Apagan el aire acondicionado en la sede de la Comisión Europea por la ola de calor (pero no para Von der Leyen)

dimitrisvetsikas1969 / Pixabay

Debido al calor extremo en Europa, la sede de la Comisión Europea, en Bruselas, se vio obligada este viernes a apagar el sistema de aire acondicionado, aunque no en todo el edificio, ya que permaneció encendido en las plantas donde trabajan la presidenta del organismo y otros altos cargos, informa Politico.

 

«Debido a las condiciones meteorológicas extremas, el aire acondicionado de las plantas 1 a 7 se ha apagado hasta el final del día«, reza el mensaje enviado a los trabajadores del edificio, que tiene 13 pisos y alberga a unos 3.000 empleados.

La oficina de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se encuentra en la planta 13, y la mayoría de las oficinas de sus comisarios se encuentran en la octava planta o superiores, por lo que no se vieron afectados por el corte del aire acondicionado.

La medida provocó la indignación de los empleados de la Comisión. «Es como el feudalismo«, declaró a Politico un funcionario que trabaja en la planta baja de la sede, mientras que otro calificó la decisión de «vergonzosa». Uno de los trabajadores cuya oficina se encuentra en el octavo piso afirmó que, incluso con el aire acondicionado funcionando, la temperatura interior seguía siendo de 25,7 grados.

Ola de calor en Europa

Una fuerte ola de calor está atravesando Europa, disparando las temperaturas a niveles récord y poniendo a prueba la salud de sus habitantes. Se estima que varios cientos de personas, incluidos niños, han muerto como consecuencia del calor, demasiado intenso para el mes de junio.

El problema de las altas temperaturas viene acompañado por la deficiente gestión de la situación por parte de las autoridades. Los hospitales no solo se ven ante una gran afluencia de pacientes, sino que tampoco se encuentran en condiciones óptimas para recibirlos por falta de aires acondicionados.

«El asesino silencioso»: la OMS alerta de más de 1.300 muertes por calor extremo en Europa

Foto: @cgtn.com

«Actualmente, 150 millones de personas viven bajo un calor extremo, cientos han muerto, las escuelas están cerradas y las redes eléctricas están colapsando«, alertó en la red social X el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Asimismo, recordó que «Europa es el continente que se calienta más rápido en la Tierra, con un calentamiento al doble de la media global».

La OMS califica el estrés por calor como un «asesino silencioso» y alerta de que muchas viviendas, escuelas y lugares de trabajo europeos no están preparados para soportar temperaturas tan elevadas. Por ello, insta a los Gobiernos a reforzar los planes de prevención y adaptar las ciudades para proteger a la población más vulnerable.

A mediados de junio se ha instalado en Europa una ola de calor inusual. En varios países, la temperatura del aire se acerca a los 40 grados y, en algunos lugares, incluso la ha superado. Se ha activado el nivel rojo, el más alto tipo de alerta meteorológica, en Francia, Reino Unido, los Países Bajos e Italia.

Anteriormente, los medios franceses informaron de que al menos 94 millones de personas se verán afectadas por el calor extremo en Europa, debido a unas temperaturas inusualmente altas.

La incómoda pregunta de Putin sobre los elogios de Occidente a los «innovadores» ataques ucranianos que matan a civiles

Zona del ataque ucraniano contra una residencia estudiantil en la ciudad de Starobelsk, en la República Popular de Lugansk, Rusia. | Yevgueni Biyátov / Sputnik

El presidente ruso, Vladímir Putin, cuestionó este domingo el respaldo de varios líderes occidentales al uso de drones por parte de Ucrania y expuso su doble rasero al valorar las acciones militares de Kiev. El mandatario afirmó que le sorprendió leer declaraciones en las que dirigentes europeos elogiaban el «uso innovador» de estos sistemas.

 

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Putin se preguntó si esos mismos líderes también consideran «innovador» el ataque contra una residencia estudiantil en Starobelsk, señalando que no ha escuchado ninguna condena pública sobre ese episodio.

