Fidel el 26 de julio de 1953: El día más feliz de su vida

Dibujo que representa el momento en que los asaltantes desarman a los guardias en la posta 3 del Cuartel Moncada. Dibujo: René Mederos

Mario Mencía*
internet@granma.cu

–Compañeros, escúchenme– se oyó la voz de Fidel en Villa Blanca, una granjita de recreo en la carretera de Santiago de Cuba a la playa de Siboney, en la madrugada de aquel domingo 26 de julio.

Las conversaciones de unas 100 personas cesaron. Cuando se hizo la calma, les dijo que el objetivo sería tomar el cuartel Moncada en una operación rápida y por sorpresa que no debía durar más de diez minutos. Y expuso el plan:

Los combatientes irían en 16 automóviles. La escuadra del primer auto, aprovechando la confusión que provocarían sus uniformes, haría prisioneros a los soldados de la posta 3 y quitaría la cadena entre los dos blocaos de la entrada. Los carros entrarían al campamento. El de Fidel, al frente, cuando parara los que lo seguían se detendría también. Los hombres saldrían de los autos, penetrarían en la edificación, llegarían a los dormitorios, harían prisioneros a los que se rindieran y a los demás los rechazarían hasta el patio del fondo del campamento.

Un segundo grupo, formado por unos 20 combatientes, se apoderaría del hospital provincial Saturnino Lora, cuyas ventanas traseras daban hacia el fondo del Moncada. Apostados en estas ventanas, los hombres del hospital hostigarían por la retaguardia a los soldados que intentaran huir por esa posición.

El tercer grupo, seis hombres, ocuparía el Palacio de Justicia, desde donde se dominaba visualmente parte de los techos de las edificaciones del campamento. Su misión estaba destinada a controlar la ametralladora en la azotea del club de oficiales y alistados.

Se leyó la proclama que la noche del miércoles a jueves de esa semana redactara Raúl Gómez García. Movidos por un secreto resorte emocional comenzaron a cantar el himno nacional, en un susurro, refrenando sus impulsos de expandir el pecho y gritarlo a plena voz.

No era necesario nada más.

Llevaban 17 meses anhelando ese momento para el que estaban preparados moral e ideológicamente. Comenzaba lo que cinco meses después Fidel definiría en una carta del 31 de diciembre como el momento más feliz de su vida, «aquel en que volaba hacia el combate».

CUARTEL MONCADA

El cuartel Moncada no estaba concebido para ripostar un ataque en gran escala desde el exterior.

En la posta 3 montaban guardia dos soldados. Situado a esa hora en la posición de la posta 1 –en la puerta de acceso al estado mayor– y al mando de las guardias de ese turno se encontraba el cabo Isidro Izquierdo Rodríguez, hermano del jefe de la policía de Santiago de Cuba, comandante José Izquierdo.

Cuando el carro de la vanguardia guiado por Pedro Marrero llegaba a la posta 3, acababa de pasar por allí una de las patrullas de recorrido; procedía de la Carretera Central y tomaba rumbo a la avenida Martí por la calle Trinidad. El carro de la vanguardia pasó por su lado y siguió hacia su objetivo. Los guardias pusieron atención al distinguir los uniformes del auto lleno de hombres y se volvieron para verlos llegar a la posta.

El auto de Marrero se detuvo frente a la posta 3, Renato Guitart salió por la puerta delantera derecha y gritó imperativo: «¡Abran paso, que aquí viene el general!». Los dos soldados de la posta presentaron armas. Pepe Suárez, Ramiro Valdés y Jesús Montané, quienes habían salido después de Renato, bajaron la cadena, les quitaron de las manos los Springfield a los guardias y los condujeron al pasillo bajo el balcón que recorre todo el frente del edificio.

El camino estaba libre, la posta 3 neutralizada. Sin embargo, el cabo Izquierdo, al presenciar de lejos la escena, desde la posta 1, hizo accionar el mecanismo de la alarma y se acercó rápidamente desenfundando su revólver. Ramiro Valdés disparó primero, lo hirió de muerte.

El auto número dos, que manejaba Fidel, seguía al auto número uno de la vanguardia a unos 30 metros, y muy despacio para darle tiempo a que realizara su misión; con Fidel iban Reinaldo Benítez, Pedro Miret, Gustavo Arcos, Abelardo Crespo, Carlos González e Israel Tápanes.

Cuando el auto de Fidel sobrepasaba el hospital militar, la atención de los combatientes que ocupaban el asiento de atrás fue atraída por un guardia que bajaba por esa calle a pasos rápidos, con un cartucho en la mano. Mientras caminaba, miraba con curiosidad el auto dos –de Fidel– y el auto número tres, y en gesto maquinal llevó la mano a su revólver.

Fidel no lo miraba. Tenía la vista fija más adelante, en los soldados de la patrulla que en ese instante estaban de espaldas a él. El grito de Renato los había paralizado de sorpresa, y miraban sorprendidos a los que bajaban del auto número uno para desarmar a los centinelas de la posta 3.

«En ese momento he tenido dos ideas en la mente. Temí, puesto que cada uno tenía una metralleta, que los hombres de la patrulla se pusieran a disparar sobre nuestros compañeros que estaban ocupados desarmando a los centinelas. En segundo lugar, quise evitar que sus disparos alarmasen al resto del cuartel. Concebí pues la idea de sorprenderlos y de hacerlos prisioneros. Eso parecía fácil, puesto que me daban la espalda […]», explicaría Fidel diez años después, el 26 de julio en Santiago de Cuba.

Entonces ordenó: «Vamos a arrestarlos». Y, al decir esto, disminuyó la velocidad. Ninguno de los ocupantes del asiento de atrás pensó que se trataba de desarmar a la patrulla. Tenían la vista fija en el soldado de la acera. Gustavo Arcos agarró el puño de la portezuela y sacó el revólver, dispuesto a salir, saltar sobre el hombre y apresarlo en cuanto el auto se detuviera.

