Ataques terroristas en Mali y la desestabilización imperialista del Sahel

Fernando (Unidad y Lucha).— El pasado 25 de abril se produjo una intensa oleada de terrorismo en Mali, con episodios adicionales durante la primera quincena de mayo. Estas agresiones fueron no solo contra objetivos militares, sino también contra miembros del gobierno y la población en general, con al menos 80 muertes civiles confirmadas. También fue asesinado el ministro de defensa Sadio Camara, así como varios miembros de su familia. El presidente Assimi Goïta sufrió otro ataque, pero salió ileso. En respuesta, el ejército maliense, que reconoció la extrema gravedad de los hechos, repelió las agresiones y en los días posteriores informó de que había logrado controlar la situación.

Se trata de unos ataques coordinados entre el ‘Frente de Liberación de Azawad’ (FLA): milicias secesionistas de etnia tuareg, y el ‘Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes’ (JNIM): terroristas de una filial local de Al-Qaeda, con su interpretación wahabita-takfirí, la que impulsan las petro-monarquías sátrapas árabes. Así pues, dos grupos que en principio no comparten proyecto político. Esto, unido a la excepcional intensidad y sincronización de los ataques (algunos informes estiman entre 10 y 12 mil combatientes), además de a su amplia extensión geográfica –norte y centro de un país enorme como Mali–, despeja cualquier duda sobre si detrás están las ambiciones imperialistas de EE. UU. y Francia, la antigua potencia colonial, quienes mantienen intactas sus ansias de dominación. De hecho, los atacantes usaron misiles Stinger (de fabricación estadounidense) y Mistral (francesa); así como un importante número de drones, lo cual apunta a una participación ucraniana, que ya celebró públicamente los atentados de 2024 contra las fuerzas militares rusas de ‘Africa Corps’, las sucesoras del grupo Wagner.

No obstante, la presencia de terrorismo en el Sahel no es nueva, sino que crece y se consolida a raíz de la destrucción de Libia por parte de la OTAN en 2011. En la zona también operan ‘Boko Haram’ (presente sobre todo en el norte de Nigeria y sur de Níger) y dos ramas de Daesh: ‘Estado Islámico del Gran Sáhara’ y de ‘África Occidental’. A ellas hay que sumar el autodenominado ‘Frente Patriótico de Liberación’, que en 2024 voló un importante oleoducto en Níger y que, en colaboración abierta con Francia, ha tratado repetidamente de derrocar al presidente nigerino Abdourahamane Tchiani.

No es coincidencia que estos grupos terroristas se multipliquen en regiones estratégicas cuyos pueblos y gobiernos se niegan a plegarse a los dictados imperialistas. En parte, el terrorismo se financia mediante la extorsión y el contrabando (oro, petróleo, droga, ganado, personas, etc.); pero indudablemente obtiene un enorme apoyo financiero, armamentístico, logístico y de inteligencia militar de manos del imperialismo, cuyo interés es extraer las riquezas de la región e impedir el desarrollo local, que hoy está estableciendo crecientes vínculos comerciales, tecnológicos y energéticos con China, así como con Rusia e incluso Irán.

De hecho, los propios Goïta y Tchiani están impulsando, junto con el presidente burkinabé Ibrahim Traoré, la llamada ‘Alianza de Estados del Sahel’ (Mali, Burkina Faso y Níger), con unos principios sólidamente anticoloniales y panafricanistas, e inspiración en las ideas de Thomas Sankara, el Che Guevara africano. Sus políticas se centran en modernizar el sector agrario, enfocándose en la autosuficiencia y la soberanía alimentaria – y logrando éxitos sin precedentes, como que Burkina Faso haya obtenido excedentes en su producción de cereal en los 2 últimos años. Cómo no, también en el control soberano de los recursos mineros y energéticos, para no ser esquilmados: oro, petróleo, uranio, tierras raras, etc. A esto hay que unirle su impulso de la industria textil local, la mejora de la red eléctrica y de suministro de agua potable… y los primeros pasos para abandonar el franco CFA, la moneda impuesta por Francia y que controla París.

Y todo esto el imperialismo ¡no se lo puede perdonar jamás!