Asimismo, puso en duda las afirmaciones sobre supuestos avances territoriales de las Fuerzas Armadas de Ucrania y sostuvo que, aunque grupos de sabotaje logran infiltrarse ocasionalmente en zonas controladas por Rusia, son neutralizados rápidamente y no existe, según dijo, una liberación de territorios.

También cuestionó las reiteradas llamadas de Occidente a negociar un alto el fuego mientras, al mismo tiempo, mantiene como objetivo una «derrota estratégica» de Rusia. En ese sentido, planteó que, si Ucrania realmente estuviera obteniendo las victorias que describen algunos dirigentes occidentales, no habría necesidad de impulsar conversaciones de paz y bastaría con esperar a que ese objetivo se cumpliera.

Esta es la enorme suma de los daños causados por Irán a las bases de EE.UU. en Oriente Medio

Varias bases militares estadounidenses sufrieron daños como consecuencia de los ataques iraníes durante la guerra librada contra la República Islámica por Estados Unidos e Israel. The Wall Street Journal estimó el costo de esos daños.

La base naval estadounidense en Baréin fue la más afectada, ya que allí resultaron dañados el cuartel general, al menos una docena de edificios y dos terminales de comunicaciones por satélite. El medio, que utilizó modelos de costos e informes de adquisiciones del Departamento de Guerra de EE.UU., estima que la construcción de edificios similares a los dañados en esa instalación costaría aproximadamente 400 millones de dólares. Esta estimación solo incluye la construcción, ya que la remoción de escombros y el refuerzo estructural requerirá gastos adicionales.

Sin embargo, esta no es la única instalación dañada. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales también publicó esta semana su propia evaluación de los daños. Según su estudio, el costo total de la guerra para Washington es hasta el momento de 40.000 millones de dólares, de los cuales entre 2.200 y 5.100 millones corresponden a los daños provocados por los ataques de Teherán contra instalaciones militares estadounidenses en la región.

El capitán Tim Hawkins, portavoz del Mando Central de EE.UU. (Centcom), destacó que en este conflicto las autoridades estadounidenses priorizaron «la protección de las personas por encima de los edificios«. «Nuestra estrategia de protección de la población funcionó. Irán lanzó más de 8.000 misiles y drones, y solo dos impactos provocaron bajas estadounidenses», destacó.

Fuego cruzado

Estados Unidos volvió a bombardear objetivos en Irán el sábado después de acusar a Teherán de atacar con drones a buques mercantes que transitaban cerca del estrecho de Ormuz, incluidos el Ever Lovely y el petrolero Kiku. Según el Centcom, aviones estadounidenses golpearon infraestructuras de vigilancia, comunicaciones, defensa aérea, almacenes de drones y capacidades de minado, en cumplimiento de órdenes del presidente Donald Trump.

Irán respondió con ataques de la Armada de la Guardia Revolucionaria contra posiciones estadounidenses en la región y acusó a Washington de violar el alto el fuego previsto en el memorando de Islamabad. Medios locales reportaron explosiones en la zona costera de Taheriyeh, cerca de Sirik, y en la isla de Qeshm, en Ormuz, mientras Teherán prometió una reacción «rápida y decisiva» a los nuevos bombardeos.

Irán se marcha del Mundial con la cabeza alta

Irán se marcha del Mundial con la cabeza alta

La eliminación de la selección de Irán del Mundial organizado entre Estados Unidos, México y Canadá deja muchas preguntas encima de la mesa. Más allá de los resultados deportivos, lo sucedido durante el torneo vuelve a poner de manifiesto hasta qué punto las grandes organizaciones internacionales del deporte están cada vez más condicionadas por los intereses políticos y económicos de las grandes potencias.