Se produce entonces una gran confusión que provoca disparos de ambos bandos. Una ametralladora calibre 30 había sido emplazada al frente de la posta 1, a pocos pasos del cuerpo de guardia. Desde esa posición, a unos 80 metros solamente de la posta 3, empieza a barrer toda el área, desde la primera escalera hasta los blocaos, y toda la calle fuera de la posta.

Mientras tanto, soldados medio vestidos, pero en gran número, salían de todas partes con sus Springfield en las manos. El tiroteo era ya muy intenso, y Montané se dio cuenta de que los demás no habían podido penetrar al campamento. «Nos van a cercar –dijo a Pepe Suárez–, vámonos de aquí». Pepe afirmó con la cabeza y llamó a Ramiro. Llamaron también a Tasende, quien les hizo un gesto con la mano y pensaron que venía detrás de ellos. Sería la última vez que lo vieron con vida.

Así lo hicieron. Pasaron corriendo la calle y se protegieron detrás del murito de una casa. No pudieron lograrlo Marrero, Carmelo Noa y Flores Betancourt. Cuando intentaron bajar del piso superior que daba a la barbería, por la misma escalera interna próxima a la posta 3, fueron barridos por los disparos de la ametralladora. Con Renato Guitart mortalmente herido al principio de la acción, serían los cuatro primeros combatientes que caerían del total de seis que perdieron la vida en el enfrentamiento.

Desde los primeros instantes, el auto de la vanguardia había quedado entre los dos blocaos, y entorpecía la entrada de carros por la posta 3. Pero la inmovilización del auto de Fidel tuvo una consecuencia más desastrosa aún para la acción. Los autos que lo seguían habían recibido la orden de detenerse cuando el de él lo hiciera, y entonces los combatientes debían salir y asaltar las instalaciones que encontrarían a su izquierda.

De haber podido seguir el auto de Fidel hasta dentro del campamento, él hubiera ocupado el estado mayor y los demás habrían inmovilizado en sus dormitorios a la guarnición y llevado al patio trasero. Pero al detenerse el automóvil de Fidel, y salir sus ocupantes, los demás combatientes saltaron de sus autos y dispararon hacia las edificaciones a su izquierda, principalmente el hospital militar.

En ese momento Fidel trata desesperadamente de reagrupar a los combatientes. Aún estaba oscuro. Unos no comprendían lo que Fidel les gritaba. Otros no lo veían.

Algunos ya estaban ocupando posiciones en las casas, frente a los muros del campamento. «¡Adelante!, ¡Adelante!», gritaba Fidel señalando hacia la posta. Corre entonces para el hospital, saca a los que allí habían penetrado y les ordena que entren de nuevo a los carros para penetrar al cuartel. Se monta en el Buick para guiarlos, e intenta arrancarlo pero no lo logra.

De pronto choca violentamente con la delantera del Buick un carro en retroceso desde la posta 3. Fidel sale del auto. Ya el tiroteo ha arreciado. Ve cuando emplazan la ametralladora 30 que podría dominar con su fuego la posición de ellos y comienza a disparar con su escopeta de perdigones; pero, como es lógico, a la distancia en que estaba no podía impedir su funcionamiento, y la calle comienza a ser barrida por los potentes disparos.

HOSPITAL SATURNINO LORA

Cuando todavía nada perturbaba el silencio de la madrugada, los dos primeros autos de la caravana, el de Abel y el de Juan Manuel Ameijeiras, habían pasado a dos cuadras de la posta 3, por Garzón, y después de atravesar la Carretera Central siguieron por calle Nueva hacia la entrada principal del hospital provincial Saturnino Lora.

Al llegar, Abel baja del auto seguido por sus compañeros. Detiene al sereno que guardaba la entrada, sitúa a Gerardo Álvarez y a Wilfredo y Horacio Matheu en el vestíbulo para protegerla; y lleva el resto para tomar posición en las ventanas del fondo del primer piso, las que daban hacia el patio del Moncada.

Apenas ha ejecutado todo esto, cuando estalla el tiroteo. Se parapeta detrás de una ventana, y ordena disparar. Junto con los primeros tiros también se ha oído la alarma del campamento. Unos 100 metros separaban a Abel del edificio del regimiento, y unos 50 del club.

En ese instante, Melba y Haydée, que habían salido de Siboney en el último auto en compañía de Raúl Gómez y del doctor Mario Muñoz, llegan al hospital.

Con la ametralladora situada la noche anterior a un costado del club de oficiales y alistados, los guardias comenzaron a responder con mucha mayor potencia a los disparos procedentes del hospital.

Esa concentración del fuego enemigo llega a hacerse poderosa cuando la calibre 30 ya actuaba contra ellos; también una ametralladora 50 fue puesta a funcionar en el patio del cuartel en dirección al hospital.

PALACIO DE JUSTICIA

En el auto manejado por Mario Darmau rumbo al Palacio de Justicia habían viajado, además de Léster Rodríguez que era el responsable, y Raúl Castro, en el asiento delantero, tres de los hombres de la célula de Guanajay: José Ramón Martínez, Ángel Sánchez y su jefe, Abelardo, Lalo, García. Al arribar al Palacio de Justicia ve que se dirige en dirección a ellos un soldado. Era pequeño, delgado. Raúl le dice a Abelardo: «¡Cógelo preso!». Lalo se acercó al guardia, al que dominaba con su mayor estatura, y lo encañonó.

El soldado alza inmediatamente los brazos. Abelardo le quita la pistola que tenía grabada la bandera del 4 de Septiembre en una de sus cachas y lo empuja para el edificio, al tiempo que le entrega a Raúl la pistola ocupada.

