a responder por ella. De la misma manera que un periodista firma sus artículos, un escritor sus libros o un sindicalista sus comunicados, quien participa en el debate público debería hacerlo mostrando quién es.

Por eso resulta difícil conceder credibilidad a determinadas opiniones que proceden de perfiles anónimos. No porque una idea sea verdadera o falsa en función de quién la pronuncie, sino porque el valor moral de sostener una posición pública exige asumir la responsabilidad de defenderla. Quien no está dispuesto a hacerlo demuestra una preocupante falta de convicción en aquello que dice creer.

Las grandes empresas tecnológicas han convertido esta situación en un auténtico modelo de negocio. Han construido espacios donde proliferan las cuentas falsas, los ejércitos de bots, las campañas de desinformación, las estafas, el acoso y todo tipo de conductas tóxicas. Mientras tanto, los beneficios económicos siguen creciendo y la responsabilidad continúa siendo escasa o inexistente.

Resulta paradójico que para abrir una cuenta bancaria, firmar un contrato laboral, matricularse en una universidad o realizar cualquier trámite mínimamente importante se exija acreditar la identidad, pero para participar en espacios digitales capaces de influir en elecciones, destruir reputaciones o difundir odio a millones de personas baste con inventarse un nombre y una fotografía.

Si realmente quisiéramos unas redes sociales más seguras, el camino parece evidente. La apertura de cuentas debería estar vinculada a un documento oficial de identidad que permitiera verificar quién se encuentra detrás de cada perfil. No se trata necesariamente de hacer públicos los datos personales de nadie, sino de que las plataformas conozcan la identidad real de sus usuarios y puedan colaborar con la justicia cuando se cometan delitos.

Una medida de este tipo dificultaría enormemente la creación masiva de cuentas falsas, reduciría las estafas, protegería mejor a los menores frente a depredadores y acosadores, limitaría la impunidad de quienes convierten las redes en vertederos de odio y contribuiría a construir espacios digitales mucho más saludables.

Por supuesto, quienes obtienen enormes beneficios de la situación actual suelen presentar cualquier propuesta de regulación como un ataque a la libertad. Sin embargo, la libertad nunca ha significado impunidad. La libertad implica derechos, pero también responsabilidades. Y precisamente porque defendemos la libertad de expresión debemos exigir que quienes la ejercen respondan de sus palabras y de sus actos.

Las redes sociales no pueden seguir funcionando como una ley de la selva digital donde los más agresivos, los más manipuladores o los más deshonestos actúan sin consecuencias. Una democracia sana necesita ciudadanos libres, pero también responsables. Y la responsabilidad comienza, sencillamente, por dar la cara.

Hoy las redes sociales no están dominadas por el debate racional ni por la búsqueda de la verdad. Con demasiada frecuencia están inundadas de cuentas falsas, campañas de intoxicación informativa y discursos de odio promovidos por quienes pretenden enfrentar a los trabajadores entre sí por su origen, religión o color de piel. La ultraderecha ha comprendido perfectamente el potencial de estas herramientas para difundir bulos, alimentar el miedo y señalar falsos enemigos mientras los verdaderos responsables de las desigualdades continúan acumulando riqueza y poder. Y las grandes plataformas, lejos de combatir seriamente este fenómeno, suelen mirar hacia otro lado mientras el odio, la mentira y la polarización generan clics, interacciones y beneficios económicos.

 

André Abeledo Fernández

De «país derrotado» a «Estado de guerra»: La advertencia de Kim sobre un aliado clave de EE.UU.

Kim Jong-un | KCNA

El líder de la República Popular Democrática de Corea, Kim Jong-un, denunció durante su intervención ante el Partido de los Trabajadores que Japón se ha transformado abiertamente en un «Estado de guerra».

 

«Japón, país derrotado de Asia, se ha convertido abiertamente en un Estado de guerra, al aprovechar las actuales circunstancias perturbadoras como una oportunidad para deshacerse de todas las ataduras que restringían sus pasos para convertirse en una potencia militar», declaró.