Irán se ganó su presencia en el Mundial sobre el terreno de juego. Como cualquier otra selección, logró su clasificación compitiendo y obteniendo los resultados necesarios. Sin embargo, una vez comenzó el campeonato, muchos aficionados percibieron que el combinado iraní no estaba siendo tratado en igualdad de condiciones respecto a otros participantes.

Las restricciones impuestas a los desplazamientos, las dificultades burocráticas y las limitaciones derivadas de la política exterior estadounidense generaron una situación extraordinariamente complicada para los futbolistas iraníes. Mientras otras selecciones podían concentrarse exclusivamente en el fútbol, Irán parecía obligado a superar constantemente obstáculos adicionales ajenos al deporte.

Resulta difícil defender que un Mundial puede desarrollarse en condiciones plenamente justas cuando algunos participantes se ven sometidos a circunstancias que otros no tienen que afrontar. El deporte debería servir para unir pueblos, para competir en igualdad y para demostrar el talento de los deportistas. Cuando la geopolítica entra en los vestuarios, en los aeropuertos y en las concentraciones, el espíritu deportivo se resiente.

Durante el campeonato, además, fueron muchos los aficionados que interpretaron determinadas decisiones arbitrales y ciertas dinámicas competitivas como especialmente perjudiciales para la selección iraní.

Independientemente de que esas percepciones sean compartidas o no por todo el mundo, lo que resulta evidente es que existía un clima de sospecha y desconfianza que la FIFA no fue capaz de disipar.

Y ahí aparece otro problema de fondo. La FIFA lleva años proyectando una imagen de organización más preocupada por los intereses económicos, los contratos multimillonarios y las relaciones con los grandes centros de poder que por la defensa de los valores que dice representar. Cada vez son más los aficionados que observan con escepticismo sus decisiones y que consideran que el fútbol está siendo utilizado como una herramienta política y comercial.

Para muchos, la presencia de Irán en las fases avanzadas del torneo resultaba incómoda. No porque jugase mal, sino precisamente porque estaba ofreciendo una imagen de esfuerzo, disciplina y resistencia frente a las dificultades. Sus futbolistas se convirtieron para millones de personas en el símbolo de un equipo obligado a competir contra circunstancias que iban mucho más allá de los noventa minutos de cada partido.

Finalmente, Irán quedó eliminado. Pero lo hizo sin renunciar a sus principios deportivos, sin recurrir al juego sucio y dejando una imagen de compromiso y profesionalidad que merece reconocimiento. Los resultados pasarán, como pasan todos los resultados deportivos. Lo que permanecerá será el recuerdo de una selección que, en opinión de muchos aficionados, supo mantener la dignidad incluso cuando sentía que tenía el terreno inclinado en su contra.

Porque a veces se puede abandonar una competición y, sin embargo, salir reforzado moralmente. Y para quienes vieron en la selección iraní un ejemplo de resiliencia ante la adversidad, esa es precisamente la sensación que deja este Mundial: la de un equipo que se marcha del torneo, pero que conserva intacto el respeto de quienes valoran el esfuerzo, la deportividad y la capacidad de resistir cuando todo parece jugar en contra.

En ese sentido, este Mundial probablemente pasará a la historia como uno de los peores en cuanto a organización, pero sobre todo como uno de los más sucios y menos deportivos de los últimos tiempos. Una edición marcada no solo por lo que ocurrió dentro del campo, sino también por todo lo que lo rodeó: decisiones discutidas, sospechas persistentes y una creciente sensación de que el fútbol, lejos de protegerse, está cada vez más expuesto a intereses ajenos al propio juego.

 

André Abeledo Fernández 

La población de Líbano se levanta por la claudicación del gobierno de Beirut ante Israel

Foto: @iran.ru
Foto: @iran.ru

Las multitudes han tomado por completo las calles de Beirut, quemando neumáticos y bloqueando carreteras en un arrebato de furia por la firma ayer de un acuerdo entre Israel y el gobierno libanés.