Las puertas del Palacio de Justicia estaban cerradas. Tocan. Oyen los primeros disparos que partían del Moncada. Con la culata de su escopeta Winchester, Raúl golpea la puerta; esta se entreabre y aparece el sereno, un anciano que está desarmado. Lo detienen y penetran al vestíbulo. Le preguntan si hay alguien más allí.

El hombre señala con un gesto hacia una puerta.

En ese instante, ya el timbre de alarma del Moncada está sonando con una fuerza que predomina sobre el ruido de los primeros disparos. «¡Falló la sorpresa!», pensaron todos, pero continúan al cumplimiento de su objetivo.

Sale al vestíbulo un soldado. Perplejo, se deja arrebatar su Springfield sin hacer resistencia. También le preguntan si hay más soldados y el hombre contesta negativamente.

Menos Lalo García, que se mantuvo abajo para custodiar a los tres prisioneros, todo el grupo se encamina al elevador. El ascensor no llegaba más que hasta el tercer piso y, desde allí, una escalera estrecha conducía hasta una puerta que estaba cerrada.

Como no cede, Raúl la rompe de un disparo y se precipitan hacia la azotea. Al rato se les une Léster, que había empezado a disparar para el Moncada desde una ventana del tercer piso.

Muy pronto la posición del grupo del Palacio de Justicia es detectada, y comienza a ser hostigada por dos ametralladoras, la de la azotea del club de oficiales y otra situada en un pasillo detrás de esa edificación.

Para los revolucionarios, el duelo se hace insostenible cuando concentran hacia ellos ese fuego. Temiendo ser sorprendidos y cercados, deciden bajar para ver lo que estaba ocurriendo a la entrada del edificio. Habían sentido cómo disminuían los disparos afuera.

Mientras los demás bajaban, Raúl se mantiene un instante más disparando. Al salir del ascensor se sorprende al ver a sus compañeros paralizados frente a seis hombres armados. En un segundo le arrebata el arma al jefe de los guardias. A gritos ordena

«¡Al suelo!». Los seis militares se tiran al piso y el grupo los desarma. Se disponen a salir y tirar en la calle las armas ocupadas para que los soldados no puedan recuperarlas rápidamente.

Darmau es el primero en ir rumbo al auto y lo pone en marcha. Raúl pregunta por Léster, pero ahora nadie sabía de él. Mientras los demás abandonan el edificio, corren hacia la avenida Garzón y montan en el Chevrolet donde habían venido, Raúl comienza a buscar a Léster en la planta baja, pero no lo encuentra y ya no hay tiempo para más. Decide salir.

CUARTEL CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES

Ciento veintisiete kilómetros al noroccidente de Santiago de Cuba, a pocos minutos de marcharse el sereno del almacén de materiales de Obras Públicas cerca de Gran Casino, en Bayamo, Raúl Martínez dio la orden de partir.

La madrugada es serena para los 12 militares que integran la pequeña guarnición en el cuartel de Bayamo. Ocho duermen en la barraca. Uno prepara el desayuno. Dos vigilan y otro está a cargo de la guardia. El resto de los soldados de la jefatura del escuadrón está de pase fuera del cuartel. De repente, un disparo sonó sobre la parte trasera. El soldado Indelecio Estrada corrió hacia la retaguardia de la instalación.

Minutos antes, el grupo de combatientes, con ropas militares, se había acercado sigilosamente a la parte de atrás del área del cuartel, al mando de Raúl Martínez Ararás, quien con Fidel y Abel formaba parte de la máxima dirección del Movimiento.

En silencio, los hombres se arrastran hacia la primera cerca de alambre de púas.

Comienzan a pasarla por debajo del pelo inferior. Los primeros lo logran con éxito.

Pero no conocían un obstáculo situado entre la primera y la segunda cerca: una carga de bolos de madera decomisada en los últimos días.

En el establo los caballos se inquietan. El soldado Navarro gritó: «¡Alto!», y enseguida un disparo lo hiere en un brazo.

El soldado Estrada corre subametralladora en mano, y se parapeta tras una columna.

Después del disparo, los atacantes se hierguen y avanzan.

Desde la punta de la caballeriza, las balas 45, en cortas ráfagas, se dirigen contra los atacantes que se repliegan detrás de los apilados bolos de madera. Desde allí ellos responden con sus armas cortas y fusiles calibre 12 y 22.

Cuando esto ocurre, los guardias que dormían saltan de las camas, empuñan sus fusiles y corren hacia el garaje, la caballeriza y las instalaciones que daban al terreno trasero. Desde allí se guían por las llamitas que salen del montón de madera. Con sus Springfield disparan hacia esas señales. La madera salta en astillas. Perdido el factor sorpresa, el inferior armamento de los fidelistas no puede contrarrestar el fuego de los guardias, y la acción termina en pocos minutos con la desbandada de los revolucionarios.

MOMENTOS FINALES

Casi desde el primer momento, en el Moncada sonó la alarma y continuó con estridente insistencia. Y desde hacía rato el paso por la posta 3 era imposible.

En la calle que conducía a ella, una treintena de hombres escalonadamente hasta más allá del hospital militar podían hacer fuego contra el cuartel con sus armas; pero les era imposible acercarse y menos, penetrar. El ataque por sorpresa se tornó en un combate de posiciones, en el que la inferioridad del armamento y del número no dejaba ninguna posibilidad a los asaltantes. El final estaba claro, aunque a muchos de los asaltantes se les habían acabado las balas, otros continuaban peleando.

Fidel disparaba también ininterrumpidamente, pero nada podía hacer ya para modificar la situación: da la orden de retirada. Al darla, encomendó a Fernando Chenard transmitirla a Abel en el hospital Saturnino Lora y al grupo del Palacio de Justicia. Chenard fue capturado sin haber llegado a ninguno de los dos lugares. Su nombre aparecería en la extensa lista de los asesinados.

