Zhúkov tenía razón

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Gueorgui Zhúkov fue, sin el menor atisbo de duda, el mejor militar del siglo XX (solo se le acercó el vietnamita Vo Nguyen Giap). Quien fue el organizador de la defensa de Leningrado, de Moscú y de Stalingrado; quien fue uno de los planificadores de la Operación Bagratión, la que rompió la espina dorsal de los nazis, y quien liberó Berlín dijo una frase lapidaria: “Liberamos a Europa del fascismo, pero nunca nos perdonarán por ello”.

 

Eso fue hace 80 años, pero no se equivocó nada. El fascismo en Europa -no solo en Europa- campa a sus anchas, cada vez más (con Portugal como nuevo elemento). Quien liberó al mundo del fascismo, no solo a Europa, vuelve a ser el enemigo. Como siempre. Los fascistas de hoy no perdonan, como tampoco lo hicieron los de ayer.

La Unión Soviética destrozó el mito de la invencibilidad del fascismo. Hoy Rusia está destrozando el mito de la invencibilidad de Occidente, junto a otros como China o Irán (incluyendo a los increíbles hutíes). Al mismo tiempo, en millones de personas de todos los continentes surgió y se fortaleció la esperanza de liberación de la amenaza de la esclavitud fascista. Como hoy está ocurriendo con la hegemonía occidental, donde cada vez más gente desea que desaparezca.

En una conferencia reciente en la que participé sostuve que estamos en un momento pre-Stalingrado. Al igual que Alemania y sus vasallos con esta ciudad, los cruzados occidentales están poniendo toda la carne en el asador en el país 404, antes conocido como Ucrania. Entonces millones de personas en todo el mundo sintieron que podía haber un nuevo rumbo cuando el crujido de la maquinaria de guerra alemana, de la “wunderwaffen”, de sus armas maravillosas, era el crujido de las armas rotas, derrotadas. Este crujido se está viendo hoy también en el país 404, donde las “wunderwaffen” occidentales (misiles Patriot, tanques Leopard, Challenger, Abrams) arden tan maravillosamente como sus predecesoras.

Entonces se comenzó a formar una amplia política de alianzas anti fascista que hoy es equiparable a esa amplia alianza anti occidental que son los BRICS ampliados (si bien no es del todo cierta esta afirmación sí lo es en cuanto que todos los países BRICS apuestan por el fin de la hegemonía occidental). Y, como entonces, estamos asistiendo a la configuración de un nuevo sistema de relaciones internacionales que chirría para Occidente y su “orden internacional basado en reglas” de la misma forma que chirrió para la Alemania nazi con su orden y sus reglas. Lo mismo que planteaba la Alemania nazi lo plantea hoy Occidente.

Los Macron, los Scholz, los Sunak, las von der Leyen, los Biden son hoy los sucesores de los fascistas de ayer. De ahí el resurgimiento del fascismo. De ahí su obstinación con los neonazis del país 404. De ahí que, según ellos mismos reconocieron, firmaran los Acuerdos de Minsk para no cumplirlos. Nunca perdonarán a la URSS, ni ahora que no existe, a Rusia, que derrotaran al fascismo. Zhúkov tenía razón, mucha razón.

No pueden consentir la derrota en el país 404 como antes no se podía consentir la derrota en Stalingrado. La derrota en el país 404 es humillante. La matanza y el genocidio en Gaza es vergonzoso. Pero los fascistas, los que andan pujantes por las calles y los psicópatas que gobiernan no son humildes ni tienen vergüenza. Los psicópatas tienen miedo, sí, están desesperados, sí, pero aún piensan que todo es reversible. Se encaminan hacia el suicidio colectivo, están destruyendo Occidente, pero quieren morir matando. Mejor, aún piensan que pueden evitar la muerte matando a Rusia (y a China, y a Irán, y a los increíbles hutíes).

Alemania está oficialmente en recesión. Gran Bretaña acaba de entrar en recesión. Pero Rusia es culpable. Lo más que se les ocurre es ponerse delante de los fascistas agitando el trapo de “No te metas con la OTAN”, como si la OTAN no estuviese recibiendo una monumental paliza en el país 404. Por eso hablan de enviar tropas, que ya están; de enviar más armas, que ya están, de… Así son los fascistas. Es lo mismo, igual, que hizo Hitler hace 80 años. Quieren crear una especie de “cordón otánico” en Odesa, en Jarkov, en Kiev para “evitar el avance ruso”. Creen que así los rusos se asustarán por temor a matar a soldados occidentales. Ilusos. Ya están muriendo, como acaba de suceder con 20 estadounidenses que manejaban la batería de misiles Patriot recientemente destruida, esos misiles que, según los neonazis del país 404, derribaban todo lo que llegaba. Otra mentira más ardiendo. Y esos soldaditos yankis han muerto… en Utah. Curiosamente, un día después de esta destrucción, allí un helicóptero del ejército yanki se estrelló dejando 20 muertos.