El acuerdo legaliza la ocupación israelí del sur de Líbano y otorga inmunidad a Netanyahu por los crímenes de guerra. Otro de sus objetivos es sacar a Líbano del acuerdo firmado por Estados Unidos e Irán.

La traición se firmó en Washington después de varios días de conversaciones para asegurar el fin de los combates entre Israel y Hezbollah. El objetivo es que sea el propio ejército libanés quien aplaste a la resistencia libanesa, bien directamente o colaborando con las tropas israelíes.

La embajadora libanesa Nada Moawad y su homólogo israelí, Yechiel Leiter, firmaron el documento trilateral con Estados Unidos en el Departamento de Estado en Washington.

“Hoy hemos dado el primer paso en lo que será un viaje difícil, sin duda, pero importante y uno esencial y necesario”, dijo el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, antes de que se firmara el acuerdo.

La guerra entre Israel y Hezbollah estalló después de que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán. Los bombardeos israelíes han asesinado a más de 4.000 libaneses y desplazado de sus hogares a más de un millón.

El número de muertos por Israel por esta ronda de hostilidades con Hezbollah incluye al menos 32 soldados y cuatro civiles israelíes.

Antes de que las conversaciones se reanudaran esta semana, Israel y Hezbollah acordaron un alto el fuego, a pesar de que Israel mantuvo tropas en el sur de Líbano.

Los ataques han persistido a pesar del alto el fuego.

Ayer las tropas israelíes arrojaron folletos sobre la ciudad de Mansouri, en el sur de Líbano, ordenando a la población que se fuera. Es la primera orden de este tipo emitida desde que entró en vigor el último alto el fuego entre Israel y Hezbollah.

Israel ha agregado recientemente a Mansouri a su zona de ocupación militar. Los campesinos libaneses habían seguido entrando y saliendo de la ciudad, pero que no permencen viviendo allí.

Las tropas israelíes disparan contra cualquiera que se acerque a la zona de ocupación, incluidos civiles y soldados libaneses.

La mejor ayuda para Venezuela es levantar el bloqueo

La mejor ayuda para Venezuela es levantar el bloqueo

Las imágenes que llegan desde Venezuela tras los devastadores terremotos conmueven al mundo. Miles de familias afectadas, infraestructuras destruidas y una tragedia humana de enormes dimensiones exigen una respuesta inmediata basada en la solidaridad internacional. En estos primeros momentos es imprescindible enviar equipos de rescate, personal sanitario, maquinaria especializada, alimentos, medicinas y toda la ayuda material posible para salvar vidas y atender a quienes lo han perdido todo.

Pero una vez pasado el primer momento de emergencia, conviene hacerse una pregunta fundamental: ¿qué necesita realmente Venezuela para poder levantarse y reconstruirse?

Numerosos economistas y especialistas en desarrollo internacional llevan años señalando una evidencia que demasiados gobiernos occidentales prefieren ignorar: ningún país puede recuperarse plenamente de una catástrofe si al mismo tiempo permanece sometido a sanciones económicas, bloqueos financieros y restricciones comerciales que estrangulan su capacidad de actuación.

Resulta difícil no percibir la contradicción. Los mismos gobiernos que expresan su preocupación por el sufrimiento del pueblo venezolano son, en muchos casos, los que han respaldado medidas que limitan el acceso del país a recursos financieros, dificultan sus operaciones comerciales y mantienen retenidos activos que pertenecen al Estado venezolano. Se anuncian ayudas millonarias mientras se siguen manteniendo mecanismos que privan a Venezuela de cantidades muy superiores.

La verdadera solidaridad no consiste únicamente en enviar ayuda de emergencia. La verdadera solidaridad consiste también en dejar de poner obstáculos para que un pueblo pueda reconstruir su futuro por sus propios medios.

Si realmente existe preocupación por el pueblo venezolano, ha llegado la hora de levantar las sanciones económicas, poner fin a los bloqueos financieros, devolver los activos venezolanos retenidos en el extranjero y permitir que el país pueda comerciar libremente con el resto del mundo. No como un favor, sino como una cuestión de justicia y de respeto a la soberanía nacional.