Kim Jong-un advierte del rápido aumento del «ultranacionalismo de edición moderna» como el neonazismo ucraniano

Brigada Azov, 2022

El líder de la República Popular Democrática de Corea, Kim Jong-un, aprovechó su más reciente intervención ante el Partido de los Trabajadores para advertir sobre el rápido aumento del «ultranacionalismo de edición moderna».

 

«Hoy en día, el mundo es testigo de un ultranacionalismo desenfrenado en su edición moderna, incluyendo la idea de ‘América Primero’, el sionismo, el neonazismo ucraniano y el militarismo japonés; de una inestabilidad internacional que recuerda el desastroso panorama de hace un siglo, cuando el mundo entero se vio envuelto en guerras y derramamiento de sangre», señaló.

Como Kim recuerda, dicha situación se originó a causa de «la connivencia entre potencias», y en medio de las prácticas de «cierto país» que hace caso omiso a las leyes internacionales. En este sentido, condenó las acciones de Washington en la escena internacional.

«Las guerras, el derramamiento de sangre y la inestabilidad política y económica se están convirtiendo en algo cotidiano en el mundo debido a la codicia geopolítica sin límites […] las prácticas indiscriminadas y autoritarias de EE.UU. han impactado peligrosamente en sus fuerzas satélite y han deteriorado la sangrienta situación en Europa y Oriente Medio«, agregó.

Zelensky pone a Bielorrusia en el ojo del huracán

Si se reúne el G7, en cuanto aparecen las cámaras de televisión Zelensky aparece por algún rincón, aunque Ucrania no pertenezca al grupo. Si se reúne el Consejo Europeo también aparece Zelensky por medio, aunque Ucrania no pertenece a la Unión Europea. Es necesario aprovechar la abundancia de medios de comunicación para hacer declaraciones.

 

Las Declaraciones son el alpiste del que se nutren los medios. Sin embargo, para convocar una rueda de prensa hay que tener algo que comentar.

El último golpe de efecto ha sido la amenaza a Bielorrusia. Zelensky explicó que Bielorrusia está construyendo torres de transmisiones para dar soporte a los drones rusos. Le dio a Lukashenko un ultimátum de una semana para desmantelarlas; en caso contrario, Ucrania lo hará por ellos.

Los ucranianos ya no saben cómo escalar la guerra. Su campaña contra las refinerías rusas ha fracasado, igual que su intento de paralizar la economía rusa. Sólo Kiev está al borde la parálisis completa.

Los repetidores rusos permiten a Rusia contrarrestar la ventaja que el sistema Starlink representa para Ucrania, permitiéndole además controlar recursos aéreos de largo alcance. Starlink es el último activo que le queda a Ucrania, y si Rusia logra neutralizarlo, asestaría un duro golpe a Ucrania, particularmente en el corredor al oeste de Kiev, donde ha comenzado a contrarrestar los ataques aéreos ucranianos contra convoyes terrestres y camiones cisterna.

Ucrania se jacta de utilizar la infraestructura de sus padrinos extranjeros. Aviones occidentales patrullan a lo largo de las fronteras rusas y envían correcciones de rumbo a los drones ucranianos, sin mencionar los satélites y demás instalaciones que constituyen la retaguardia ucraniana, ubicada más allá de sus fronteras. Pero, curiosamente, cuando la propia Rusia utiliza infraestructura aliada para obtener ayuda, ofende profundamente la ética de Kiev en tiempos de guerra.

Al crear un nuevo foco de tensiones con Bielorrusia, una vez más Zelensky intenta desviar la atención de los medios hacia un nuevo punto de interés. Quiere impulsar una nueva campaña de propaganda para movilizar a la OTAN para contrarrestar la nueva amenaza. La operación probablemente incluiría operaciones de falsa bandera, con Bielorrusia atacando a Polonia, y otras maniobras similares para amplificar su impacto.

El dinero de Ucrania no llega hasta el invierno

La situación de Ucrania es mucho peor de lo que parece. Zelensky no sólo necesita dinero sino algo más importante: financiación a largo plazo. El reciente desembolso europeo de 90.000 millones de euros no va a llegar al invierno, como ha confesado el propio Zelensky: este invierno va a poner fin a la guerra porque el dinero de la Unión Europea sólo le llega para pagar los gastos hasta entonces.