Cuando Fidel creyó que todos sus hombres habían partido subió al último carro entre una lluvia de balas. Al momento, sin embargo, se bajó y cedió su espacio a un combatiente herido y quedó en medio de la calle, solo. Comenzó a retirarse caminando por la avenida Moncada hacia la calle Garzón, de espaldas y disparando hacia el cuartel con su escopeta de perdigones. Ya había rebasado el hospital militar, cuando inesperadamente otro auto vino hacia él en marcha atrás, era conducido por el chofer de alquiler artemiseño Ricardo Santana. Fidel se montó, y antes de salir el carro de la zona subieron tres compañeros más.

Fidel ordenó tomar rumbo a la carretera de El Caney. En esos momentos, su preocupación fundamental se centraba en los compañeros de Bayamo. Si habían tomado esa ciudad era necesario unirse a ellos para continuar la lucha; si no lo habían hecho, de todas maneras la seguirá él en las montañas.

Santana, que solo conocía el recorrido que hiciera poco antes desde la granjita, en vez de coger la carretera hacia El Caney lo hizo por la que va a Siboney. Al pasar el puente de madera, Fidel comprendió el error, pero ya habían avanzado demasiado; delante se hallaba el auto que Boris había abandonado cuando se le ponchó una goma.

Fidel ordenó parar. De entre la hierba que bordea las cunetas, salieron y se le unieron algunos de los que allí quedaron sin poder ir al combate, Armando Mestre, Juan Almeida y Orbeín Hernández, entre otros.

Un automóvil se acercó y Fidel lo obliga a detenerse. «Un grupo conmigo y los demás síganme ahí», dijo al montarse en el auto que acababa de llegar. Cuando llegaron a Villa Blanca bajó con sus compañeros, y con 18 de ellos tomó rumbo a la Gran Piedra.

Desde las ventanas del hospital, Abel no podía ver lo que sucedía en la calle que llevaba a la posta 3 del Moncada. Únicamente podía observar el club de oficiales, el resto del área trasera del cuartel a su izquierda y menos de una cuadra de la Carretera Central hacia ambos lados. Cuando los disparos se concentraron contra las ventanas del hospital se dio cuenta de que la posición era insostenible, y que nada podían hacer con sus escopetas y fusiles, todos de pequeño calibre, contra el poderoso fuego de dos ametralladoras.

Abel decidió permanecer en el hospital con su grupo, a pesar de que la instalación no fue cercada en ningún momento. Mucho antes de que el comandante José Izquierdo Rodríguez, jefe de la Policía Nacional de Santiago de Cuba llegara con sus hombres y penetrara por el frente del hospital, Abel y sus compañeros hubiesen podido intentar con éxito una retirada. Pero lo cierto es que decidieron quedarse y aparentar que eran enfermos hospitalizados. Se pusieron piyamas que les facilitaron varias enfermeras y se acostaron en las camas como si fuesen pacientes. De ellos solo quedaría con vida el más joven del grupo, Ramón Pez Ferro; los demás serían apresados y asesinados.

SIGNIFICADO

En lo específicamente militar, el Movimiento inició su primer combate armado en la madrugada del 26 de julio de 1953 con un centenar y medio de fusiles y escopetas, en su mayor parte de pequeño calibre y armas cortas; las perdió todas. Las tres cuartas partes de sus combatientes fueron bajas, entre muertos y prisioneros.

Resulta extraordinario que a partir de ese catastrófico resultado, al que se agrega el impasse de 22 meses pasados en la cárcel por su máxima dirigencia, la capacidad de reacción ante la adversidad de una vanguardia con fe en sus ideales pudiera transformar la derrota en victoria y asumir el poder solo cinco años después.

En efecto, transcurridos tres años del asalto al Moncada, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio trajo en la expedición del Granma el 2 de diciembre de 1956 más de 100 fusiles ya calificables como armas de guerra, y quedó con menos de 20 al sufrir la derrota de Alegría de Pío el 5 de diciembre.

Cuarenta y tres días más tarde, el 17 de enero de 1957, el MR-26-7 comenzó un combate en la desembocadura del río La Plata con menos de 30 fusiles y lo terminó con diez más. Es con esta acción que aquella concepción militar revolucionaria en la que se sustentó el ataque al Moncada, empezaba a asumir su carácter de verdad a partir de la práctica; verdad que desde ese momento sería revalidada centenares de veces.

Sesenta y cinco meses después de haber perdido aquellas 160 modestas armas de su primer combate, el Movimiento –ya transformado en Movimiento Revolucionario 26 de Julio con su Ejército Rebelde– ganaba la guerra.

Sería el 1ro. de enero de 1959. Ese día culminaría la fase insurreccional de la Revolución con el derrocamiento de la tiranía y la toma del poder. Entonces, y solo entonces, la tesis del Movimiento sobre la vía y el método para la insurrección armada popular se insertaría en la historia de Cuba como irrebatible verdad por la que el pueblo transitaba hacia la libertad.

*Doctor en Ciencias Históricas e investigador de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

Apoyo masivo a la creación de un estado palestino independiente en la ONU

El observador permanente palestino ante la ONU, Riyad Mansur, acusó el martes a Israel en el Consejo de Seguridad de estimular con sus acciones ilegales un nuevo ciclo de violencia que sepulte la solución de los dos Estados, indicó la agencia Prensa Latina.

Las autoridades israelíes siguen una agenda de destrucción, que en los últimos días tiene como centro la Explanada de las Mezquitas en la ocupada Jerusalén Oriental, y en particular la Mezquita de Al Aqsa, advirtió el diplomático.

De acuerdo con el embajador, el centro del problema es la ocupación y la colonización israelíes.

Mansour insistió en que la situación puede alcanzar peores consecuencias, ante el peligro de que las restricciones de acceso a Al Aqsa y la represión en Jerusalén Oriental lleven el conflicto a un plano religioso.