Porque la reconstrucción de Venezuela no puede depender eternamente de la caridad internacional. Ningún pueblo quiere vivir de la ayuda exterior. Los pueblos quieren trabajar, producir, comerciar y decidir su propio destino. Lo que necesita Venezuela es poder utilizar sus propios recursos para reconstruir escuelas, hospitales, carreteras, viviendas y servicios públicos.

La historia reciente ofrece ejemplos que deberían servir de advertencia. Haití recibió enormes promesas de ayuda tras sus tragedias, intervenciones internacionales, misiones extranjeras y una constante presencia de organismos internacionales. Sin embargo, décadas después continúa atrapado en una crisis permanente, con instituciones debilitadas, pobreza extrema y una situación de inseguridad que impide incluso el normal desarrollo de la vida cotidiana. La ayuda llegó, pero el desarrollo nunca llegó realmente.

Ese no puede ser el futuro de Venezuela.

La reconstrucción debe estar en manos del propio pueblo venezolano. La comunidad internacional puede y debe colaborar, pero respetando siempre la soberanía nacional y facilitando que el país disponga de todos los recursos que le pertenecen.

Por eso, además de la ayuda humanitaria urgente, hay una exigencia política que debería escucharse con fuerza en todo el mundo: basta de sanciones, basta de bloqueos y basta de castigos colectivos contra un pueblo que acaba de sufrir una tragedia de enormes dimensiones.

Si de verdad queremos ayudar a Venezuela, ayudemos hoy a quienes necesitan ser rescatados, alimentados y atendidos. Pero mañana hagamos algo todavía más importante: dejemos que Venezuela viva en paz, recupere lo que es suyo y pueda levantarse por sí misma.

Porque ningún pueblo se reconstruye con discursos de compasión mientras se le mantienen las cadenas económicas. Los pueblos se reconstruyen con soberanía, con recursos y con libertad para decidir su propio camino.

 

André Abeledo Fernández 

Bombardeos y amenazas del «infierno»: Alto el fuego entre EE.UU. e Irán, bajo prueba tras nueva ronda de ataques

Imagen generada por IA / @life.ru

Estados Unidos volvió a bombardear Irán este sábado (hora local) por segundo día consecutivo, como respuesta a las supuestas acciones perpetradas por las fuerzas iraníes contra buques mercantes que transitaban por el estrecho de Ormuz.

 

El Mando Central de EE.UU. (CENTCOM) anunció que la aviación estadounidense atacó infraestructura de vigilancia militar iraní, sistemas de comunicación, sitios de defensa aérea, instalaciones de almacenamiento de drones y capacidades de sembrado de minas.

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«Tras los ataques estadounidenses de ayer en respuesta al ataque iraní contra el buque Ever Lovely, se le dio a Irán la oportunidad de respetar el acuerdo de alto el fuego, pero decidió no hacerlo», aseguró el CENTCOM.

Por su parte, el presidente Donald Trump, aseveró que el país persa «dejará de existir» si Washington «se ve forzado» a recurrir a la vía militar para «completar el trabajo». «Puede que llegue un momento en el que ya no podamos ser razonables y nos veamos obligados a completar por la vía militar la tarea que hemos iniciado con tanto éxito. Si eso ocurre, ¡la República Islámica de Irán dejará de existir!«, declaró.

Estallidos múltiples en Irán

En medio de la agresión estadounidense, se escucharon varias explosiones en la ciudad portuaria de Sirik, indicaron medios locales. Una fuente militar comentó a la agencia de noticias IRIB que los estallidos se debieron al impacto de varios proyectiles contra una torre de telecomunicaciones en Taheriyeh, cerca de Sirik.

También se reportó el impacto de varios proyectiles contra la aldea de Masen, situada en la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz.