Sus campañas de relaciones públicas, explican dos cosas. Primero, la insistencia del presidente del Consjo Europeo, Antonio Conte, para reabrir los canales de comunicación con Rusia, que están cerrados desde hace tiempo, una iniciativa que -por enésima vez- ha dividido a los países europeos.

Segundo, también explican los ataques intrascendentes, cada vez más parecidos a una película de acción. El último truco ucraniano consiste en llenar los drones con keroseno. Al ser derribados por las defensas rusas, parecen un éxito cuando dejan una densa estela humo en el cielo.

A pesar de ello, los medios de comunicación, sobre todo los franceses, llevan esos “ataques” a sus portadas. En las fotos se pueden ver grandes columnas de humo a lo lejos.

Kim carga contra EE.UU.: «Sus prácticas indiscriminadas han deteriorado la sangrienta situación en Europa y Oriente Medio»

El líder de la República Popular Democrática de Corea, Kim Jong-un | KCNA

El líder de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Kim Jong-un, aprovechó su más reciente intervención ante el Partido de los Trabajadores para condenar las acciones de EE.UU. en la escena internacional y reafirmar la postura de su país en materia de política exterior.

 

«Se están produciendo uno tras otro incidentes y acontecimientos inimaginables, que trascienden cualquier concepto y el sentido común, las guerras, el derramamiento de sangre y la inestabilidad política y económica se están convirtiendo en algo cotidiano en el mundo debido a la codicia geopolítica sin límites y al abuso de poder por parte de las fuerzas hegemónicas, algo sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial», señaló. «Como consecuencia, el enfrentamiento entre los bandos —las fuerzas a favor de la independencia y las de la dominación— se está recrudeciendo», agregó.

Ultranacionalismo desenfrenado

Según el líder norcoreano, «las prácticas indiscriminadas y autoritarias de EE.UU. han impactado peligrosamente en sus fuerzas satélite y han deteriorado la sangrienta situación en Europa y Oriente Medio».

En paralelo, indicó que Japón se ha transformado abiertamente en un «Estado de guerra», al aprovechar las actuales circunstancias como una oportunidad para deshacerse de todos los impedimentos para convertirse en una potencia militar.

«El mundo es testigo de un ultranacionalismo desenfrenado en su edición moderna, incluyendo la idea de ‘América Primero’, el sionismo, el neonazismo ucraniano y el militarismo japonés; de una inestabilidad internacional que recuerda el desastroso panorama de hace un siglo, cuando el mundo entero se vio envuelto en guerras y derramamiento de sangre a causa de la connivencia entre potencias, y en medio del frenesí de las prácticas autoritarias y arbitrarias de cierto país que hace caso omiso de las leyes internacionales», condenó.

Lamine Yamal es catalán, la patria no es cuestión de religión.

Lamine Yamal es catalán, la patria no es cuestión de religión.

Las críticas de la ultraderecha a la celebración de Lamine Yamal tras marcar su primer gol en un Mundial son el reflejo perfecto de la profunda indigencia intelectual en la que vive instalada una parte de la derecha más reaccionaria.

No critican que celebrase el gol rezando. Lo critican porque es musulmán.

Porque cuando un futbolista se santigua antes de un partido, cuando un entrenador hace la señal de la cruz al salir al campo o cuando cualquier deportista agradece a Dios una victoria desde una perspectiva cristiana, nadie monta una campaña de odio. Nadie cuestiona su españolidad. Nadie le exige explicaciones sobre sus creencias. Todo el mundo lo respeta, como debe ser.

Sin embargo, cuando quien expresa su fe es un joven musulmán, nacido en España, criado en España, que defiende la camiseta de la selección española y que representa a millones de jóvenes de nuestro país, entonces aparecen los de siempre con sus discursos de odio, sus prejuicios y sus complejos.

Los mismos que gritan «España cristiana y no musulmana» como si estuvieran en una cruzada medieval.