El Consejo de Seguridad debe actuar para resolver esta amenaza a la paz internacional, en una crisis que encuentra un consenso firme y claro en el mundo, la solución de los dos Estados con fronteras anteriores a 1967, afirmó.

Respecto a la escalada de la violencia en los alrededores de la Explanada de las Mezquitas, el representante palestino precisó que resultan inaceptables el cierre y las restricciones en sitios sagrados ‘en la cara de los creyentes’.

Hemos resistido esas provocaciones de manera pacífica, la gente ha comenzado a rezar en la calle, pero la respuesta israelí ha sido una violenta represión, denunció.

Después de Mansur intervino en la sesión del Consejo el embajador de Israel, Danny Danon, quien atribuyó la situación actual y la continuidad del conflicto al ‘terrorismo palestino’.

Otros embajadores y funcionarios que intervinieron en la sesión, entre ellos los de Bolivia, Francia, Senegal y Kazajstán, ratificaron el respaldo de sus gobiernos a la solución de los dos Estados, la cual pasa por la creación de un Estado palestino independiente.

Guerra + desinformación = intoxicación ideológica

En un documento, el Instituto de Guerra del Pentágono ha anunciado la llegada de la era post-hegemónica de Estados Unidos (Post-Primacy World) en la que recomiendan no resignarse a su suerte porque las batallas serán de tipo informativo, es decir, guerras sicológicas e intoxicación a raudales (*).

Si no hemos entendido mal, en su estúpida jerga militarista lo que el Pentágono quiere decir es que Estados Unidos empieza a recular también en los campos de batalla y que para conservar lo que le queda debe atrincherarse en un punto en el que aún es fuerte, la dominación ideológica, las grandes cadenas, la industria del entretenimiento, la telebasura, el cine y los videojuegos.

“El 90 por ciento de las batallas del futuro serán informativas”, dice el documento y Estados Unidos no debe esperar para defenderse de ellas sino que debe ser quien las desencadene. Una parte de esa guerra es la batalla emprendida en internet contra las llamadas “noticias falsas” en las que se han embarcado los grandes monopolios internacionales, tanto informáticos como informativos.

La prensa independiente deberá ponerse a la defensiva en una situación completamente desigual, por lo que fácilmente podrán ser arrinconados con la batería argumental que la ideología dominante de origen gringo ya ha puesto en circulación desde hace tiempo: conspiranoicos, polémicos, magufos…

La otra vertiente del mismo asunto es una inundación informativa contra la que no hay ninguna posibilidad de competir: el proyecto Radar (Reporters And Data And Robots) de “inteligencia artificial” en el que Google ha invertido más de 800.000 dólares, capaz de generar de manera automática 30.000 artículos de prensa mensuales.

Google lleva a cabo el proyecto en colaboración con la Asociación de la Prensa británica, una agrupación de medios informativos locales.

(*) https://ssi.armywarcollege.edu/pubs/display.cfm?pubID=1358

100.000 horas desastrosas: EEUU sigue empeñado en su F-35

Un avión de combate de quinta generación F-35, de fabricación estadounidense.

El caza estadounidense F-35 llega a las 100.000 horas de vuelo y la fase definitiva para su puesta en marcha finalizará antes de acabar 2017.  

«Estas 100.000 horas de vuelo son un hito que demuestra el nivel de madurez del programa y del sistema armamentístico F-35», ha anunciado el vicepresidente de la compañía Lockheed Martin y director del programa de desarrollo del caza, Jeff Babione, en un comunicado.

Asimismo, ha asegurado que el desarrollo del software del caza se terminará hacia fines del año en curso.

Al respecto, la agencia rusa de noticias Sputnik, citando a varios expertos, ha informado que los responsables de poner a punto “al caza más desastroso de Estados Unidos” deberán volver a probar los despegues y los aterrizajes en vertical de la versión F-35B tanto en zonas con difícil maniobra como en operaciones con rampa de despegue de corta longitud, estas últimas necesarias a bordo de los portaaviones Queen Elizabeth del Reino Unido.

Según informó a principios de julio el portal militar Scout Warrior, la Fuerza Aérea de EE.UU. practica pruebas y simulaciones para elevar la capacidad de los cazas “F-35 Lighting” en misiones de combate y en las zonas de ataque de sistemas antimisiles rusos y chinos.

El caza F-35 es un avión de quinta generación desarrollado en tres modelos diferentes por la gigante estadounidense de la aeronáutica Lockheed Martin. Sin embargo, un funcionario del Departamento de Defensa de EE.UU. (Pentágono) reconoció en mayo que el 83 % de estos aviones de combate estadounidense no ha podido ni siquiera despegar en un test simulado.

El programa de desarrollo del F-35 se considera uno de los más caros de la historia militar moderna. Se estima que cada aeronave, en su versión más básica, cuesta no menos de 113 millones de dólares, mientras otros modelos superan los 250 millones.

26 de Julio de 1953: El asalto al Moncada o el reinicio de la Guerra Necesaria

Azanza Telletxiki – Cubainformación.- No diré que los imperialistas yanquis y europeos son unos necios crónicos, pero sí que el ansia de lucro y poder les convierte muy a menudo en individuos carentes de raciocinio. En Cuba, la oligarquía nacional y extranjera siempre tuvo mucha fuerza, cierto, pero fortaleza no es sinónimo de inteligencia. Cegados por su parásita codicia pusieron en serio riesgo el mantenimiento de sus inmensos e injustos privilegios, tanto que, por querer más y más, finalmente acabaron perdiéndolos todos.

Los imperialistas y sus obedientes lacayos apretaron demasiado la soga alrededor del cuello de los oprimidos, y éstos, sencillamente, no tuvieron otra alternativa que recurrir, con éxito, al único método eficaz que les quedaba para alcanzar la soberanía de la nación y hacerse con las riendas de su propio destino: el reinicio de la Guerra Necesaria. A eso obedeció el asalto al Cuartel Moncada aquel 26 de Julio de 1953, cuyo autor intelectual, sabemos, fue José Martí.

