Un miembro de la familia Ceaușescu ha pedido que se repita el juicio contra el último presidente de la República Socialista de Rumania. Se trata del sobrino de Nicolae Ceaușescu, del mismo nombre, que ha pedido ante el tribunal que, en primer lugar, se analice la legalidad del juicio sumarísimo que sentenció la ejecución inmediata del presidente y de su mujer, el 25 de diciembre de 1989.
Nicu Ceaușescu, conocido como «Brinky», es hijo del hermano menor del presidente Nicolae
Ceaușescu, Ion, que llegó a ser Ministro de Agricultura y Director del Comité de Planificación Estatal.
En una entrevista en la cadena televisiva RTV, Nicu Ceaușescu ha declarado que lleva 27 años indignado por la injusticia que sufrió su tío, al que considera un gran patriota, y que ahora, con el apoyo de Valentín Ceaușescu, hijo menor del ex-presidente, y de Mircea Oprean, el esposo de su hija, Zoe Ceaușescu, ya fallecida, pedir en los tribunales que se investigue la farsa criminal que llevó a la ejecución de la pareja presidencial y que, incluso, se repita el juicio, para así rehabilitar al que fue presidente de Rumania.
Algunos de los que formaron parte del simulacro de proceso judicial han reconocido posteriormente que la sentencia estaba dictada de antemano, y que no se aportó ninguna prueba que justificara las acusaciones contra el presidente de la Rumania socialista.
Nicu Ceaușescu es un apasionado de la hípica, dirigiendo actualmente un centro de equitación en el norte de la capital. Como el resto de la familia del último presidente socialista de Rumania, ha guardado las distancias de la política rumana y de la prensa (hace pocos años se propuso al único hijo en vida de Nicolae Ceaușescu, Valentin, que fuera candidato presidencial, aunque este se negó. Las encuestas que se hicieron contemplando tal posibilidad le daban como casi seguro ganador).
La conocida abogada rumana Mariana Stefan va a ser la abogada de los Ceaușescu, que ha confirmado que se pedirá también que los responsables paguen su culpa. Ya en 1997, el periodista Sorin Roșca Stănescu, junto a sus compañeros del diario «Ziua», Tana Ardeleanu, Răzvan Savaliuc y otros, realizaron una repetición «periodística» del juicio sumarísimo a los Ceaușescu, en el que participaron especialistas en derecho de la época. El resultado fue el que todo el mundo ya sabía: se trato de una farsa, un simulacro de justicia para ocultar un objetivo ya decidido de antemano: quitarse de enmedio al presidente socialista de Rumania.
Aquel trabajo periodístico tuvo consecuencias, pero no para los que asesinaron a los Ceaușescu, sino para los reporteros que lo llevaron a cabo, apareciendo acusaciones contra ellos como «antiguos colaboradores de la policía política» o el «forzado» abandono de la joven Tana Ardeleanu del periodismo de investigación.
La transcripción de la farsa judicial, se puede leer en El juicio sumarisimo a los Ceausescu