Lo más curioso es que muchos de los que lanzan esos mensajes rara vez pisan una iglesia. Muchos no sabrían recitar una oración. La inmensa mayoría jamás ha leído la Biblia. Su supuesto fervor religioso no nace de la fe, sino del rechazo al diferente.

No defienden el cristianismo.

Utilizan el cristianismo como una herramienta política para señalar, excluir y dividir.

La nacionalidad no depende de la religión. No se es más español por ser católico, protestante, ortodoxo, musulmán, judío, budista, hinduista o ateo. No se es más español por creer en Dios ni por no creer en él.

La ciudadanía no se mide por la fe.

Se mide por los derechos y deberes compartidos, por la convivencia y por el respeto mutuo.

Y precisamente para garantizar esa convivencia existe la Constitución Española de 1978, tan invocada por quienes menos la respetan cuando no coincide con sus prejuicios ideológicos.

El artículo 16 establece con absoluta claridad la libertad religiosa, ideológica y de culto para todas las personas. También garantiza que nadie pueda ser obligado a declarar sus creencias y deja claro que ninguna confesión tendrá carácter estatal.

España no es un Estado católico.

España es un Estado aconfesional.

Además, el artículo 14 prohíbe expresamente cualquier discriminación por razón de religión.

Es decir, la Constitución protege exactamente aquello que la ultraderecha pretende atacar: el derecho de cada persona a creer, a no creer o a practicar libremente su religión.

Resulta paradójico que quienes se llenan la boca hablando de patriotismo sean incapaces de respetar algunos de los principios fundamentales que sustentan nuestro marco constitucional.

La realidad es mucho más sencilla de lo que les gustaría admitir.

Lamine Yamal es tan español como cualquier otro ciudadano de este país.

Su religión no lo hace menos español.

Su origen familiar no lo hace menos español.

Su color de piel no lo hace menos español.

Y su derecho a celebrar un gol rezando merece exactamente el mismo respeto que el de cualquier deportista que se santigua antes de un partido.

La ultraderecha necesita enemigos permanentes para sobrevivir políticamente. Si no los encuentra, los inventa. Hoy es un futbolista musulmán. Ayer fueron los inmigrantes. Mañana será cualquier colectivo que sirva para alimentar el miedo, la división y el odio.

Pero España no se construye desde la exclusión.

España se construye desde la convivencia.

Desde la igualdad de derechos.

Desde el respeto a la diversidad.

Y desde la defensa de las libertades fundamentales que tanto costó conquistar.

Porque una democracia madura no pregunta a sus ciudadanos qué religión profesan.

Les garantiza el derecho a profesarla libremente.

 

André Abeledo Fernández 

Los falsos defensores de la España cristiana y su sumisión al sionismo

Los falsos defensores de la España cristiana y su sumisión al sionismo

Resulta llamativo observar cómo una parte importante de la derecha española se envuelve permanentemente en la bandera de la «España cristiana», presume de defender las raíces cristianas de Europa y señala constantemente al mundo musulmán como una supuesta amenaza para nuestra civilización. Sin embargo, cuando llega el momento de actuar, cuando toca elegir entre los principios que dicen defender o la obediencia a sus amos políticos e ideológicos, siempre escogen lo mismo: la sumisión.

Los mismos que repiten consignas sobre la defensa del cristianismo apoyan sin fisuras al Gobierno de Benjamín Netanyahu, justifican las políticas del sionismo y guardan silencio ante la persecución, discriminación y humillación que sufren los cristianos palestinos y los cristianos que viven bajo la ocupación israelí.

La realidad es incómoda para sus discursos simplistas. El judaísmo tradicional nunca reconoció a Jesús como Mesías, Hijo de Dios ni profeta. Por el contrario, rechazó su mensaje y rechazó las bases fundamentales del cristianismo. Mientras tanto, el Islam reconoce a Jesús —Isa para los musulmanes— como uno de los grandes profetas de la humanidad, como el Mesías y como una figura sagrada merecedora de respeto y veneración.

Esto no significa que cristianismo e islam sean la misma religión ni que compartan toda su doctrina, pero sí desmonta la propaganda ignorante de quienes pretenden presentar un supuesto choque de civilizaciones donde los hechos históricos cuentan exactamente otra historia.