Respuesta iraní

Momentos después del ataque de EE.UU., se reportaron explosiones en Baréin. Casi en paralelo, las autoridades de Kuwait comunicaron que las defensas antiaéreas kuwaitíes estaban interceptando ataques hostiles con misiles y drones.

Posteriormente, la Guardia Revolucionaria iraní reclamó la autoría de los ataques y detalló que, en respuesta a las últimas agresiones de Washington se lanzaron misiles balísticos y drones contra 8 «infraestructuras importantes» de EE.UU. en la región entre ellas: la base aérea Ali Al Salem en Kuwait, utilizada por EE.UU. junto con la Fuerza Aérea kuwaití, y la sede de la Quinta Flota de la Armada de EE.UU. en el puerto de Mina Salman, en la capital de Baréin.

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Asimismo, la Armada del CGRI advirtió que las fuerzas estadounidenses «experimentarán el infierno estos días« en la región y afirmó que los «disparos a ciegas» de EE.UU. contra Sirik «no resuelven el enigma» del control iraní sobre el estrecho de Ormuz, mientras que los disparos de Irán contra «los infractores» sirven para recordar al resto de los buques «el camino claro para pasar».

La noche previa

La noche del viernes, el CENTCOM comunicó que aviones estadounidenses atacaron instalaciones iraníes. En paralelo, se escucharon explosiones en la zona costera de Taheriyeh.

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En respuesta al bombardeo estadounidense, la Armada de la Guardia Revolucionaria iraní respondió atacando varias posiciones de las tropas de EE.UU. en la región, al tiempo que acusó a Washington de violar el alto el fuego acordado en el marco del memorando de entendimiento de Islamabad.

¿Qué estipula el artículo 5?

Según el texto del memorando de entendimiento firmado por Irán y EE.UU. con mediación de Pakistán, y difundido por medios iraníes, el quinto punto estipula lo siguiente:

«Tras la firma del presente memorándum de entendimiento, la República Islámica de Irán adoptará todas las medidas posibles para garantizar el paso seguro de los buques mercantes, sin coste alguno, durante un período de 60 días, desde el golfo Pérsico hasta el mar de Omán y viceversa. El tránsito de los buques mercantes comenzará de inmediato y se establecerá en un plazo de 30 días, sin perjuicio de la necesidad de que la República Islámica de Irán elimine los obstáculos técnicos y militares y lleve a cabo el desminado. La República Islámica de Irán y el Sultanato de Omán mantendrán conversaciones para determinar la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, de conformidad con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados ribereños del estrecho de Ormuz, e intercambiarán, asimismo, puntos de vista con los demás Estados ribereños del golfo Pérsico».

A mellor axuda para Venezuela é levantar o bloqueo

A mellor axuda para Venezuela é levantar o bloqueo

As imaxes que chegan desde Venezuela tras os devastadores terremotos conmoven ao mundo. Miles de familias afectadas, infraestruturas destruídas e unha traxedia humana de enormes dimensións esixen unha resposta inmediata baseada na solidariedade internacional. Nestes primeiros momentos é imprescindible enviar equipos de rescate, persoal sanitario, maquinaria especializada, alimentos, medicinas e toda a axuda material posible para salvar vidas e atender a quen o perdeu todo.

Pero unha vez superado o primeiro momento de emerxencia, convén facerse unha pregunta fundamental: que necesita realmente Venezuela para poder levantarse e reconstruírse?

Numerosos economistas e especialistas en desenvolvemento internacional levan anos sinalando unha evidencia que demasiados gobernos occidentais prefiren ignorar: ningún país pode recuperarse plenamente dunha catástrofe se ao mesmo tempo permanece sometido a sancións económicas, bloqueos financeiros e restricións comerciais que estrangulan a súa capacidade de actuación.

