Xi destaca aportes e influencia global de Partido Comunista de China

Durante la ceremonia por el 105 aniversario de su fundación, el secretario general de esta organización política señaló que el PCCh mantiene su compromiso de integrar los principios básicos del marxismo con las realidades de China y la cultura tradicional del país.

 

El mandatario indicó que este proceso dio origen a sistemas teóricos como el Pensamiento de Mao Zedong, la Teoría Deng Xiaoping, el importante pensamiento de los “Tres Representantes”, la Perspectiva Científica sobre el Desarrollo y el Pensamiento sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era.

Xi subrayó que el desarrollo del socialismo con características chinas demuestra la naturaleza científica, práctica y abierta del marxismo, así como su vigencia en las condiciones actuales.

El jefe de Estado afirmó que durante los últimos 105 años el Partido ha influido profundamente en el curso de la historia mundial mediante su desarrollo y transformación constante.

Xi señaló que China promueve la construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad y aporta “sabiduría, soluciones y fortaleza chinas” para enfrentar los principales desafíos globales.

El presidente destacó que el país es reconocido como un constructor de la paz mundial, un contribuyente al desarrollo global y un defensor del orden internacional, según expresó en su discurso.

Xi afirmó que todos los logros alcanzados durante más de un siglo son resultado del esfuerzo de generaciones de comunistas chinos que han unido y guiado al pueblo en una lucha constante.

El mandatario rindió homenaje a dirigentes históricos del Partido como Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao, así como a otros revolucionarios que, según señaló, realizaron importantes contribuciones al desarrollo nacional.

Xi expresó además su reconocimiento a los pueblos de Hong Kong, Macao y Taiwán, a los compatriotas chinos en el exterior y a las personas de todo el mundo que mantienen relaciones de amistad y apoyan los procesos de revolución, construcción y reforma de China.

El PCCh fue fundado el 1 de julio de 1921 y actualmente cuenta con más de 101 millones de militantes.

Corea. Méritos de Héroes de República registrados en la historia de gran victoria en la guerra

En la Guerra de Liberación de la Patria, los soldados del Ejército Popular de Corea demostraron su valentía incomparable y heroísmo masivo desde el primer día de la guerra.

Gracias a la gran benevolencia del gran Líder, camarada Kim Il Sung, que procuraba glorificar los méritos de los soldados del EPC, fue publicado el 30 de junio de 1950 el decreto del Presidium de la Asamblea Popular Suprema de la República Popular Democrática de Corea sobre la institución del título de Héroe de la RPDC.

Unos 15 días después, este galardón fue conferido a más de 10 uniformados inclusive los comandantes de la segunda flotilla de torpederos que sólo con 4 torpederos hundieron el crucero pesado norteamericano «Baltimore» y destruyeron el otro ligero, los pilotos que derribaron el bombardero yanqui B-29, que se jactaba de «fortaleza aérea«, y el tanquista que hizo méritos prominentes en la batalla de liberación de Seúl.

Entre los héroes de la República en el tiempo de guerra, figuran el soldado de 18 años de edad quien sacrificó su juventud por la única patria, la enfermera quien destruyó el tanque enemigo suicidándose por las granadas amarradas, el camionero quien aseguró el transporte al frente, etc.

En la historia de la gran victoria en la guerra se catalogaron los méritos de numerosos héroes incluyendo los artilleros costeros quienes sólo con 4 cañones defendieron durante 3 días la isla Wolmi frente a los efectivos enemigos numéricamente superiores.

En aquellos días, recibieron dos veces el título de Héroe de la RPDC el miembro del grupo de caza de aviones de 10 y tantos años de edad quien derribó más de 10 aviones enemigos con la ametralladora pesada, el soldado del grupo de asalto quien abrió el camino de avance cubriendo con su pecho la aspillera enemiga luego de destruir los 3 tanques enemigos y los exploradores quienes contribuyeron al triunfo de su unidad.

Durante los 3 años de la pasada contienda nacieron más de 600 héroes, de los cuales 5 se hicieron dos veces héroes de la República.

La coartada del fraude: cuando la derecha prepara la excusa antes de las elecciones

La coartada del fraude: cuando la derecha prepara la excusa antes de las elecciones

Hay un patrón que se repite una y otra vez en buena parte de la ultraderecha internacional. Un manual de instrucciones, una hoja de ruta perfectamente reconocible. Primero se cuestiona la legitimidad del adversario político. Después se pone en duda la limpieza de las instituciones. Más tarde se siembra la sospecha sobre los procesos electorales. Y finalmente, si llegan las urnas y el resultado no gusta, ya está preparada la excusa para no aceptar la derrota.

Lo hizo Donald Trump en Estados Unidos. Durante meses alimentó la teoría de que las elecciones podían ser fraudulentas, que existía un supuesto complot contra él y que el sistema estaba manipulado. El resultado fue conocido por todo el mundo: una parte de sus seguidores acabó asaltando el Capitolio en uno de los episodios más graves de la historia reciente de la democracia estadounidense.