Muchos de esos autoproclamados defensores de la España cristiana jamás han leído la Biblia, desconocen la historia de su propia religión y son incapaces de explicar los fundamentos de aquello que dicen defender. Su cristianismo no es una cuestión de fe ni de valores; es simplemente una herramienta política utilizada para atacar al diferente, para alimentar prejuicios y para justificar posiciones reaccionarias.

Por eso no les importa el sufrimiento del pueblo palestino. Por eso no les conmueven los miles de niños asesinados, las familias exterminadas, las ciudades reducidas a escombros o la destrucción sistemática de hospitales, escuelas y lugares de culto. Han sustituido cualquier principio moral por la obediencia ideológica al sionismo y a los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

Cuando las autoridades israelíes dificultan el acceso de responsables religiosos cristianos a determinados lugares sagrados, cuando se producen ataques contra comunidades cristianas palestinas o cuando se restringen derechos fundamentales de los creyentes cristianos, esos supuestos defensores de la fe guardan silencio. Un silencio cómplice que demuestra que su prioridad nunca fue el cristianismo, sino la obediencia política.

Lo mismo ocurre con quienes presentan a VOX y a Santiago Abascal como grandes defensores de la soberanía nacional. ¿Qué soberanía puede defender quien actúa permanentemente alineado con los intereses de potencias extranjeras? ¿Qué patriotismo puede reivindicar quien justifica cualquier decisión procedente de Washington o de Tel Aviv mientras exige sacrificios al pueblo trabajador español?

La realidad es que buena parte de la derecha española ha abandonado hace tiempo cualquier pretensión de independencia política. Han convertido el atlantismo y el sionismo en una auténtica religión política. Defienden con más pasión los intereses de gobiernos extranjeros que los derechos sociales, laborales y democráticos de su propio pueblo.

Mientras tanto, la izquierda transformadora tiene la obligación moral de mantener una posición firme en defensa de los derechos humanos, del derecho internacional y de la autodeterminación de los pueblos. No porque palestinos, cristianos o musulmanes sean perfectos, sino porque ningún pueblo merece vivir bajo la ocupación, la represión o la violencia permanente.

La solidaridad no puede depender de la religión de las víctimas. La justicia no puede depender de quién sea el agresor. Y la dignidad humana no puede subordinarse a intereses geopolíticos.

Los pueblos tienen memoria. Y la historia siempre termina desenmascarando a quienes utilizan la fe como negocio político y a quienes hablan de valores mientras justifican el sufrimiento de miles de inocentes.

Porque la verdadera humanidad no consiste en defender una bandera, una religión o una ideología por encima de todo. Consiste en defender la vida, la justicia y la dignidad de los pueblos, sin dobles raseros y sin arrodillarse ante ningún poder.

 

André Abeledo Fernández

Votar contra uno mismo: el extraño suicidio político de América Latina

Votar contra uno mismo: el extraño suicidio político de América Latina

La ultraderecha vuelve a avanzar por América Latina. Lo hace en Colombia, lo hizo en Argentina, en Ecuador, en El Salvador y encuentra aliados en numerosos países de la región. Una ultraderecha que comparte discursos, estrategias y apoyos internacionales. Una ultraderecha que mira a Washington como referencia política y que presenta los intereses de las élites económicas como si fueran los intereses de todo un pueblo.

Nada de esto debería sorprendernos. La historia demuestra que cuando las sociedades atraviesan momentos de frustración, incertidumbre o dificultades económicas, aparecen quienes ofrecen soluciones simples a problemas complejos. Aparecen quienes convierten al inmigrante, al sindicalista, al pobre o al adversario político en el culpable de todos los males. Aparecen quienes prometen libertad mientras recortan derechos.

Lo que sí resulta difícil de comprender es otra cosa.

Resulta difícil comprender cómo millones de personas votan precisamente contra aquello que necesitan para mejorar sus propias condiciones de vida.

Cada pueblo tiene derecho a equivocarse. Tiene derecho a elegir el camino que considere oportuno. Tiene derecho incluso a escoger la peor opción posible si así lo decide democráticamente. La soberanía popular consiste precisamente en eso: en poder acertar o equivocarse sin que nadie decida por nosotros.