Resulta difícil non percibir a contradición. Os mesmos gobernos que expresan a súa preocupación polo sufrimento do pobo venezolano son, en moitos casos, os que apoiaron medidas que limitan o acceso do país aos recursos financeiros, dificultan as súas operacións comerciais e manteñen retidos activos que pertencen ao Estado venezolano. Anúncianse axudas millonarias mentres se seguen mantendo mecanismos que privan a Venezuela de cantidades moi superiores.

A verdadeira solidariedade non consiste unicamente en enviar axuda de emerxencia. A verdadeira solidariedade consiste tamén en deixar de poñer obstáculos para que un pobo poida reconstruír o seu futuro polos seus propios medios.

Se realmente existe preocupación polo pobo venezolano, chegou a hora de levantar as sancións económicas, poñer fin aos bloqueos financeiros, devolver os activos venezolanos retidos no estranxeiro e permitir que o país poida comerciar libremente co resto do mundo. Non como un favor, senón como unha cuestión de xustiza e de respecto á soberanía nacional.

Porque a reconstrución de Venezuela non pode depender eternamente da caridade internacional. Ningún pobo quere vivir da axuda exterior. Os pobos queren traballar, producir, comerciar e decidir o seu propio destino. O que necesita Venezuela é poder utilizar os seus propios recursos para reconstruír escolas, hospitais, estradas, vivendas e servizos públicos.

A historia recente ofrece exemplos que deberían servir de advertencia. Haití recibiu enormes promesas de axuda tras as súas traxedias, intervencións internacionais, misións estranxeiras e unha constante presenza de organismos internacionais. Porén, décadas despois continúa atrapado nunha crise permanente, con institucións debilitadas, pobreza extrema e unha situación de inseguridade que impide mesmo o normal desenvolvemento da vida cotiá. A axuda chegou, pero o desenvolvemento nunca chegou realmente.

Ese non pode ser o futuro de Venezuela.

A reconstrución debe estar en mans do propio pobo venezolano. A comunidade internacional pode e debe colaborar, pero respectando sempre a soberanía nacional e facilitando que o país dispoña de todos os recursos que lle pertencen.

Por iso, ademais da axuda humanitaria urxente, hai unha esixencia política que debería escoitarse con forza en todo o mundo: abonda de sancións, abonda de bloqueos e abonda de castigos colectivos contra un pobo que acaba de sufrir unha traxedia de enormes dimensións.

Se de verdade queremos axudar a Venezuela, axudemos hoxe a quen necesita ser rescatado, alimentado e atendido. Pero mañá fagamos algo aínda máis importante: deixemos que Venezuela viva en paz, recupere o que é seu e poida levantarse por si mesma.

Porque ningún pobo se reconstrúe con discursos de compaixón mentres se lle manteñen as cadeas económicas. Os pobos reconstrúense con soberanía, con recursos e con liberdade para decidir o seu propio camiño.

 

André Abeledo Fernández 

OTAN, rearme europeo y empobrecimiento obrero

El gobierno español intenta venderse como “pacifista” mientras mete cada vez más al Estado español en la guerra de Ucrania y en la militarización de Europa. La mentira ya resulta obscena. Hablan de “No a la guerra” mientras envían armas, entrenan soldados ucranianos, fabrican municiones y convierten a empresas españolas en piezas de la maquinaria militar de la OTAN.

Margarita Robles anunció nuevos envíos de blindados, municiones y material militar a Kiev. El propio gobierno reconoce que ya ha entrenado a más de 9.000 militares ucranianos en suelo español. Y Pedro Sánchez sigue apoyando en Bruselas más gasto militar, más rearme y más dinero para la llamada “seguridad europea”.

Traducido al lenguaje real: más dinero para la guerra y menos para la clase obrera.

Mientras millones de trabajadores no llegan a fin de mes, la Unión Europea prepara una economía de guerra financiada con dinero público y controlada por bancos, fondos de inversión y monopolios armamentísticos. El programa SAFE movilizará hasta 150.000 millones de euros para aumentar la producción militar europea y garantizar contratos multimillonarios a la industria de defensa.