Y es que todo maltrato tiene su límite. Existen maltratos soportables y maltratos insoportables. Si la población “maltratable” es maltratada con “moderación”, el maltratador podrá adquirir pingües beneficios económicos, y al maltratado difícilmente se le ocurrirá rebelarse contra el maltratador de forma decidida y contundente. Es decir, seguirá permitiendo el maltrato a cambio de las migajas que le permitan creer que vive a un nivel de vida más o menos aceptable. E incluso, en algunos casos, tendrá palabras de agradecimiento para su maltratador porque, éste, “con su bondadoso y arriesgado esfuerzo me está dando de comer todos los días”. Pero, insisto, la parásita ambición de los históricos maltratadores es insaciable, y ésta no les permite ver más allá de sus propias narices; así está el mundo como está, que estallan conflictos por doquier todos los días.

La población cubana siempre fue extremadamente maltratada por la colonia española, primero, y por la neocolonia yanqui después. Por eso el pueblo cubano se rebeló repetidas veces contra el colonialismo español y el imperialismo yanqui. Con el Grito de Yara —10 de octubre de 1868— se inició la Guerra de los Diez Años. Ésta finalizó tras la firma de un pacto indigno —el del Zanjón, 10 de febrero de 1878—, aunque un grupo de insurrectos, con Antonio Maceo a la cabeza, salvó la honra del pueblo con la Protesta de Baraguá del 15 de marzo de 1878. Año y poco después, el 26 de agosto de 1879, la Guerra Chiquita estalló en Santiago de Cuba. Ésta guerra la conocemos con el nombre de “Chiquita”, ya que fue la más corta de las tres desatadas durante la época colonial. Pero no lo fue tanto, porque se combatió hasta 1881, y los muertos, heridos y prisioneros se acercaron a los 6.300. Aunque éste intento no fructificó, sirvió para mantener vivo el espíritu de combate. Después, tras diecisiete años de “tregua fecunda” o “período de reposo turbulento”, el 24 de febrero de 1895, en Baire, estalló la ya mencionada Guerra Necesaria ideada por Martí. No por gusto, al cabo de la “tregua fecunda” el Apóstol dijo de Cuba que era “un presidio rodeado de agua”. Y anteriormente dejó escrito: “Para que la Isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque, si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda, para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a serlo. Eso espera este país y a eso debemos oponernos nosotros”.

Con Martí y Maceo caídos en combate, y el anexionista Tomás Estrada Palma adueñado de la dirección política de la guerra sin que fuera efectivamente electo; con la intervención yanqui de 1898, la disolución del Partido Revolucionario Cubano a final de aquel mismo año —eliminando de esa manera la unidad ideológica de la Revolución—; con la disolución igualmente del propio Ejército Libertador, así como de la Asamblea General de Representantes de la Revolución, Cuba siguió en manos extranjeras, ya que de las garras españolas pasó a las estadounidenses.

En 1901 se aprobó una Constitución a medida de los imperialistas yanquis, a la que además, como apéndice de la misma, se le impuso la Enmienda Platt, que permitía al Gobierno estadounidense intervenir militarmente en Cuba siempre que lo considerara necesario; de hecho llegaron a intervenir entre 1906 y 1909 y desde 1917 hasta 1922. La Enmienda Platt también permitió la cesión de parte del territorio nacional —la porción de Guantánamo que hoy todavía permanece ilegalmente ocupada— para, según su sarcástico artículo séptimo, “mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa”. Finalmente, con la firma del Tratado Permanente y el Tratado de Relaciones Comerciales se oficializó la dependencia política y económica respectivamente de Cuba a los Estados Unidos. La Revolución quedó pospuesta, y el pueblo cubano siguió sufriendo sobremanera.

Entre 1920 y 1930 —llamada por Juan Marinello como “La Década Crítica”—, se rescató la conciencia nacional de inspiración martiana y antiimperialista. A esta importante época pertenece el surgimiento de la Protesta de los Trece, el Movimiento de Veteranos y Patriotas, el Grupo Minorista, la Federación Estudiantil Universitaria, la Universidad Popular José Martí, la Confederación Nacional Obrera de Cuba y el primer Partido Comunista de Cuba; emergiendo como protagonistas de estos hechos tan importantes nombres no menos importantes para la historia como el ya nombrado Marinello, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente Brau, el “Canciller de la Dignidad” Raúl Roa, Antonio Guiteras…

Derrocada, el 12 de agosto de 1933, la sangrienta dictadura de Gerardo Machado —el “asno con garras”, al decir del citado Rubén— por la lucha revolucionaria del pueblo —la Revolución del 30—, el 29 de mayo de 1934 quedó abolida la Enmienda Platt y con ella también cesaron los desembarcos de marines y las injerencistas notas diplomáticas. Así acabó la era del protectorado (1902-1934), el régimen semicolonial de dependencia que sustituyó a la anexión, y se iniciaron los tiempos de la neocolonia (1934-1958) no mucho mejores, como lo demuestra la historia.

Con Machado derrocado, los yanquis trataron de prolongar el machadismo sin Machado. Pero el 4 de septiembre de 1933 se instaló en el poder, por primera vez en la historia de la republica plattista, un gobierno producto de un golpe revolucionario que, obviamente, no contó con la anuencia y aprobación de los Estados Unidos, sino todo lo contrario. El nuevo gobierno contó con el respaldo mayoritario del pueblo, y, por supuesto, con la acérrima oposición del gobierno imperialista, así como de los politiqueros y la oligarquía nacional. Pronto dictó leyes de carácter social, llegando a intervenir la compañía norteamericana de electricidad.