Pero una cosa es respetar una decisión y otra muy distinta renunciar a intentar comprenderla.

Porque hay algo profundamente contradictorio en el comportamiento político de una parte de la población latinoamericana.

Miles de colombianos, ecuatorianos, hondureños o venezolanos llegan cada año al Estado español buscando una vida mejor. Y hacen bien. Nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por capricho. Lo hacen buscando oportunidades, estabilidad y derechos.

Llegan a un país donde existe sanidad pública. Donde existe educación pública. Donde hay pensiones. Donde existe un salario mínimo. Donde existen vacaciones pagadas. Donde hay bajas por maternidad y paternidad. Donde existen indemnizaciones por despido. Donde los trabajadores cuentan con derechos laborales conquistados durante décadas de lucha sindical y política.

Y, sin embargo, muchos de ellos apoyan en sus países a fuerzas políticas que consideran todas esas conquistas como ideas socialistas, comunistas o intervencionistas.

Es una contradicción difícil de ignorar.

Porque aquello que muchos buscan cuando emigran es precisamente aquello contra lo que votan cuando participan en la política de sus países de origen.

Exigen con razón acceso a la sanidad pública cuando viven en España. Reclaman con razón educación para sus hijos. Defienden con razón salarios dignos y protección laboral. Nadie puede reprocharles hacerlo. Son derechos fundamentales.

Pero al mismo tiempo apoyan proyectos políticos que consideran esos mismos derechos una amenaza para la libertad económica.

La paradoja es enorme.

Algunos parecen creer que los derechos sociales nacen espontáneamente. Que las pensiones aparecen por generación espontánea. Que los hospitales públicos se construyen solos. Que la protección laboral existe sin sindicatos, sin legislación y sin intervención del Estado.

La realidad es exactamente la contraria.

Todos esos derechos fueron conquistados mediante décadas de lucha obrera, movilización sindical y decisiones políticas que limitaron el poder absoluto de los grandes capitales.

Y eso no convierte a España, Alemania o Francia en países comunistas.

Ni siquiera la derecha europea más conservadora suele cuestionar la existencia de sistemas públicos de salud, educación o pensiones. Puede discutir su financiación o su gestión, pero comprende que ciertos consensos sociales son necesarios para garantizar la cohesión social y evitar que millones de personas queden abandonadas a su suerte.

Eso es lo que algunos sectores de la ultraderecha latinoamericana presentan como una amenaza.

Llaman comunismo a la sanidad pública.

Llaman socialismo a las pensiones.

Llaman intervencionismo a los derechos laborales.

Llaman populismo a la protección social.

Y millones de personas terminan creyéndolo mientras sueñan con emigrar precisamente a lugares donde todas esas políticas existen.

Quizás uno de los grandes éxitos ideológicos de la ultraderecha contemporánea haya sido convencer a muchos trabajadores de que sus problemas se deben al exceso de derechos y no a la falta de ellos.

Convencer a los pobres de que los sindicatos son sus enemigos.

Convencer a los trabajadores de que la regulación laboral perjudica a los trabajadores.

Convencer a quienes necesitan protección social de que toda protección social es una forma de opresión.

Y así se produce el fenómeno más extraño de nuestro tiempo: personas que luchan por acceder a derechos en el extranjero mientras votan contra esos mismos derechos en su propio país.

La democracia permite equivocarse. Es uno de sus principios fundamentales.

Pero la historia demuestra que los pueblos terminan aprendiendo una lección sencilla: cuando se vota sistemáticamente contra los intereses de la mayoría social, quienes siempre ganan son los mismos.

Los poderosos.

Y quienes siempre pagan las consecuencias también suelen ser los mismos.

Los trabajadores.

 

André Abeledo Fernández 

RPDC. Apoyándose en la propia fuerza

Hizo que todos sus empleados se incorporaran al sistema de trabajo-estudio y sus técnicos y obreros calificados utilizaran el centro de divulgación científico-técnico para adquirir nuevos conocimientos de acuerdo con la tendencia mundial. Y solucionó por su propia cuenta los problemas que se presentaban en el lugar de producción y estableció el sistema de introducir en la producción mejores proyectos de innovación técnica propuestos por sus trabajadores.

