Inicio Artículos El imperialismo, contra Corea del Norte

El imperialismo, contra Corea del Norte

832
0
Compartir
Putin, Trump y Xi Jimping de acuerdo contra el pueblo coreano

Corea del Norte ha declarado, con razón, que China y Rusia, así como otros países que apoyaron las recientes sanciones en su contra, deberían ‘sentir vergüenza’ y que lo ‘pagarán caro’, como publica la agencia estatal norcoreana de noticias KCNA. Parece que en la Corea Democrática no se creen la teoría progre de los palmeros de Putin que dicen que el imperialismo es como el pescado en la lonja, que puede ser cuarto y mitad, menos o más, o bueno y malo. Y es que la escasa formación y el desinterés por el marxismo de los blogs que se disfrazan de comunistas, aunque tienen más que ver con el fascismo y el populismo falangista, hace que los argumentos pseudoreligiosos primen sobre los científicos; es decir, que el “por mis huevos” pretenda tener mucho más valor ideológico que el propio Lenin.

Este ya demostró hace 100 años, en su obra esencial Imperialismo, fase avanzada del capitalismo, que el imperialismo no es una actitud, una voluntad, una forma de ser, sino un sistema económico, es decir, el capitalismo en su fase final. Aún así, algunos siguen diciendo que el capital puede portarse bien o mal, puede ser más imperialista o menos o que hay presidentes de países capitalistas que son una especie de superhéroes en defensa de “los pueblos” y que otros son el “mismísimo diablo”.

Este infantilismo o, como definiera Lenin, este “comunismo fanfarrón“, poco científico, es enemigo de la clase obrera y de los pueblos, porque defiende a unas fracciones capitalistas frente a otras, pero, en definitiva, sigue sosteniendo los intereses de la burguesía en el poder y dividiendo al movimiento comunista, considerando que el capital no es tan negativo y que, incluso, a pesar de la pérdida brutal de derechos sociales o de nivel de vida de la clase obrera rusa, por ejemplo, San Putin es una especie de “arcángel de los pueblos débiles”.

En todo caso, en Pyongyang la patraña anticomunista no cuela y, a pesar de que al presidente estadounidense Donald Trump se le considera como el principal impulsor de las sanciones, el que “extendiera su agradecimiento a China y Rusia por cooperar en la adopción de la resolución” muestra que el club del imperialismo no se limita solamente a Estados Unidos o la Unión Europea. Lógicamente: como ya demostró con creces Lenin, aunque pocos hoy lo lean, el imperialismo es una nueva fase del capitalismo, no una actitud dentro de este sistema. Ese voluntarismo vago, holgazán, defendido por los que son incapaces de ponerse a leer y a pensar, es muy perjudicial para la lucha de la clase trabajadora, a la que interesadamente se divide dispersando sus objetivos, intentando evitar que se organice y una contra el que es, sin duda, su principal enemigo: como explicaban Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, la burguesía, “el régimen de propiedad”. Los propios padres del comunismo se lo ponen a huevo a los perezosos en un resumen al final de su obra:

“En resumen, los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente. En todos estos movimientos, ponen en primer término, como aspecto fundamental, la cuestión de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos desarrollada que ésta revista”.

En el mundo globalizado y de libertad de mercado, cuyo máximo defensor, por cierto, es hoy el líder chino Ji Ximping, es de mequetrefes alabar a unos capitalistas o a otros por su mayor o menor bondad: el capitalismo es el enemigo de la clase obrera, y el capitalismo bueno no es más que una quimera socialdemócrata, una especie de tocomocho utilizado y fomentado por los vendedores de humo que, agitando la bandera roja, no son más que miembros o aspirantes a serlo de la burguesía.

Como se sabe, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) aprobó por unanimidad las nuevas sanciones contra Corea del Norte a raíz del último ensayo de un misil balístico intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés), realizado el 28 de julio en el mar de Japón (mar del Este).

El canciller chino, Wang Yi, ha manifestado la disposición de su país a pagar el precio que supone la imposición de nuevas sanciones contra Corea del Norte, pero ha asegurado que Pekín no cambia su postura respecto a las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) contra Pyongyang.