«El mundo es testigo de un ultranacionalismo desenfrenado en su edición moderna, incluyendo la idea de ‘América Primero’, el sionismo, el neonazismo ucraniano y el militarismo japonés; de una inestabilidad internacional que recuerda el desastroso panorama de hace un siglo, cuando el mundo entero se vio envuelto en guerras y derramamiento de sangre a causa de la connivencia entre potencias, y en medio del frenesí de las prácticas autoritarias y arbitrarias de cierto país que hace caso omiso a las leyes internacionales», condenó.

La corrupción debe pagarse, pero para todos

La corrupción debe pagarse, pero para todos

 

Si algo indigna profundamente a cualquier persona honesta es la corrupción. Y no debería haber ninguna duda al respecto: si José Luis Ábalos, Koldo García o cualquier otro cargo público ha cometido delitos, debe responder ante la justicia y asumir todas las consecuencias penales, políticas, éticas y morales de sus actos. Quien ocupa un cargo público tiene una responsabilidad superior a la del resto de ciudadanos. Nadie obliga a nadie a ser ministro, alcalde, diputado o alto funcionario. Son puestos que se aceptan voluntariamente y que exigen un compromiso especial con el interés general.

 

Por eso siempre he defendido que cuando una persona utiliza un cargo público para delinquir debería recibir un castigo más severo. La corrupción no es un delito cualquiera. Es una traición a la confianza depositada por la ciudadanía. Es robar dos veces: el dinero y la credibilidad de las instituciones.

 

Ahora bien, tan grave como la corrupción es la desigualdad ante la ley.

 

Lo que resulta imposible de entender es que la justicia española siga funcionando con una doble vara de medir. Durante décadas hemos asistido a escándalos monumentales en los que los grandes responsables políticos parecían gozar de una extraña inmunidad. Nunca supimos quién era M. Rajoy. Nunca se aclaró quién era el señor X de los GAL. Hemos visto cómo algunos condenados por corrupción recibían un trato extraordinariamente benevolente mientras miles de ciudadanos anónimos sufrían todo el peso de la ley por delitos infinitamente menores.

 

Resulta difícil explicar a la ciudadanía que quien roba una bicicleta o comete un pequeño hurto pueda enfrentarse a consecuencias más duras que quienes participan en tramas millonarias de corrupción.

 

Y si algo simboliza esa sensación de injusticia es la figura del corruptor. Porque para que existan corruptos también tienen que existir corruptores. La corrupción nunca es un acto individual. Es una relación entre quien compra favores y quien los vende.

 

Por eso resulta especialmente escandaloso que, una y otra vez, los grandes empresarios, intermediarios o comisionistas que participan en estas operaciones terminen obteniendo acuerdos beneficiosos mientras la atención mediática se concentra exclusivamente sobre los cargos políticos implicados.

 

La ciudadanía contempla con asombro cómo algunos individuos acumulan fortunas gracias a actividades presuntamente ilícitas y después consiguen reducir enormemente sus responsabilidades penales mediante pactos, colaboraciones o procedimientos que generan una profunda sensación de impunidad.

 

La justicia no puede convertirse en un espectáculo político. No puede actuar con contundencia contra unos y con indulgencia contra otros. No puede transmitir la sensación de que existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.

 

La democracia se debilita cuando la población empieza a pensar que las leyes solo son severas con quienes tienen menos poder económico, mediático o político. Porque entonces deja de percibirse la justicia como un instrumento de igualdad y pasa a verse como una herramienta al servicio de quienes ya disfrutan de privilegios.

 

Decía Eduardo Galeano que la justicia es como las serpientes: parece morder únicamente a los descalzos. La frase sigue conservando una vigencia inquietante.

 

Si queremos combatir realmente la corrupción, hay que perseguir a todos los implicados. A los políticos corruptos, por supuesto. Pero también a quienes pagan sobornos, organizan las tramas, se enriquecen con ellas y después pretenden presentarse como simples colaboradores o testigos.

 

La corrupción debe pagarse. Toda. Y por todos. Sin excepciones, sin privilegios y sin dobles varas de medir. Porque cuando la impunidad se convierte en norma, la verdadera víctima deja de ser una administración concreta y pasa a ser la propia democracia.

 

 

 

 

André Abeledo Fernández 

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