Ahora vemos cómo ese mismo discurso, con matices locales, se reproduce también en el Estado español. Feijóo, Ayuso, Abascal y otros dirigentes de la derecha y la extrema derecha llevan tiempo cuestionando la legitimidad del Gobierno surgido de las urnas. No les basta con perder una votación parlamentaria o unas elecciones. Necesitan convencer a sus seguidores de que, si no gobiernan ellos, es porque existe algún tipo de trampa.

Por eso resulta especialmente grave escuchar cómo empiezan a insinuar que las próximas elecciones podrían no ser limpias o que podría existir algún tipo de tongo. Porque cuando alguien afirma eso sin pruebas no está atacando únicamente al Gobierno de turno. Está atacando la credibilidad de todo el sistema democrático. Está diciendo que las instituciones no funcionan, que los funcionarios no son imparciales, que las garantías electorales no existen y que la voluntad popular puede ser manipulada.

Es decir, están afirmando exactamente aquello que dicen combatir: que el sistema es corrupto.

La última ocurrencia consiste en señalar que la concesión de la nacionalidad a descendientes de emigrantes españoles sería una especie de operación electoral encubierta. Según esta teoría, permitir que nietos y nietas de quienes tuvieron que abandonar España por la guerra, la dictadura, la represión o el hambre puedan recuperar un vínculo jurídico con su país de origen sería una forma de fabricar votos para el Partido Socialista.

La afirmación resulta tan absurda como ofensiva.

En primer lugar, porque esos nuevos ciudadanos tienen exactamente el mismo derecho a votar que cualquier otro español. En segundo lugar, porque nadie puede saber qué opción política elegirá cada persona. Pensar que cientos de miles de ciudadanos votarán todos lo mismo no solo es falso, sino profundamente paternalista.

Pero además hay algo que hace todavía más llamativa esta polémica: muchos de los que hoy critican esta medida la defendieron durante años.

El Partido Popular votó a favor de iniciativas similares. Feijóo, cuando presidía la Xunta de Galicia, reivindicó en numerosas ocasiones la necesidad de reconocer los derechos de los descendientes de la emigración gallega. Durante sus viajes a Argentina y otros países con una importante comunidad gallega, habló de justicia histórica y de la importancia de mantener el vínculo con quienes tuvieron que marcharse.

Entonces era una medida justa. Ahora parece que es un fraude electoral.

La diferencia no está en la medida. La diferencia está en quién gobierna.

Y esa es precisamente una de las mayores muestras de hipocresía política que estamos viendo. Defender una cosa cuando te beneficia y atacar exactamente la misma cuando la impulsa tu adversario.

Pero todavía resulta más preocupante la campaña contra la regularización de personas migrantes.

Se está difundiendo deliberadamente la idea de que regularizar a trabajadores extranjeros equivale a crear nuevos votantes para la izquierda. Una mentira tan grande que se desmonta con una simple lectura de la legislación española.

La residencia no da derecho al voto en las elecciones generales. La residencia no es la nacionalidad. Una persona puede obtener permiso para vivir y trabajar legalmente en España y seguir sin tener derecho a participar en unas elecciones estatales.

Lo sabe cualquier persona mínimamente informada.

Regularizar a quien ya vive y trabaja aquí no significa fabricar votantes. Significa acabar con situaciones de explotación laboral. Significa que quienes ya están desempeñando trabajos esenciales puedan hacerlo con derechos, con contratos y con protección social. Significa combatir la economía sumergida y evitar que miles de personas sean utilizadas como mano de obra barata precisamente por carecer de documentación.

Por eso existe una contradicción evidente en ciertos discursos de la ultraderecha.

No parece que tengan un problema con la existencia de inmigrantes trabajando en España. Lo que parece molestarles es que esos trabajadores tengan derechos.

Porque un trabajador con papeles puede denunciar abusos. Puede exigir un salario digno. Puede cotizar. Puede acceder a protección laboral. Puede dejar de ser invisible.

Y eso perjudica a quienes se benefician de la precariedad y de la explotación.

La inmensa mayoría de la sociedad debería defender exactamente lo contrario. Que quien trabaja lo haga con derechos. Que quien contribuye pueda hacerlo legalmente. Que aumenten las cotizaciones que sostienen las pensiones públicas. Que existan más recursos para financiar la sanidad, la educación y los servicios públicos.

Eso no debilita al país. Lo fortalece.

Lo verdaderamente preocupante de todo este proceso es que la derecha y la extrema derecha parecen estar construyendo desde hoy el relato que utilizarán mañana si las urnas no les dan la razón. No preparan un programa mejor. No hacen autocrítica. No reflexionan sobre por qué una parte de la ciudadanía puede no confiar en ellos.

Preparan la excusa.

Y cuando una fuerza política empieza a desconfiar de la democracia antes incluso de que los ciudadanos voten, el problema ya no es electoral. El problema es democrático.

 

André Abeledo Fernández 

A coartada da fraude: cando a dereita prepara a escusa antes das eleccións

A coartada da fraude: cando a dereita prepara a escusa antes das eleccións

Hai un patrón que se repite unha e outra vez nunha parte da ultradereita internacional. Un manual de instrucións, unha folla de ruta perfectamente recoñecible. Primeiro ponse en cuestión a lexitimidade do adversario político. Despois cuestionase a limpeza das institucións. Máis tarde sementase a sospeita sobre os procesos electorais. E finalmente, se chegan as urnas e o resultado non gusta, xa queda preparada a escusa para non aceptar a derrota.