España participa de lleno en ese negocio sangriento. Rheinmetall fabrica municiones en Murcia para alimentar la guerra. Indra colabora en blindados, sistemas electrónicos y tecnología militar. Además, el gobierno español ha firmado acuerdos con Zelenski para producir conjuntamente proyectiles, radares y más equipamiento bélico.

Toda esta locura militarista ocurre mientras la clase obrera soporta alquileres imposibles, salarios de miseria, precariedad, privatización sanitaria y subida constante de precios. Los miles de millones que van a armas salen directamente del bolsillo de los trabajadores. Cada tanque, cada dron y cada misil significan menos dinero para hospitales, pensiones, escuelas o vivienda pública.

La hipocresía del gobierno español alcanza niveles ridículos cuando se mira su política energética. Mientras participa en la guerra contra Rusia, España aumentó más de un 123% las compras de gas ruso. Rusia volvió a convertirse en uno de los principales proveedores energéticos del Estado español.

Es decir: el gobierno compra gas ruso mientras manda armas contra Rusia. Financian por un lado aquello que dicen combatir por el otro. Y no porque estén locos, sino porque el capitalismo europeo no puede sobrevivir sin energía barata. La propaganda política choca constantemente con los intereses económicos de los grandes capitalistas.

Los gobiernos europeos hablan de “valores democráticos”, pero lo que defienden son beneficios empresariales, mercados y negocios militares. La guerra se ha convertido en una gigantesca fuente de ganancias para las industrias armamentísticas, energéticas y tecnológicas.

Mientras tanto, a los trabajadores se les pide sacrificios. Sacrificios para pagar la luz, para llenar el depósito, para comprar comida o para acceder a una vivienda digna. Nos dicen que hay que apretarse el cinturón “por seguridad”, mientras las empresas militares baten récords de beneficios.

La propia Unión Europea reconoce que Ucrania necesita decenas de miles de millones adicionales para continuar la guerra. Estados Unidos está trasladando el coste económico del conflicto hacia Europa, y las burguesías europeas aceptan obedientemente aunque eso signifique más deuda, más inflación y más recortes sociales.

Cada vez hablan más claramente de rearme permanente, economía militar y preparación para conflictos largos. Quieren acostumbrar a la población a vivir peor mientras se dispara el gasto militar. Quieren normalizar que haya dinero infinito para armas y ninguno para resolver los problemas sociales.

Pero la amenaza principal para la clase obrera no es solo la guerra exterior. Es el propio sistema capitalista que convierte la guerra en negocio y la crisis en una herramienta para explotar todavía más a los trabajadores.

Lenin ya explicó en La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla que el capitalismo monopolista lleva inevitablemente a la guerra, al saqueo y a la ruina social. También explicó cómo las clases dominantes utilizan las crisis para descargar el peso económico sobre el pueblo mientras fortalecen el control político y la propaganda. Eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy.

Más gasto militar. Más propaganda bélica. Más censura. Más precariedad. Más beneficios para los monopolios.

La clase obrera española no gana absolutamente nada con esta escalada militar. No necesita drones, ni blindados, ni bases de la OTAN. Necesita salarios dignos, empleo estable, vivienda, sanidad, educación y servicios públicos.

Mientras el gobierno habla de paz, prepara la guerra. Mientras habla de democracia, entrega miles de millones a la industria militar. Mientras pide sacrificios a los trabajadores, garantiza beneficios a bancos y monopolios.

Por eso es necesario denunciar esta hipocresía y levantar una respuesta obrera y popular contra el rearme, la militarización y el saqueo social. Porque detrás de toda esta propaganda de “seguridad” se esconde la misma realidad de siempre: que las clases populares pagan las crisis y las guerras de los ricos.

El rearme europeo no busca “defender la democracia”, sino salvar a un capitalismo en crisis arrastrando a los pueblos hacia la guerra.

MYGO

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