La aplicación de la nueva resolución del CSNU —con la que Pyongyang verá notablemente reducido su nivel de exportaciones— prohíbe iniciar cualquier tipo de inversión o relación comercial con Corea del Norte.

En el fondo, las aspiraciones de las potencias emergentes (eufemismo utilizado para hablar de los paises que ocupan las posiciones más altas en la cadena imperialista del capitalismo en su fase avanzada) son la de optar a controlar una mayor parte del nuevo reparto del mercado mundial (de ahí la defensa de China y Rusia de la globalización) y, para ello, no dudan en poner bases militares en el exterior, tomar parte de las guerras neocoloniales para conquistar o mantener su posición estratégica y económica en la zona, o hacer grandes empréstitos que (como también ya demostraba Lenin en Imperialismo, fase avanzada del capitalismo ) no se hacen a cambio de nada, sino de compras de mercancías a las multinacionales de la metrópolis, participación privilegiada en la explotación de los recursos locales o, simplemente, estorbar lo propio en las potencias imperialistas “enemigas”). En el fondo, como se ve en este caso de las sanciones contra Corea del Norte, el “imperialismo” nunca es enemigo absoluto de otra potencia, potencial socio militar o económico siempre, y en todo caso en las guerras por el control de los recursos al final los que pierden son los trabajadores que, engañados, van al frente o sufren los bombardeos “estratégicos” contra la población civil; en realidad, su único enemigo absoluto es la clase trabajadora, tanto local como mundial, cuya explotación aquí o acullá es esencial para su enriquecimiento, y cuya organización y lucha puede poner en jaque, como se ha demostrado en Rusia o China en la primera mitad del siglo pasado, los privilegios y el negocio de la burguesía.

¿Qué ha hecho Corea para que todos los países imperialistas y sus vasallos se pongan en su contra? Desarrollar un programa nuclear para evitar que su destino sea, finalmente, el de Libia, Irak o Siria ¿Por qué esto debería molestar a Rusia o China, si estos son, como dicen sus palmeros, “antimperialistas”, “capitalistas buenos” o “cuarto y mitad de cada”?

Porque en el fondo se trata de lo mismo: el mercado global beneficia a China, a Rusia, a Estados Unidos, a las grandes potencias capitalistas, y por eso Ji Ximping hizo su gran defensa de la globalización en el último Foro de Davos; el status quo beneficia siempre a las grandes potencias, a los eslabones más altos de la cadena imperialista del capitalismo en su fase avanzada. Que un país intente no pasar por el aro y pretenda defenderse por sí mismo, para evitar que unos u otros hagan con sus recursos lo que les convenga, o tener que recurrir a otras potencias imperialistas para defenderse (por supuesto, no gratuitamente), es un pecado que ninguna multinacional, es decir, aquellas asociaciones monopolistas, patronos o trust, de la gran burguesía, de las que hablaba ya Lenin, va a permitir. Y al fin y al cabo, tanto en Estados Unidos, como en Rusia, como en China, el gobierno no deja de ser, como ya definían Marx y Engels en El Manifiesto Comunista,”el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa“. y, como tal, va a hacer todo lo posible para defender, cueste lo que cueste, sus intereses.

Y es que, cómo no puede ser de otra forma, el delfín de Yeltsin, parte de los criminales que destruyeron la Unión Soviética en los 90, o el miembro de la banda que ha restaurado el capitalismo en China, no pueden aspirar más que a ser incluídos en el grupo de potencias capitalistas que deciden los destinos del mundo y de los pueblos, al estilo de vida del capitalismo occidental, que defiende Trump. Quizás por ello, Xi Jimping en Davos, defendiendo el globalismo capitalista frente a los que claman por la vuelta al proteccionismo, o el propio Putin, que reconoce haber propuesto a la OTAN que Rusia se integrara en esta organización criminal (en declaraciones a Russia Today), no dejan de dar muestras de que su verdadero objetivo es que la clase capitalista local, la rusa o la china, compitan cada vez en mejores condiciones con sus camaradas de la burguesía de Estados Unidos o la Unión Europea, además de ser aceptados abiertamente, sin medias tintas, en el club imperialista (desde donde, por supuesto, defenderán con todo su esfuerzo el estado de las cosas, el sistema capitalista en su fase imperialista, y criminalizarán y lucharán contra todos los que quieran acabar con él).

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here