Fíxoo Donald Trump nos Estados Unidos. Durante meses alimentou a teoría de que as eleccións podían ser fraudulentas, que existía unha suposta conspiración contra el e que o sistema estaba manipulado. O resultado foi coñecido por todo o mundo: unha parte dos seus seguidores acabou asaltando o Capitolio nun dos episodios máis graves da historia recente da democracia estadounidense.

Agora vemos como ese mesmo discurso, con matices locais, se reproduce tamén no Estado español. Feijóo, Ayuso, Abascal e outros dirixentes da dereita e da extrema dereita levan tempo cuestionando a lexitimidade do Goberno saído das urnas. Non lles chega con perder unha votación parlamentaria ou unhas eleccións. Precisan convencer aos seus seguidores de que, se non gobernan eles, é porque existe algún tipo de fraude.

Por iso resulta especialmente grave escoitar como comezan a insinuar que as próximas eleccións poderían non ser limpas ou que podería existir algún tipo de tongo. Porque cando alguén afirma isto sen probas non está atacando só ao Goberno de quenda. Está atacando a credibilidade de todo o sistema democrático. Está dicindo que as institucións non funcionan, que os funcionarios non son imparciais, que as garantías electorais non existen e que a vontade popular pode ser manipulada.

É dicir, están afirmando exactamente aquilo que din combater: que o sistema é corrupto.

A última ocorrencia consiste en sinalar que a concesión da nacionalidade a descendentes de emigrantes españois sería unha especie de operación electoral encuberta. Segundo esta teoría, permitir que netos e netas de quen tivo que abandonar España pola guerra, a ditadura, a represión ou a fame poidan recuperar un vínculo xurídico co seu país de orixe sería unha forma de fabricar votos para o Partido Socialista.

A afirmación resulta tan absurda como ofensiva.

En primeiro lugar, porque esas novas persoas cidadás teñen exactamente o mesmo dereito a votar que calquera outro español. En segundo lugar, porque ninguén pode saber que opción política escollerá cada persoa. Pensar que centos de miles de cidadáns van votar todos o mesmo non só é falso, senón profundamente paternalista.

Pero ademais hai algo que fai aínda máis chamativa esta polémica: moitos dos que hoxe critican esta medida defendérona durante anos.

O Partido Popular votou a favor de iniciativas similares. Feijóo, cando presidía a Xunta de Galicia, reivindicou en numerosas ocasións a necesidade de recoñecer os dereitos dos descendentes da emigración galega. Durante as súas viaxes á Arxentina e a outros países cunha importante comunidade galega, falou de xustiza histórica e da importancia de manter o vínculo con quen tivo que marchar.

Daquela era unha medida xusta. Agora parece que é unha fraude electoral.

A diferenza non está na medida. A diferenza está en quen goberna.

E esa é precisamente unha das maiores mostras de hipocrisía política que estamos a ver. Defender unha cousa cando che beneficia e atacar exactamente a mesma cando a impulsa o teu adversario.

Pero aínda resulta máis preocupante a campaña contra a regularización de persoas migrantes.

Estase difundindo deliberadamente a idea de que regularizar traballadores estranxeiros equivale a crear novos votantes para a esquerda. Unha mentira tan grande que se desmonta cunha simple lectura da lexislación española.

A residencia non dá dereito ao voto nas eleccións xerais. A residencia non é a nacionalidade. Unha persoa pode obter permiso para vivir e traballar legalmente en España e seguir sen ter dereito a participar nunhas eleccións estatais.

Sábeo calquera persoa minimamente informada.

Regularizar a quen xa vive e traballa aquí non significa fabricar votantes. Significa acabar con situacións de explotación laboral. Significa que quen xa está a desempeñar traballos esenciais poida facelo con dereitos, con contratos e con protección social. Significa combater a economía somerxida e evitar que miles de persoas sexan utilizadas como man de obra barata precisamente por carecer de documentación.

Por iso existe unha contradición evidente nalgúns discursos da ultradereita.

Non semella que teñan un problema coa existencia de inmigrantes traballando en España. O que semella molestarlles é que esas persoas traballadoras teñan dereitos.

Porque un traballador con papeis pode denunciar abusos. Pode esixir un salario digno. Pode cotizar. Pode acceder a protección laboral. Pode deixar de ser invisible.

E iso prexudica a quen se beneficia da precariedade e da explotación.

A inmensa maioría da sociedade debería defender exactamente o contrario. Que quen traballa o faga con dereitos. Que quen contribúe poida facelo legalmente. Que aumenten as cotizacións que sosteñen as pensións públicas. Que existan máis recursos para financiar a sanidade, a educación e os servizos públicos.

Iso non debilita o país. Faino máis forte.

O verdadeiramente preocupante de todo este proceso é que a dereita e a extrema dereita parecen estar construíndo desde hoxe o relato que utilizarán mañá se as urnas non lles dan a razón. Non preparan un programa mellor. Non fan autocrítica. Non reflexionan sobre por que unha parte da cidadanía pode non confiar neles.