Quienes hace 80 años, en el pre-Stalingrado, y por conveniencia, se aliaron con la URSS en contra del fascismo, hoy le alientan y le apoyan de forma abierta. En sus propios países, en el país 404 o en Palestina a través del sionismo. Como dijo no hace mucho la ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, la “progre” y “verde” Annalena Baerbock, “estamos librando una guerra contra Rusia”. Ya no solo es esta niñata quien lo dice. Son Macron, Sunak, la condesa de la UE… Todos. Zhúkov tenía razón. Occidente no perdonará nunca la derrota del fascismo.

Occidente está en modo suicida y su derrota está haciendo que el mundo vea cómo la hegemonía occidental desaparece y, con ello, está surgiendo un nuevo mundo donde las relaciones entre países tienden a ser más justas y alejadas de los cánones neocoloniales occidentales. Como ocurrió en Stalingrado, millones de personas del mundo no occidental, el mundo que ha sufrido el neocolonialismo y la agresión, de forma especial desde que desapareció la URSS y se instaló el poder unipolar de EEUU a nivel mundial, están viendo que esa época está desapareciendo, que las “wunderwaffen” occidentales, las armas maravillosas entregadas al país 404, antes conocido como Ucrania, y con las que iban a doblegar a Rusia, crujen y arden como lo hicieron sus predecesoras alemanas en Stalingrado y que su humo y sonido es el de las armas rotas, el de la hegemonía rota, derrotada. Un humo y un sonido que se extienden por todo el mundo y que da fuerza a los resistentes de Gaza, y de Yemen, y de muchos países africanos y sus revueltas anticoloniales…

Porque hoy hay varios Stalingrado y las similitudes son evidentes. En el país 404, Rusia está luchando contra 32 países de la OTAN; en Gaza la resistencia palestina está luchando contra un Israel apoyado por todo Occidente. Incluso los hutíes de Yemen se enfrentan a la “coalición de los dispuestos” occidental, una coalición que sigue los esquemas, y los parámetros, de los nazis. Occidente está siendo derrotado en todos estos Stalingrado.

La reacción occidental oscila entre la locura absoluta (el país 404) y lo grotesco absoluto (como lo del envío “humanitario” a Gaza cuando es con el apoyo de Occidente que se produce el genocidio). Este es el nivel de Occidente. Esto es lo que se está viendo. Por eso hay que llegar a un momento post-Stalingrado. Resulta sorprendente el ver cómo Europa se está convirtiendo una vez más en el epicentro de una nueva gran confrontación, por tercera vez consecutiva, como consecuencia de su irracional vasallaje y sumisión a EEUU y su conclusión, el ascenso del fascismo.

Occidente es el más claro ejemplo del emperador desnudo, no solo EEUU. Sus pretendidos “valores democráticos” son el humo que se eleva de las “wunderwaffen” que arden en el país 404 y del polvo que sale de una Gaza arrasada con su apoyo y patrocinio. El jardín occidental que alababa el Alto Representarte de la Política Exterior de la UE es, en realidad, un erial haciendo el saludo nazi.

Occidente, no solo Europa, tuvo que hacer concesiones a los trabajadores, a la población, tras la derrota nazi (Alemania y sus vasallos) en Stalingrado. El miedo a la fuerza de las ideas socialistas obligó a la burguesía a hacerlo. Eso duró, más o menos, hasta la desaparición de la URSS. Recordad lo que ha ocurrido, lo que está ocurriendo, desde entonces en el campo de los derechos económicos, sociales y laborales.

Ahora todo Occidente está a un paso de la recesión, esa en la que ya están oficialmente Alemania y Gran Bretaña y con Francia, Finlandia y Estonia a las puertas de esa recesión. Las bases para otra profunda crisis europea ya están sentadas y difícilmente podrán ser reversibles. En primer lugar, se trata de la pérdida por parte de Europa de la base principal e irreemplazable de su bienestar económico a largo plazo: los recursos energéticos rusos relativamente baratos. Todo lo demás, incluida la reducción de la producción industrial, los recortes masivos de empleos, la pérdida de estabilidad social, la degradación final de la ya efímera “democracia”, el surgimiento de los llamados “líderes fuertes” (nuevos Führers) en esta ola, es esencialmente una consecuencia inevitable y nada más.

Definitivamente, Zhúkov tenía razón.

El Lince

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