 

Como resultado, se presentaron planes de innovación técnica tres veces más que el año pasado y a base de esto se logró un gran progreso en la modernización de equipos y el desarrollo de nuevos productos.

Renovó decenas de equipos, incluyendo la mezcladora, la secadora y la inyectadora e inventó un nuevo equipo que permite aumentar doble veces el rendimiento y ahorrar la mitad de mano de obra.

Además, automatizó el proceso de inyección y preparó una garantía científica para elevar 1,5 veces la productividad.

Decenas de variedades de sus artículos, incluyendo la píldora antineurálgica cardiaca de salvia y el supositorio antibiótico Coryo, fueron evaluadas altamente en las exposiciones de invenciones y nuevas tecnologías y los festivales científico-técnicos de alcance nacional.

La fábrica se hizo una de 10 mejores empresas en 2025 al sobrecumplir su plan de economía nacional, modernizar equipos con sus propios esfuerzos, elevar la calidad de medicamentos y lograr un gran aumento productivo.

Estados Unidos fabrica patógenos peligrosos

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El papel de la CIA y la OTAN en la caída de Adolfo Suárez

Diego Herchhoren (mpr21).— Adolfo Suárez, presidente del Gobierno desde 1976, había liderado la reestructuración del Estado franquista tras la muerte del dictador. Sin embargo, su política exterior adoptó un giro neutralista que alarmó a Washington y a los sectores más conservadores de la OTAN.

 

Suárez fue el primer jefe de Gobierno de Europa occidental que visitó Cuba, el 9 de septiembre de 1978. El País tituló entonces: «Fidel Castro aplaudió a Suárez mientras descendía del avión». En 1979, España participó como «país invitado» en la cumbre del Movimiento de Países No Alineados en La Habana, donde Castro alabó públicamente la postura española por «no dejarse manejar por la OTAN y mantenerse independiente ante el imperialismo norteamericano». Ese mismo año, Suárez recibió a Yasser Arafat, siendo el primer líder europeo en hacerlo.

El enfrentamiento con Washington alcanzó su punto culminante el 14 de enero de 1980, cuando Suárez se reunió con el presidente Jimmy Carter. Carter le ofreció su apoyo para la entrada de España en la OTAN, pero Suárez lo rechazó. La prensa española interpretó el comunicado final como un «claro enfrentamiento de Suárez con los intereses norteamericanos respecto a la OTAN», según publicaba entonces también El País. Para Washington, Suárez se había convertido en un problema.

El 23-F: el golpe que allanó el camino a la OTAN

El 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Antonio Tejero asaltó el Congreso de los Diputados al frente de 200 guardias civiles, mientras el teniente general Milans del Bosch desplegaba 2.000 hombres y 50 carros de combate en Valencia. El golpe, que comenzó a gestarse en el verano de 1980, fue parte de una «desestabilización sistemática y prolongada de la UCD y el acoso a Adolfo Suárez», en la que participaban agentes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME), el instrumento para la guerra sucia perteneciente al CESID (Centro Superior de Información de la Defensa), hoy CNI.

La administración Reagan, a través del secretario de Estado Alexander Haig, calificó los hechos como un «asunto interno» y no condenó el golpe. Esta ambigüedad ha alimentado las sospechas sobre una posible implicación estadounidense, máxime cuando la asonada militar era una copia de otros dos golpes organizados por la OTAN en Europa Occidental: la Operación Piano Solo (1964) en Italia y la Operación Prometeo (1967) en Grecia.

El 23-F, aunque fracasó como golpe, logró su objetivo estratégico: forzar el alineamiento de España con la OTAN, un plan que luego ejecutaría el gobierno del PSOE. Suárez ya había dimitido el 29 de enero de 1981, menos de un mes antes del golpe. Fue sustituido por Leopoldo Calvo-Sotelo, quien en su discurso de investidura anunció la entrada de España en la OTAN. El país ingresó formalmente en la alianza el 30 de mayo de 1982 «sin casi negociación, de manera natural».