Preparan a escusa.

E cando unha forza política comeza a desconfiar da democracia antes mesmo de que os cidadáns voten, o problema xa non é electoral. O problema é democrático.

 

André Abeledo Fernández 

Xi subraya logros del Partido Comunista de China en 105 aniversario

Foto: cgtn.com

El secretario general de esta organización política señaló además que en las últimas décadas China completó un proceso de industrialización que a los países desarrollados les tomó cientos de años, y atribuyó este avance a la dirección del PCCh y al camino del socialismo con características chinas.

 

El mandatario subrayó que ese proceso permitió crear “dos milagros”: un rápido crecimiento económico y una estabilidad social de largo plazo.

Xi destacó que el Partido ha guiado al pueblo chino en las etapas de revolución, construcción, reforma y desarrollo de la nueva era, al tiempo que afirmó que el país continuará avanzando hacia el objetivo de construir integralmente un Estado socialista moderno.

Durante su intervención, el presidente recordó que hace 105 años nació el PCCh en medio del despertar del pueblo y la nación china, a partir de la integración del marxismo-leninismo con el movimiento obrero del país.

Xi indicó que desde su fundación el Partido asumió como misión buscar la felicidad del pueblo chino y la revitalización de la nación, y aseguró que durante más de un siglo ha logrado avances en distintos periodos históricos.

El jefe de Estado afirmó que el PCCh condujo al pueblo a través de una lucha para superar las condiciones de “imperialismo, feudalismo y capitalismo burocrático”, estableció la República Popular China y transformó las condiciones de vida de la población.

Según Xi, el pueblo chino pasó de una situación de insuficiencia de subsistencia a una prosperidad moderada general y posteriormente a una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos.

La ceremonia conmemoró la fundación del PCCh, establecido el 1 de julio de 1921, organización que actualmente cuenta con más de 101 millones de militantes y dirige el sistema político de China.

La fractura irreversible del blindaje diplomático de Israel

El deterioro diplomático al que se enfrenta Israel a mediados de este año no es ni una crisis de reputación pasajera ni una fase política temporal que se disipará una vez que callen las armas. Estamos presenciando un cambio estructural y permanente en el panorama político. Durante décadas, Tel Aviv operó bajo la premisa del apoyo diplomático incondicional de Occidente, las campañas agresivas de información y la desvinculación de la integración económica regional respecto a la cuestión palestina podrían protegerlo permanentemente de las consecuencias de la ocupación colonial y la agresión militar.

 

Esa protección se ha derrumbado. Las campañas de agresión genocida llevadas a cabo en toda la región —notablemente contra Gaza, Líbano, Cisjordania, Yemen e Irán— han dejado al descubierto las flagrantes limitaciones de la fuerza bruta como sustituto de una estrategia política a largo plazo.

Actualmente se está produciendo una reconfiguración fundamental en las capitales de todo el mundo. El régimen sionista se enfrenta ahora a un cerco provocado por sus propias acciones y es visto cada vez más por sus cómplices tradicionales como un lastre estratégico impredecible, en lugar de un activo indispensable.

El aliado relegado a un segundo plano

La campaña de agresión contra Irán, diseñada para asestar un golpe definitivo y demoledor en la región, ha acelerado, por el contrario, la marginación estratégica de Israel.

Tel Aviv entró en la guerra prometiendo a la opinión pública y a sus valedores occidentales una victoria total: un cambio de régimen inmediato en Teherán, la destrucción física de la infraestructura nuclear de Irán y la erradicación de su fuerza de misiles balísticos y drones. Ninguno de esos objetivos quiméricos se alcanzó. Es más, un artículo reciente del New York Times afirma que han sido abandonados durante las negociaciones de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán.

En lugar de moldear el panorama regional desde la Sala de Situación de la Casa Blanca, los israelíes se vieron obligados a reconstruir la información sobre el alto el fuego a través de interceptaciones de vigilancia y contactos diplomáticos de terceros.

El resultado marca la derrota estratégica definitiva de Netanyahu. El acuerdo preserva el enorme arsenal de misiles balísticos de Irán, impone aparentemente solo restricciones temporales a su programa de enriquecimiento nuclear y allana el camino para el descongelamiento de los activos iraníes en el extranjero, la flexibilización de las sanciones y la reintegración en la economía mundial.

La agresiva extralimitación de Tel Aviv dejó al descubierto su falta de influencia, reduciendo al régimen sionista a un espectador pasivo de un desenlace dictado en gran medida por los términos de Teherán.

Las matanzas en Gaza quedarán en la memoria colectiva del mundo

Después del ataque contra Gaza, el desplazamiento estratégico va acompañado de un colapso aún más absoluto de la legitimidad moral. Con una cifra conservadora de muertos que supera los 72.000 en Gaza, la realidad cotidiana de barrios arrasados, hambruna deliberada y hospitales en ruinas ha superado las barreras tradicionales de los medios occidentales para arraigarse directamente en la memoria colectiva del mundo.

El archivo visual en tiempo real ha acelerado un profundo cambio generacional, desacreditando políticamente el apoyo incondicional a Israel en muchos países occidentales.