Pero los Estados Unidos no podían tolerar un gobierno nacionalista y popular en Cuba —que ya había rechazado la Enmienda Platt al no jurar la Constitución de 1901—, y no tardaron en comenzar a tramar, desde su embajada en La Habana, una conspiración con la reacción del país y el concurso traicionero del por aquel entonces jefe del Ejército, Fulgencio Batista. Mientras tanto, amenazante, la flota de guerra yanqui rodeaba las costas cubanas.

El “Gobierno de los Cien Días” no consiguió sostenerse, y acabó cediendo el poder el 18 de enero de 1934. Una lástima, sin duda, porque, como dijera el Che, “revivió, en una de las épocas más oscuras de Cuba, todos los ideales de la generación anterior, que fueron frustrados después de 1898” y “volvía a tomar el espíritu de aquellos mambises…”

Estados Unidos utilizó a Fulgencio Batista para instaurar la república neocolonial en 1934, y lo utilizó otra vez colocándolo al frente del gobierno tras el golpe militar del 10 de marzo de 1952. “No fue suficiente la traición de enero de 1934… el pueblo sintió que había retrocedido veinte años de historia patria” —expresó Fidel en La historia me absolverá.

Por la vía electoral estaba claro que no existían posibilidades de tomar el poder. La Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba lo dijo de esta manera: […] “el imperialismo y los sectores más reaccionarios de las clases dominantes nativas, temerosos de las fuerzas de las masas, no estaban dispuestos a permitir el triunfo electoral de los candidatos que contaban con el respaldo de las mayorías nacionales, lo cual no habría implicado un cambio social, pero sí la barrida de la pandilla gobernante de turno, abriéndose nuevas perspectivas de lucha”.

Así lo entendió en su momento la llamada Generación del Centenario que, afortunadamente, tenía bien aprendida la lección del Maestro: “Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que le pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado. […] En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Ésos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana…”

El 28 de enero de 1953, José Martí cumplió 100 años de nacido. “Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, ¡tanta era la afrenta!” —expresó Fidel en su alegato del 16 de octubre de aquel mismo año—. “Pero vive, no ha muerto —continuó diciendo—, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo […] ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apostol!”

Efectivamente, José Martí no murió el año de su centenario, todo lo contrario. Con las primeras luces del día 26 de Julio de 1953, un grupo de jóvenes dirigidos por Fidel Castro Ruz asaltó los cuarteles Moncada de Santiago de Cuba y Carlos Manuel Céspedes de Bayamo. Estos hechos supusieron el reinició la Guerra Necesaria de 1895, la continuidad, en definitiva, de la Revolución iniciada en 1868.

Debido a algunos contratiempos, los asaltantes fracasaron militarmente, pero nunca políticamente. Prueba de ello es que, cinco años, cinco meses, cinco días y 20.000 compañeros caídos después, la contundente victoria del Ejército Rebelde liberó al pueblo de Cuba de sus gruesas y oprobiosas cadenas.

Blog del autor: http://baragua.wordpress.com

Presidente: Moldavia no sobrevivirá sin la asociación estratégica con Rusia

CHISINÁU (Sputnik) — El presidente de Moldavia, Ígor Dodon, declaró que su país no podrá sobrevivir sin la asociación estratégica con Rusia.

«No estoy en contra de la cooperación con la Unión Europea porque debemos tener amistad con todos, pero Moldavia no sobrevivirá sin la asociación estratégica con Rusia», dijo Dodon durante una videoconferencia transmitida por la red social rusa Odnoklassniki.

El mandatario reveló haber trazado cinco objetivos clave.

«En primer término, defenderé el idioma moldavo y la historia moldava: me opongo categóricamente a los que desean unir a Moldavia y Rumanía», señaló Dodon.

El segundo objetivo, explicó, es la fe ortodoxa «sin la cual Moldavia no existirá como Estado».

El tercero se refiere a la neutralidad.

«Jamás permitiré que Moldavia sea miembro de la OTAN porque no podemos luchar contra alguien para defender los intereses geopolíticos de otros», apuntó el dirigente moldavo.

El cuarto objetivo, prosiguió Dodon, tiene que ver con la reintegración del país.

«La reintegración del país es para mí uno de los objetivos más importantes (…) Transnístria no tiene futuro sin Moldavia, debemos sentarnos a la mesa de negociaciones y solucionar los problemas», indicó.

El último, quinto objetivo, es la asociación estratégica con Rusia, subrayó el presidente moldavo.

Ígor Dodon desempeña su cargo desde el 23 de diciembre de 2016.

De acuerdo a su programa electoral, Dodon se propone restablecer las relaciones de asociación estratégica con Moscú, reanudar la exportación de los productos moldavos a Rusia y normalizar la cooperación en el sector energético.

Transnistria, donde los rusos y los ucranianos constituyen el 60% de la población, luchó por separarse de Moldavia antes de la desintegración de la Unión Soviética, al temer que la propagación del nacionalismo empujara a los moldavos a unirse a Rumanía.

Chisinau perdió el control sobre los territorios en la orilla izquierda del Dniéster en 1992, tras un intento frustrado de resolver el problema por la fuerza.

Actualmente Transnistria representa un territorio con todos los atributos de un Estado, incluida una moneda propia.

El 86% de la población de Transnistria sostiene que la integración en Rusia sería la opción óptima para su desarrollo, según una encuesta realizada en junio de 2016 por el Centro Vciom.

Catar no descarta una guerra con Arabia Saudí y sus aliados

Tanques de las Fuerzas Armadas de Catar en unos ejercicios militares, 28 de abril de 2013.

Catar no excluye la posibilidad de que la tensión entre Doha y algunos países árabes termine en una guerra, y alerta de que la disputa perjudica a otros países.

“No lo creo, pero todo es posible”, así respondió el martes el embajador catarí en Rusia, Fahad bin Mohamad al-Atiya, a una pregunta de la emisora rusa de radio Echo of Moscow, sobre la posibilidad de un enfrentamiento entre Catar y sus otrora aliados árabes.

