
En marco de la actual situación que atraviesa Irán producto de la ofensiva no provocada, iniciada por Israel y Estados Unidos, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó que superar la fase más intensa de la guerra no implica el fin de los desafíos, sino el inicio de una etapa más compleja que requiere prudencia política, vigilancia y un manejo cuidadoso de las tensiones regionales.
Durante una visita de inspección al Ministerio de Justicia, el mandatario subrayó que la guerra no beneficia a ninguna de las partes, e insistió en la necesidad de avanzar por vías racionales y diplomáticas para reducir la escalada y evitar un nuevo ciclo de confrontación.
En ese contexto, señaló que la etapa posterior al conflicto exige decisiones responsables para preservar la estabilidad interna y regional.
Pezeshkian destacó además que la vigilancia y la desconfianza hacia el adversario continúan siendo elementos fundamentales, especialmente tras semanas de enfrentamientos y acusaciones mutuas entre Irán, Estados Unidos e Israel. Según el presidente, el país debe mantenerse preparado ante cualquier escenario mientras se exploran soluciones políticas.
El jefe del Ejecutivo reiteró que Irán no busca ampliar la guerra y sostuvo que la República Islámica “no ha sido el detonador de ningún conflicto ni lo será”.
En esa línea, afirmó que las acciones militares iraníes se han producido exclusivamente en el marco del derecho legítimo de defensa, y que Teherán no tiene intención de atacar a ningún Estado.
Las declaraciones se producen en medio de un escenario regional aún frágil, marcado por negociaciones indirectas, acusaciones de violaciones del alto el fuego y tensiones persistentes en el Golfo Pérsico. En ese contexto, el presidente iraní insistió en que la etapa posterior a la guerra exigirá más diplomacia, mayor cautela estratégica y unidad interna, para evitar que el conflicto vuelva a escalar.