Las consecuencias políticas han trascendido rápidamente la mera retórica. Una ola histórica de reconocimientos del Estado palestino ha permeado el discurso diplomático occidental dominante; Francia, Reino Unido, Canadá, Australia, Portugal y Bélgica han reconocido oficialmente al Estado de Palestina, despojando así a Tel Aviv de su veto histórico sobre la soberanía palestina.

Simultáneamente, se está desmantelando el marco jurídico que protegía al régimen. La emisión de órdenes de detención por parte del Tribunal Penal Internacional contra Benjamin Netanyahu, Yoav Gallant y otras figuras ha convertido a los altos dirigentes israelíes en fugitivos internacionales en más de cien Estados miembros, restringiendo legalmente sus desplazamientos por Europa, América Latina y África.

Al mismo tiempo, la demanda por genocidio presentada por Sudáfrica ante el Tribunal Internacional de Justicia ha sometido la identidad jurídica del Estado a un escrutinio judicial constante.

El lenguaje diplomático ha cambiado de forma permanente. Ahora se establecen comparaciones abiertas de Israel con regímenes históricos de apartheid, consolidando así un registro internacional de rendición de cuentas que ninguna campaña de propaganda puede borrar.

‘Somos los dueños de este país’

La reacción diplomática adversa ha hecho añicos las fronteras geográficas tradicionales en las que Israel se apoyaba para contener las repercusiones regionales. La represión contra la flotilla Sumud a finales de mayo ilustra a la perfección esta fricción sistémica más amplia. La brutal interceptación de más de 400 solidarios internacionales en aguas internacionales, seguida de torturas y abusos sistemáticos, ha provocado una indignación inmediata en Europa.

La crisis se convirtió en un desastre institucional cuando el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, publicó un vídeo en el que se le veía burlándose de los detenidos arrodillados y esposados, jactándose de que “somos los dueños de este país”.

Aunque los estrategas de comunicación israelíes se apresuraron a presentar a Ben-Gvir como un extremista marginal que no representaba la política del régimen, las capitales extranjeras rechazaron este argumento. Se trata de un ministro de alto rango nombrado por Netanyahu y responsable ante él. Sus acciones fueron interpretadas, acertadamente, como una expresión sin filtros de la cultura política del régimen sionista.

Meloni calificó las imágenes de intolerables, lo que provocó una convocatoria diplomática oficial y desencadenó debates parlamentarios sobre sanciones económicas. Esta presión interna reforzó una red creciente de embargos europeos de armas, que ahora incluye restricciones impuestas por Alemania, Italia, España y Países Bajos.

La ruptura diplomática en Asia Oriental resultó aún más llamativa. El presidente surcoreano, Lee Jae-Myung, emitió una reprimenda pública sin precedentes, describiendo la detención de ciudadanos surcoreanos como inhumana, extrema y totalmente inaceptable.

Durante una reunión del gabinete televisada, Lee se refirió explícitamente a las órdenes de detención del Tribunal Penal Internacional y calificó a Netanyahu de criminal de guerra.

Cuando una gran potencia industrial alineada con Estados Unidos —que tradicionalmente casi nunca interviene en los conflictos de Oriente Medio— adopta tal lenguaje, demuestra que los límites de la contención diplomática de Israel se han derrumbado por completo.

El hundimiento de los Acuerdos de Abraham

La premisa central de la diplomacia israelí moderna se basaba en la ilusión de que los Acuerdos de Abraham asegurarían la integración regional y, al mismo tiempo, marginarían permanentemente la causa palestina.

La guerra en Gaza ha hecho añicos esa fantasía. Bajo la presión de una intensa indignación pública interna, los gobiernos árabes se han visto obligados a dar marcha atrás, condicionando firmemente cualquier futura relación diplomática o económica a la creación explícita de un Estado palestino soberano.

Además, la campaña contra Irán ha demostrado que cuanto más se distancia un país de la región de una alianza con Israel, más estable y próspero permanece, tal como ilustran la vulnerabilidad de Emiratos Árabes Unidos.

Esta cuarentena diplomática va acompañada de un repliegue social más amplio. Más de mil universidades europeas han impuesto boicots académicos, las instituciones culturales han adoptado prohibiciones de gran alcance y los mecanismos de una “economía fortaleza” ya no logran proteger los mercados israelíes de la fuga de capitales y las interrupciones en la cadena de suministro.

Al depender exclusivamente de la matanza y la coerción militar, ignorando al mismo tiempo el cambiante clima internacional, los dirigentes israelíes han desmantelado sus propios cimientos geopolíticos.

El aislamiento resultante no puede resolverse mediante una estrategia de relaciones públicas revisada ni con una nueva oleada de coerción militar. El sistema estructural que antaño protegía a Tel Aviv de rendir cuentas ante el mundo se ha desvanecido, dejando al régimen sionista debilitado y profundamente dividido, expuesto a un orden internacional en transformación.