Asimismo, reiteró que las acusaciones de Arabia Saudí y sus tres aliados contra Doha son “sin fundamento” y alertó de que la actual disputa puede desembocar en “un caos” si las potencias mundiales no median.

Previamente, Al-Atiya había declarado en una rueda de prensa que si la presión sobre Doha no cesa, las consecuencias van a afectar a zonas más allá de la región del Golfo Pérsico, como Siria, Irak, Yemen, que sufren conflictos internos.

Las palabras del diplomático catarí se emitieron en la misma jornada en que Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Baréin y Egipto anunciaran la inscripción en una lista negra de organizaciones caritativas y personas vinculadas a Yemen, Catar y Libia.

La lista consiste en nueve entidades y a nueve individuos “vinculados directa o indirectamente a las autoridades cataríes”. Además, urgieron a Doha que juzgara a esos grupos y personas a quienes calificó de “terroristas”.

La medida hostil se produjo en medio de una tensión que empezó en junio cuando el régimen de Al Saud y sus aliados rompieron sus lazos con Catar y más tarde presentaron 13 condiciones para normalizar las relaciones, aunque Doha las rechazó.

“Un conflicto más a los existentes es un desarrollo de los acontecimientos muy peligroso, en particular, es una amenaza para una pronta solución de estos conflictos”, argumentó el embajador catarí en Rusia, al expresar su esperanza de poder solucionar esa crisis.

Cámara baja de EEUU aprueba nuevas sanciones a Rusia, Irán y Corea del Norte

WASHINGTON (Sputnik) — La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una nueva redacción de un proyecto de ley para imponer amplias sanciones a Rusia, Irán y Corea del Norte y para limitar la facultad del presidente Donald Trump de levantar medidas punitivas contra Moscú.

El texto fue aprobado en el pleno de la cámara baja por 419 votos a favor y tres en contra.

El presidente del cuerpo, el republicano Paul Ryan, aseguró en un comunicado que se trata del paquete de medidas punitivas más amplio de la historia que se adopta contra esos tres países.

«El proyecto que acabamos de votar con un abrumador apoyo bipartidista es uno de los paquetes de sanciones más vasto de la historia», dijo Ryan.

El legislador dijo que Rusia, Irán y Corea del Norte han intentado socavar a Estados Unidos y alterar la estabilidad mundial.

Entre las medidas aprobadas se incluyen nuevas sanciones contra altos funcionarios rusos en represalia por la supuesta interferencia de Moscú en las elecciones de 2016.

En cuanto a Irán y Corea, las medidas punitivas se dirigen hacia los programas de armamentos de esos dos países.

El diario The Washington Post señaló que miembros del Poder Ejecutivo, entre ellos el secretario de Estado, Rex Tillerson, intentaron limitar el alcance del proyecto, en particular un punto vinculado a las sanciones contra Rusia que exige la aprobación del Congreso para que el Gobierno ponga en práctica cualquier alivio.

El borrador fue modificado la semana pasada para tomar en cuenta los pedidos de la administración, en particular los posibles efectos negativos en proyectos internacionales de explotación de gas y petróleo con socios rusos.

Pero el texto mantuvo la exigencia de que el Congreso apruebe cualquier alivio a las sanciones, según el Post.

Aviones rusos y sirios bombardean posiciones del EI en Deir Ezzor mientras el Ejército se acerca a la ciudad

El Ejército sirio continúa avanzando hacia Deir Ezzor y más pueblos y localidades están siendo liberados a lo largo del camino en medio de una fuerte campaña aérea siria y rusa y un masivo colapso del EI.

Las Fuerzas de Élite del Tigre, apoyadas por combatientes tribales, tomaron el martes control de la ciudad de Huwaiyat Shinan, situada al este de Dalha, a lo largo de la orilla occidental del Éufrates.

Mientras tanto, fuertes combates han estallado entre tropas sirias y terroristas del EI en Nuzaizah y Raym al Sulaiman, ambas situadas al este de Salam Alaikum, que fue capturada el lunes.

Mientras tanto, la actividad aérea fue la protagonista este martes y los aviones rusos y sirios llevaron a cabo 15 misiones de combate en Deir Ezzor bombardeando las posiciones del EI cerca del área de Panorama y en el distrito de Al Hawiqah y otros del este de la ciudad. También bombardearon reductos del EI en el pueblo de Al Yafra, situado cerca de la base militar cercada, que está en manos del Ejército sirio.

Los aviones destruyeron también un campo de entrenamiento y un depósito de municiones cerca del distrito de Al Baguiliyah.

Decenas de terroristas han muerto en estos bombardeos, que allanarán el camino al Ejército sirio para un rápido avance hacia Deir Ezzor.

Con marchas y cacerolas protestan contra bajas pensiones en Chile

En Chile, miles de personas se sumaron a la jornada de protesta contra el modelo de pensiones de ese país.

Conmemoran las primeras manifestaciones de hace un año, con barricadas, marchas y cacerolazos para exigir un modelo de jubilaciones solidario y de mayor responsabilidad de los empleadores y del Estado.

Con barricadas y de madrugada comenzó la Jornada Nacional de Protesta contra el modelo de pensiones de Chile, una crisis que explotó hace un año con gigantescas movilizaciones en todo el país.

Según estudios de la Fundación Sol, el 90 por ciento de los jubilados recibe menos de 250 dólares mensuales. Todos aquí tienen razones para exigir acabar con las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP).

Discusiones más, discusiones menos el fondo de la demanda sigue en pie: terminar con el modelo de ahorro privado e individual para la vejez y reemplazarlo por uno solidario.

Las elites dominantes se resisten a estos cambios… las AFP administran 190 mil millones de dólares que capitalizan a grandes empresas y bancos.

Estas movilizaciones son la antesala de un plebiscito nacional autoconvocado, que espera ratificar el clamor popular contra el sistema de pensiones.

Leonel Retamal, Santiago

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