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) había hecho campaña contra la entrada en la OTAN con el célebre lema «OTAN, de entrada no«. La militancia de base del partido, según una encuesta de 1980, se mostraba en un 64% contraria a cualquier alianza militar. Sin embargo, tras ganar las elecciones en 1982, el gobierno de Felipe González ratificó la permanencia de España en la OTAN mediante referéndum el 12 de marzo de 1986. Este giro atlantista del PSOE representó una contradicción frontal con su programa electoral y con el sentir de su base.

El referéndum de 1986 consolidó el alineamiento de España con Estados Unidos, que se ha mantenido ininterrumpidamente desde entonces: participación en la Guerra del Golfo (1991), en las guerras de Yugoslavia, en Afganistán, en Irak y en la coalición contra el Estado Islámico. España se convirtió en uno de los aliados más fieles de Washington en Europa.

Piano Solo (Italia, 1964): el golpe silencioso

El Piano Solo fue otro golpe de Estado «silencioso», orquestado por el general Giovanni De Lorenzo, comandante de los Carabinieri y exdirector del SIFAR. El plan fue elaborado con la participación de agentes de la CIA —el experto en guerra secreta Vernon Walters y el jefe de la estación de Roma William King Harvey— y de Renzo Rocca, director de las unidades Gladio en el servicio secreto militar SID.

El 14 de junio de 1964, De Lorenzo desplegó blindados en Roma mientras las fuerzas de la OTAN realizaban maniobras en la región. El plan preveía el arresto y deportación a la base de Gladio en Cerdeña (Capo Marrargiu) de entre 700 y 1.200 dirigentes comunistas, socialistas y sindicalistas. La presión surtió efecto: los socialistas abandonaron el gobierno, y el primer experimento de centro-izquierda en la Italia republicana fue desmantelado. Italia permaneció firmemente alineada con la OTAN hasta el final de la Guerra Fría.

La Operación Prometeo (Grecia, 1967): el golpe de los coroneles

En la madrugada del 21 de abril de 1967, un grupo de coroneles —encabezados por Georgios Papadopoulos, oficial de enlace del KYP (el servicio secreto griego) con la CIA— ejecutó el Plan Prometeo, un plan de contingencia diseñado por la OTAN.

La Fuerza de Intervención Helénica (LOK) —la rama griega de la red Gladio, conocida localmente como «Sheepskin»— fue el instrumento operativo del golpe. En cuestión de horas, los coroneles arrestaron a más de 6.500 personas, suspendieron la Constitución e impusieron una dictadura militar que duró siete años.

El plan represivo del 23-F: un espejo de los otros golpes

Según documentos desclasificados este año, el plan de los golpistas para el día después del 23-F era tan meticuloso como brutal. Lejos de ser una improvisación, la operación contemplaba un plan represivo de gran envergadura que incluía el asesinato selectivo de miles de personas, la detención de toda la oposición política y el control absoluto del Estado.

El plan más extremo fue elaborado por el grupo ultraderechista «Milicias Populares Patrióticas» en una reunión celebrada el 22 de diciembre de 1980. El objetivo era la «eliminación física de más de tres mil personas» consideradas enemigas del nuevo régimen, en un listado en el que se incluían personalidades del ámbito político e intelectual: el propio Adolfo Suárez, alcaldes socialistas, intelectuales como Rafael Alberti, Miguel Delibes, Camilo José Cela y actores como Concha Velasco y Paco Rabal.

Conclusión: el disciplinamiento atlantista

La implicación de Estados Unidos en cada uno de estos golpes sigue siendo objeto de debate, pero es indiscutible que tanto en el caso español como en el italiano o el griego, estos episodios fueron el engranaje de una política de disciplinamiento de aquellos gobiernos que podían alterar los planes de la OTAN en Europa Occidental.

En el caso de Adolfo Suárez, las amenazas de desestabilización —directas o indirectas— que provenían desde Washington eran constantes; una de ellas era incluso apoyar desde Estados Unidos la independencia de Canarias. El 23-F, aunque fracasó como golpe de Estado, logró establecer los límites que los gobiernos españoles no debían franquear y cuya política llega hasta hoy: el abandono del neutralismo y la plena integración en la OTAN. El PSOE, que había hecho campaña contra la alianza, se encargaría de ejecutar ese realineamiento.

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