Garsha Vazirian https://www.tehrantimes.com/news/526753/The-irreversible-shattering-of-Israel-s-diplomatic-armor 25 mai 2026

Sudáfrica para los sudafricanos: cuando los oprimidos repiten el discurso de los opresores

Sudáfrica para los sudafricanos: cuando los oprimidos repiten el discurso de los opresores

Hay fenómenos políticos y sociales que merecen ser estudiados con atención porque revelan hasta qué punto la ignorancia, la desesperación y la manipulación pueden llevar a una sociedad a caminar contra sus propios intereses. Lo que está ocurriendo en Sudáfrica con el crecimiento de la xenofobia es uno de esos casos.

Resulta sorprendente escuchar en algunos barrios sudafricanos consignas que parecen sacadas de un mitin de la extrema derecha europea o estadounidense. Los argumentos son exactamente los mismos. «Los inmigrantes nos roban el trabajo». «Se aprovechan de nuestros servicios públicos». «Reciben ayudas que deberían ser para nosotros». «Sudáfrica para los sudafricanos».

Cambian los protagonistas, pero el discurso es idéntico.

Durante décadas, los pueblos africanos sufrieron el colonialismo, el racismo institucional y la explotación económica. Sudáfrica vivió el horror del apartheid, uno de los sistemas de segregación más crueles del siglo XX. Generaciones enteras lucharon para derribar un régimen que clasificaba a los seres humanos según el color de su piel. Miles de personas dieron su vida por la igualdad y la dignidad.

Y, sin embargo, hoy vemos a algunos de los descendientes de aquellas víctimas repetir los mismos mecanismos mentales que durante tanto tiempo fueron utilizados contra ellos.

La historia demuestra que la discriminación no depende del color de la piel, del sexo, de la religión o de la nacionalidad. Depende de una idea profundamente reaccionaria: la necesidad de encontrar un culpable débil al que responsabilizar de problemas que tienen causas mucho más complejas.

Es más fácil culpar al inmigrante pobre que señalar a las grandes corporaciones que explotan a los trabajadores. Es más cómodo acusar al extranjero que denunciar la corrupción política. Es más sencillo odiar al vecino que enfrentarse a quienes concentran la riqueza y el poder.

Por eso la xenofobia funciona igual en Johannesburgo, en París, en Madrid o en Washington.

El mecanismo es universal.

Cuando falta empleo, no se señala al empresario que precariza las condiciones laborales. Cuando los servicios públicos están deteriorados, no se analiza quién ha recortado presupuestos o quién se beneficia de las privatizaciones. Cuando la vivienda es inaccesible, no se habla de los fondos especulativos. Siempre aparece el mismo enemigo imaginario: el inmigrante pobre.

La paradoja es tan absurda que parece una caricatura de la realidad.

La mujer machista. El negro racista. El judío nazi. El gordofóbico con sobrepeso. El trabajador que vota contra los derechos laborales. El inquilino que defiende a los fondos buitre. El pensionista que apoya recortes en las pensiones.

El mundo al revés.

Pero no es una contradicción tan extraña como parece. Es el resultado de décadas de propaganda, de manipulación mediática y de una falta alarmante de conciencia de clase.

Porque la ignorancia no distingue colores, nacionalidades ni religiones. Puede encontrarse en cualquier lugar. Nadie está vacunado contra ella.

El racismo no deja de ser racismo porque lo practique una persona que también ha sufrido discriminación. La xenofobia no deja de ser xenofobia porque quien la ejerce pertenezca a un grupo históricamente oprimido. El odio sigue siendo odio, venga de donde venga.

Las élites económicas lo saben perfectamente. Mientras los trabajadores se enfrentan entre sí por su origen, por su lengua, por su religión o por su nacionalidad, nadie cuestiona la concentración de riqueza, la desigualdad creciente o la explotación laboral.

La división siempre beneficia a los de arriba.

Por eso resulta tan preocupante lo que ocurre en Sudáfrica. No solo por las agresiones contra inmigrantes africanos procedentes de otros países del continente, sino porque demuestra hasta qué punto los discursos reaccionarios pueden extenderse cuando las condiciones sociales se deterioran y cuando la educación política desaparece del debate público.

La respuesta a la pobreza no puede ser el odio. La respuesta al desempleo no puede ser la xenofobia. La respuesta a la desigualdad no puede ser perseguir a quienes sufren problemas similares.

Los trabajadores sudafricanos, los mozambiqueños, los zimbabuenses, los congoleños o los nigerianos tienen mucho más en común entre ellos que con quienes acumulan fortunas a costa de su trabajo.

La solidaridad siempre será más útil que el odio. La unidad siempre será más poderosa que la división.

La historia ya ha demostrado demasiadas veces lo que ocurre cuando los pueblos olvidan esta lección. Y también ha demostrado quiénes son los únicos que terminan ganando cuando los pobres son convencidos para luchar entre ellos.

 

André Abeledo Fernández 

Entregan medallas en China por 105 años del Partido Comunista

En el Gran Palacio del Pueblo, Xi otorgó la «Medalla del 1 de julio» a siete miembros del Partido a quienes se reconoció sus aportes al proceso de modernización, desarrollo del país y lucha contra la reducción de la pobreza, así como el trabajo dentro de la organización.

Asimismo, se reconoció el rol de decenas de trabajadores miembros del PCCh de todos los sectores de la sociedad.

El Partido Comunista de China informó que al cierre de 2025 contaba con 101 millones 286 mil militantes y 5 millones 431 mil organizaciones de base en todo el país.

Fundada en 1921, esta organización política transversaliza todas las transformaciones sociales, económicas, políticas, culturales y ambientales en China.

Suráfrica para os surafricanos: cando os oprimidos repiten o discurso dos opresores

Suráfrica para os surafricanos: cando os oprimidos repiten o discurso dos opresores

Hai fenómenos políticos e sociais que merecen ser estudados con atención porque revelan ata que punto a ignorancia, a desesperación e a manipulación poden levar unha sociedade a camiñar contra os seus propios intereses. O que está a acontecer en Suráfrica co crecemento da xenofobia é un deses casos.

Resulta sorprendente escoitar nalgúns barrios surafricanos consignas que parecen saídas dun mitin da extrema dereita europea ou estadounidense. Os argumentos son exactamente os mesmos. «Os inmigrantes róubannos o traballo». «Aproveítanse dos nosos servizos públicos». «Reciben axudas que deberían ser para nós». «Suráfrica para os surafricanos».

Cambian os protagonistas, pero o discurso é idéntico.

Durante décadas, os pobos africanos sufriron o colonialismo, o racismo institucional e a explotación económica. Suráfrica viviu o horror do apartheid, un dos sistemas de segregación máis crueis do século XX. Xeracións enteiras loitaron para derrubar un réxime que clasificaba os seres humanos segundo a cor da súa pel. Milleiros de persoas deron a súa vida pola igualdade e pola dignidade.

E, porén, hoxe vemos algúns dos descendentes daquelas vítimas repetir os mesmos mecanismos mentais que durante tanto tempo foron utilizados contra eles.

A historia demostra que a discriminación non depende da cor da pel, do sexo, da relixión ou da nacionalidade. Depende dunha idea profundamente reaccionaria: a necesidade de atopar un culpable débil ao que responsabilizar de problemas que teñen causas moito máis complexas.

É máis fácil culpar o inmigrante pobre que sinalar as grandes corporacións que explotan os traballadores. É máis cómodo acusar o estranxeiro que denunciar a corrupción política. É máis sinxelo odiar o veciño que enfrontarse a quen concentra a riqueza e o poder.

Por iso a xenofobia funciona igual en Johannesburgo, en París, en Madrid ou en Washington.

O mecanismo é universal.

Cando falta emprego, non se sinala o empresario que precariza as condicións laborais. Cando os servizos públicos están deteriorados, non se analiza quen recortou orzamentos ou quen se beneficia das privatizacións. Cando a vivenda é inaccesible, non se fala dos fondos especulativos. Sempre aparece o mesmo inimigo imaxinario: o inmigrante pobre.

A paradoxa é tan absurda que parece unha caricatura da realidade.

A muller machista. O negro racista. O xudeu nazi. O gordófobo con sobrepeso. O traballador que vota contra os dereitos laborais. O inquilino que defende os fondos voitre. O pensionista que apoia recortes nas pensións.

O mundo ao revés.

Pero non é unha contradición tan estraña como parece. É o resultado de décadas de propaganda, de manipulación mediática e dunha falta alarmante de conciencia de clase.

Porque a ignorancia non distingue cores, nacionalidades nin relixións. Pode atoparse en calquera lugar. Ninguén está vacinado contra ela.

O racismo non deixa de ser racismo porque o practique unha persoa que tamén sufriu discriminación. A xenofobia non deixa de ser xenofobia porque quen a exerce pertenza a un grupo historicamente oprimido. O odio segue sendo odio, veña de onde veña.

As elites económicas sábeno perfectamente. Mentres os traballadores se enfrontan entre si pola súa orixe, pola súa lingua, pola súa relixión ou pola súa nacionalidade, ninguén cuestiona a concentración da riqueza, a desigualdade crecente ou a explotación laboral.

A división sempre beneficia aos de arriba.

Por iso resulta tan preocupante o que acontece en Suráfrica. Non só polas agresións contra inmigrantes africanos procedentes doutros países do continente, senón porque demostra ata que punto os discursos reaccionarios poden estenderse cando as condicións sociais se deterioran e cando a educación política desaparece do debate público.

A resposta á pobreza non pode ser o odio. A resposta ao desemprego non pode ser a xenofobia. A resposta á desigualdade non pode ser perseguir a quen sofre problemas semellantes.

Os traballadores surafricanos, os mozambicanos, os zimbabuenses, os congoleses ou os nixerianos teñen moito máis en común entre eles que con quen acumula fortunas a costa do seu traballo.

A solidariedade sempre será máis útil ca o odio. A unidade sempre será máis poderosa ca a división.

A historia xa demostrou demasiadas veces o que acontece cando os pobos esquecen esta lección. E tamén demostrou quen son os únicos que terminan gañando cando os pobres son convencidos para loitar entre eles.

 

André Abeledo Fernández 

Rodrigo Paz convierte Bolivia en una dictadura

Juanlu González (biTs rojiverdes).— No han hecho falta ni seis meses para que su fachada democrática se derrumbe y revele la verdadera naturaleza del régimen. Rodrigo Paz no ha tardado ni medio año en poner al país en un estado de guerra abierto contra su propio pueblo. Lo que algunos ingenuos calificaron como una transición moderada, se ha destapado como la antesala de un fascismo criollo, ejecutado a la perfección por un mandatario que no gobierna, sino que actúa como el títere más sumiso del imperialismo yanqui.

Las políticas de shock neoliberal aplicadas por Paz han puesto al pueblo en pie de guerra. La reducción drástica de los subsidios a los hidrocarburos y la vergonzosa importación de «gasolina basura» —un combustible de ínfima calidad que ha terminado por averiar los motores de miles de vehículos, dejando en la cuneta el esfuerzo de trabajadores y transportistas— han sido solo el prólogo de una tragedia anunciada. A esto se suma una inflación galopante que devora los salarios, una escasez de alimentos que golpea las mesas de las familias y un empobrecimiento acelerado de las clases populares. Este deterioro brutal de la calidad de vida ha sacado a las calles a los sectores más combativos, a los que se han ido sumando, como un río imparable, cada vez más organizaciones sociales, sindicales e indígenas.

Era lo que se esperaba. La máscara del «centrismo» ha caído para revelar a un aliado incondicional de lo peor del continente. Paz se ha sumado al vergonzante «Escudo de las Américas» de Trump, sellando pactos de sumisión con la extrema derecha internacional, codeándose con Milei y Kast, y traicionando cobarde a su propia base electoral. Su desesperación por blindar el saqueo ha llegado al extremo de impedir la entrada a asociaciones de derechos humanos que venían a investigar qué estaba pasando realmente en el país. El régimen prefiere la opacidad de los cementerios a la luz de la verdad.

Para colmo, la pasada semana decretó el estado de excepción para anular los derechos de la población civil. No es una medida constitucional ordinaria, sino un estado verdaderamente duro, de excepción militarizada, que en otros países de nuestra sufrida América bien se podría llamar estado de sitio. Las fuerzas represivas tienen carta blanca para aplastar la dignidad insurgente.

El deterioro de su gobierno es ya irreversible, Paz es un cadáver político que camina, pero Trump y la oligarquía terrateniente no van a dejar que se vaya. Llegó al gobierno únicamente porque no dejaron presentarse a Evo Morales gracias, entre otros, al colaboracionismo traidor de Lucho Arce. Mediante montajes policiales y judiciales, orquestaron un golpe blando para cercenar la esperanza popular. Y aunque sus supuestas víctimas hayan declarado ante los tribunales que todo es falso, que las acusaciones fueron inventadas, los procesos continúan. La justicia burguesa actúa como el brazo armado del imperio porque saben que Evo podría ganar en cualquier momento que se convoquen unas elecciones libres.

Y es que la marcha de la economía con Evo fue un periodo brillante como jamás ha tenido la Bolivia reciente. De hecho, se le considera el mejor presidente del país con diferencia, el artífice de la dignidad indígena y la soberanía de los recursos. Por eso es tan peligroso para los amos del mundo. Paz va camino de acabar con el Estado Plurinacional de Bolivia. Su obsesión es privatizar las empresas públicas, entregar el litio y el gas, y acabar con los pequeños agricultores, cuyo exterminio fue precisamente el detonante de las actuales manifestaciones y bloqueos en los caminos. Con los créditos del FMI van a venir nuevos ajustes estructurales, con la receta de siempre: achicar el Estado, precarizar la vida y poner sus recursos naturales a disposición de las multinacionales americanas.

Para colmo, la maquinaria de propaganda oligárquica quiere criminalizar a Evo de todo para tapar su propia responsabilidad en las revueltas. Intentan pintar al líder histórico como el único culpable del caos que ellos mismos han provocado. Evo puede estar de acuerdo con la resistencia, pero permanece prácticamente encerrado y confinado en el Chapare para evitar su detención arbitraria. Desde luego no está dirigiendo cada bloqueo, pero para polarizar a la opinión pública y justificar la represión, les viene bien culparlo. Y si logran quitárselo de en medio, mejor para el imperio y peor para el pueblo. De hecho, los halcones del régimen están amenazando con asaltar por la fuerza El Chapare, dispuestos a bañar en sangre el trópico, aunque haya víctimas mortales entre los campesinos que defienden al único líder del campo popular.

EEUU necesita los recursos naturales de América Latina para poder seguir siendo el hegemón en un mundo que se le desmorona. No pueden permitir que un pueblo alzado, que recuerda lo que es la soberanía, constituya un ejemplo para el resto del continente.

Es cierto que, por momentos, han disminuido los bloqueos debido al agotamiento físico y la represión. Pero el periodo de excepción, establecido para varios meses, acabará pronto. Y en ese tiempo, este gobierno de traidores acometerá cambios estructurales que empeorarán aún más la economía, exprimiendo hasta la última gota al trabajador y al campesino. Por tanto, el nivel de las protestas subirá como la marea de un océano indignado. La calma tensa de hoy es solo la respiración antes del huracán. Que tiemblen los palacios, porque la historia no se detiene y esto no ha acabado, no ha hecho más que empezar.

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